💬 0

Vamos a forjar unidos un país inquebrantable

Setenta y dos horas después del paso del huracán María por Puerto Rico, el país encara un largo proceso de recuperación. Esto requiere, de todos, permitirle espacio al gobierno y aportar calma y disposición para tomar las acciones particulares que ayuden a aliviar las dificultades de familias y comunidades.

El gobernador Ricardo Rosselló ha sido proactivo en mantener abiertos los canales de comunicación de su administración para informar a los ciudadanos sobre la magnitud del desastre y sobre las fases de implantación de su plan de recuperación. También los alcaldes han sido incansables en procurar salvar vidas y atender a los damnificados.

El gobierno federal ha asignado, en principio, más de $36 millones para las tareas de limpieza y reconstrucción. La Junta de Supervisión Fiscal autorizó el uso de $1,000 millones para los mismos fines.

Las redes de telecomunicaciones y de distribución de energía eléctrica están colapsadas, literalmente en el suelo a través de toda la Isla. Hay múltiples vías y puentes intransitables. Brigadas de reparación trabajan sin descanso. Y hay 13,000 personas refugiadas en 158 centros. Muchos perdieron sus hogares.

La tarea es monumental. Puerto Rico fue embestido por un huracán de categoría 4, con vientos de 155 millas por hora. Así es que será un camino largo de recuperación gradual antes de que se normalice la cotidianidad. Lo dijo el administrador de la Agencia Federal de Manejo de Emergencias, Brock Long: “Esto va a ser un maratón”. Y como todo maratón, en vez de celeridad, lo que se requiere es resistencia. Para recorrer largos tramos, los maratonistas se someten a un intenso proceso de fortalecimiento físico y mental con disciplina y compromiso. Eso es lo que Puerto Rico necesita de todos ahora.

Resistir de la forma más cívica posible aliviará las tensiones propias y evitará convertirlas en más problemas colectivos. Sobre todo, nos permitirá salir de esta crisis fortalecidos y orgullosos de nosotros mismos por lo que somos capaces de lograr juntos. Cultivar en este momento esas semillas de solidaridad y paz que habitan en cada puertorriqueño, cosechará un país renacido y más compenetrado. Esa es la encrucijada que le presenta este momento oscuro que vive la Isla a cada uno de sus habitantes: gastar energías en ansiedades y desesperación porque no se cuenta con las comodidades habituales o hacer las paces con las leyes naturales y encontrar cómo y dónde somos más útiles en este momento.

En la oscuridad brillan más las pequeñas luces. Queda mucho por hacer en cada rincón del país. El gobierno no puede hacerlo todo. Corresponde a todos. Cada uno puede ayudar a que resurjamos de esta situación. No hacerlo, nos hunde más. El individualismo, el acaparamiento de reservas de agua y de recursos, la prisa y desconsideración en las carreteras, violentar leyes y normas, el uso indiscriminado del limitado servicio de telefonía celular, solo contribuyen a empeorar una experiencia queya es difícil

La mejor respuesta de lo que podemos aportar se refleja afuera. En el vecino que necesita compañía y ayuda. En la comunidad cubierta por escombros que necesita manos para limpiarla. Las respuestas se muestran en una actitud cooperadora cuando el gobierno pide despejar las carreteras para que las brigadas de recuperación aceleren sus tareas.

Muchos canalizan ya su compromiso con el país en forma de equipos espontáneos de ciudadanos que se lanzan a las calles a recoger escombros. Otros salen al vecindario para identificar las necesidades y ofrecer recursos. Algunos esperan en orden y con buen ánimo en las filas por suministros o coordinan esfuerzos para ayudar a los damnificados.

Después de todo, la ayuda llegará, los servicios se restablecerán y Puerto Rico se pondrá en pie de nuevo. Tenemos la posibilidad de hacerlo como un país mejor, con un tejido social revitalizado a la altura del reto. Démonos la oportunidad de empezar a crear desde ya ese país distinto, al que hemos aspirado. Un país solidario, maduro, inquebrantable.

💬Ver 0 comentarios