El transbordador se vio envuelto en una gigantesca bola de fuego, desintegrándose casi en su totalidad. (semisquare-x3)
El transbordador se vio envuelto en una gigantesca bola de fuego, desintegrándose casi en su totalidad. (EFE)

Cada 28 de enero la NASA recuerda los peligros a los que se enfrentan sus astronautas en cada misión espacial, ya que, precisamente, fue el 28 de enero de 1986 cuando ocurrió una de las peores tragedias de la agencia espacial.

Se trata de la explosión del transbordador Challenger, que estalló a solo 73 segundos de haber despegado frente a la costa de Florida, y ante la mirada de millones de personas que seguían el inicio de la misión desde la televisión.

El transbordador se vio envuelto en una gigantesca bola de fuego, desintegrándose casi en su totalidad.

La causa oficial fue un fallo en uno de los motores de impulso, y como consecuencia los siete tripulantes, seis astronautas de la NASA y Christa McAuliffe -primera maestra en viajar al espacio- murieron en el desastre.

McAuliffe fue seleccionada entre más de 11 mil postulantes a ser parte del proyecto de la agencia espacial de "Enseñar en el Espacio".

De acuerdo a investigaciones posteriores, hubo una alta responsabilidad en la toma de decisiones dentro de la NASA, ya que el informe mostró que los ingenieros no fueron escuchados cuando alertaron sobre potenciales problemas previo al despegue.

Este accidente fue el inicio del fin del programa de transbordadores espaciales en Estados Unidos, el cual terminó formalmente en 2011, después de tres décadas llevando astronautas hacia y desde la órbita terrestre baja.

Su cancelación dejó a Estados Unidos sin naves para los viajes espaciales tripulados, labor que se ha centrado en la nave rusa Soyuz, a la espera de las nuevas naves “Made in USA” de Space X y Boeing, que llegarán durante este año 2019.


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