Nota de archivo: este contenido fue publicado hace más de 90 días.

Area de muebles, ropa y accesorios del negocio.
Area de muebles, ropa y accesorios del negocio. ([email protected])

En algún momento ir de compras se limitó a la costumbre de visitar el centro comercial para recorrer los pasillos de las tiendas conocidas esperando encontrar los artículos en la lista de necesidades o los antojos que cautivaran la mirada.

Ya no es así. Las alternativas para conseguir ropa, artículos del hogar y accesorios han proliferado. En cierto modo, el nacimiento de nuevos modelos de negocio responde a la crisis económica que se nos vino encima hace unos años. Con poco dinero para invertir y una necesidad de darse a conocer, los comerciantes están recurriendo a espacios donde mostrar y vender sus productos con menos restricciones. Ejemplo de esto es el primer establecimiento que presentamos a continuación, Santurce POP.

Allí encontrarás una variedad de artículos, desde ropa a joyería y artículos de decoración, mayormente creada o diseñada en Puerto Rico. 

  Si lo que deseas es conseguir un ajuar de diseñador de segunda mano a una tercera parte del costo original, un juego de tazas vintage o piezas de joyería contemporánea creadas localmente, entonces puedes visitar Finders Keepers.

Con la temporada navideña ya cerca, puedes considerar visitar estas opciones para encontrar regalos originales sin necesariamente invertir mucho presupuesto, y a la vez apoyar a empresarios, diseñadores y artesanos del patio.

Santurce Pop

En la zona metropolitana muchos espacios comerciales están vacíos. Algunos grandes negocios que operaron durante décadas dejaron de existir sin que necesariamente haya nuevas alternativas para sustituirlos. Algunas personas han decidido hacer algo para salvar esos edificios de la desolación que apaga las calles y avenidas. Santurce POP es uno de ellos.

Ubicado en el antiguo local de Clubman, en la avenida Ponce de León, en Miramar, este espacio se ha convertido poco a poco en un pequeño y muy atractivo “mini mall” bajo el concepto de “pop -up shops”.

 Este modelo permite a artistas, pequeños empresarios y creativos tener un lugar donde exhibir y vender sus piezas o productos gracias a una renta muy accesible y con un contrato de alquiler flexible.

Así, gente que no cuenta con un presupuesto suficiente para abrir su propia tienda tiene la oportunidad de darse a conocer, empezar a generar ingresos y ahorrar para aventurarse a la posibilidad de aumentar el volumen de su negocio eventualmente.

 Carla López de Azúa y Fernando Gorrochategui, creadores de Santurce POP, abrieron en diciembre del año pasado con 15 participantes. Después de la época festiva hubo algunos ajustes. Hoy, transcurrido casi un año, 21 propuestas se despliegan a través de los dos niveles del negocio.

 Los visitantes a Santurce Pop pueden tomar café en Baraka Coffee Co., comer en los locales Melt o Bori Vegan y comprar de un inventario tan diverso que incluye joyería, bolsos, productos de aromaterapia, cojines, artículos para el cuidado masculino, collares para perros, ropa para bebés, ellas y ellos, y más.

“Reconocemos que como distrito de las artes que es, Santurce tiene una necesidad de espacios a bajo costo para las personas que están empezando a probar sus productos y ver si lo que hacen funciona”, explicó Gorrochategui.

 López de Azúa tenía una idea bastante clara de cómo satisfacer esa demanda, pues trabajó anteriormente ocupando edificios vacíos en los alrededores de un conocido complejo de vivienda en Santurce. Con este conocimiento, asumió la dirección del aspecto administrativo del negocio. Mientras, Gorrochategui, quien estudió arquitectura y diseño de interiores, se ocupa de la parte conceptual y estética. Incluso ha diseñado logos para algunos de los comerciantes del “pop- up”.

La pareja trabaja en colaboración con los comerciantes, a quienes escogen tomando en cuenta la calidad y particularidad de los artículos que ofrecen. 

“Evaluamos que el nivel de diseño sea apropiado”, indicó Gorrochategui.

Tan importante como la apariencia es que los productos tengan precios apropiados para la clientela que frecuenta la zona, usualmente personas de la clase trabajadora, pues no tendría sentido presentarles una oferta inaccesible. También toman en cuenta que el inventario disponible sea variado.

La renta en el establecimiento, que tiene un tercer nivel todavía en planes de desarrollo, es mensual. Si al comerciante no le funciona o no le gusta puede terminar su estadía al término del mismo. Otra opción es rentar el espacio por un tiempo todavía menor o durante un año.

“Nuestra misión es quedarnos chiquitos para los participantes para que se vayan a otro local más grande y habiten el área. Ya tuvimos a alguien que de aquí se mudó al Mall of San Juan y le va muy bien. Ese es el punto”, dijo López de Azúa.

Los empresarios, por su parte, también tienen el sueño de establecer otro negocio, una micro destilería de ron. Es una meta en pausa que esperan poder realizar en algún momento incluso en el mismo local donde hoy ayudan a otros a progresar.

Finders Keepers   

Es difícil saber hacia dónde enfocar la mirada cuando entras a Finders Keepers. Este espacio   alberga una enorme colección de objetos llamativos, nuevos y usados, que capturan el interés de quien anda en busca de algo único.

 Las hermanas Elaine y  Mirti Saldaña escogen el inventario entre los artículos que les llevan las personas que están reorganizando su hogar, en proceso de mudanza o renovando casas y armarios.

 “Nosotras nos pasábamos haciendo ‘flea markets’ cada cierto tiempo entre amigas. Cada vez iba más público y vimos la acogida que tiene este concepto”, explicó Mirti, quien es artista y hace años tuvo la tienda de artículos de decoración GOA, en el Viejo San Juan.

Elaine, por su parte, es abogada, CPA, corredora de bienes raíces y tiene un negocio de consultoría financiera. En Finders Keeepers, las dos se unieron por primera vez en una aventura empresarial que promueve el intercambio y la vida extendida de los objetos. Además, les ha permitido crear ocho empleos desde la apertura hace menos de un año.  

El local donde hoy ubica la tienda era una tienda de mahones que hoy tiene un aspecto totalmente distinto. Hay carteras, juegos de copas, vajillas, accesorios, zapatos, trajes y ropa de vestir o casual. Para hombres y niños la oferta es más reducida, pero con piezas de buena calidad. Por ejemplo, trajes formales que fueron utilizados quizás solo una vez.

 En cuanto a la mercancía para mujeres, hay para todos los gustos. Desde ropa casual a ajuares de diseñadores locales o  reconocidos internacionalmente.

“Aquí puedes encontrar desde una taza de un dólar a una vajilla alemana antigua alemana de $300. Tenemos muebles, lámparas, alfombras... piensa en lo que quieras y aquí lo hay”, indicó Mirti. 

 La mercancía se recibe por cita previa y debe estar en excelentes condiciones. Nada tiene que ser de marca reconocida, pero no se aceptan imitaciones de ninguna clase.  Las hermanas seleccionan lo que entienden tiene potencial de venderse durante un periodo no mayor a cuatro meses. A partir de ese término, si la mercancía no se vende, su dueño puede regresar a buscarla o se dona a una organización sin fines de lucro. 

Las ganancias se dividen en proporción de 60 por ciento para la tienda y 40 por ciento para quien la trae. En el caso de los muebles, las ganancias se dividen a la mitad.  

En la parte principal de la tienda hay un área para sentarse, al lado de una cocina rectangular donde se encuentra un pequeño café donde se ofrece un menú liviano y alternativas de almuerzo elaborada con ingredientes frescos, locales y mayormente orgánicos.

Sándwiches, sopas, ensaladas y platos tales como pollo con quínoa y vegetales o salmón y arroz jazmín o majado de viandas están entre las alternativas que pueden acompañarse con un jugo natural y un postre. 

 En un futuro, las hermanas contemplan ampliar la sección de jugos y tener una variedad de artículos para el bienestar, como aceites esenciales y velas.