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Sobre estas líneas, Alberto de Jesús, quien es parte de la Cooperativa de Porcicultores y tiene una finca de cerdas en Las Carolinas en Caguas. (Teresa Canino )

Hay quienes dicen que el destructivo huracán María fue uno de esos eventos atmosféricos que ocurren cada cierto tiempo para limpiar la naturaleza y renovarla de la contaminación que se ha acumulado a través de los años. En muchos aspectos, es otro el Puerto Rico después de María.

Tras la experiencia vivida, los consumidores ahora respaldan más los productos del agro local y muchos agricultores ansían regresar a la siembra, pero esta vez con una visión más empresarial y un interés genuino de colaboración. Aunque el huracán causó mucha destrucción en la agricultura, y hay quienes todavía no se recuperan del todo, hay deseos de trabajar las fincas, de crear negocios nuevos y de producir frutos que suplan la demanda local y sustituyan importaciones, según dijeron varios agroempresarios entrevistados por Negocios.

“Queremos rescatar la agricultura que se había dejado a un lado, pero que sea de innovación y de bienestar para los empleados. La agricultura no ocupa un lugar importante y queremos que gane ese espacio en la economía”, manifestó Johnny Saborío, gerente general de la empresa Campo Alegre en Barceloneta, la principal productora de piña fresca del país.

Hace cuatro o cinco décadas, Puerto Rico producía entre 40% y 50% de los alimentos que consumía. Sin embargo, ahora apenas genera una décima parte, según Héctor Iván Cordero, presidente de la Asociación de Agricultores de Puerto Rico (AAPR), quien aseguró que existe la capacidad para producir más y llegar al 60%, incluso alcanzar el 100% en algunos productos como el café y el melón de agua, entre otros.

Como ejemplo de la variedad de frutos que se producen en el país a escala comercial, mencionó a Barceloneta y Manatí con sus sembradíos de piña, el área sur con el mangó, en San Sebastián hay una veintena de cuerdas dedicadas a la parcha, en el área este se produce carne de res, leche en la zona norte, tomates y hortalizas en Santa Isabel, chinas en Las Marías, en Aguada se está sembrando ñame y tubérculos, guineos en Yauco, plátanos en Yabucoa y la zona este, huevos en Morovis, y café en la zona central. Hay cuerdas con melón de agua en Guánica y Salinas, ornamentales en Aibonito, Barranquitas y Arecibo, forraje en Hormigueros y Lajas, y en años recientes también se ha comenzado a sembrar cacao en diversos puntos del país.

Más sofisticación y variedad

“La producción agrícola se ha diversificado. A nivel comercial, hay nuevos productos y nuevas prácticas. El cacao es uno de ellos. Los hidropónicos, en particular las lechugas y las especias, han tenido también un desarrollo, y la piña que había desaparecido, ha resurgido en los últimos años”, sostuvo el presidente de la AAPR, quien opinó que el sector va en camino hacia la recuperación.

Cordero es consciente de los retos que enfrentan los agricultores, pero indicó que si se ve la producción agrícola como una empresa, y se corre como un negocio, habrá más oportunidades para echar hacia adelante. Añadió que ese cambio en mentalidad y en la forma de operar se ha comenzado a observar dentro de los últimos años en varios agricultores.

“Cualquier proyecto agrícola en Puerto Rico es viable si se siguen unos pasos y se cumplen con unos parámetros. Hay que maximizar la producción, descartar las prácticas agrícolas y las variedades no rentables, hay que mantener un control en los costos y establecer acuerdos con las cadenas de supermercados para evitar que en épocas de cosecha inunden el mercado con productos extranjeros”, dijo Cordero sobre los cambios que hay que hacer a nivel del agronegocio.

Señaló que la megacadena Walmart ha sido una de las empresas que más ha ayudado al agricultor a cambiar esa mentalidad en los pasados seis años, y les ha apoyado en mejorar la calidad del producto y de los empaques a través de la innovación. Explicó que antes el agricultor sembraba sus frutos y, una vez tenía la cosecha lista, entonces era que salía a venderla a los supermercados, restaurantes y demás comercios. El problema que enfrentaba era que los comercios -sobre todo los supermercados- muchas veces ya habían comprado la mercancía en el exterior y no querían la del agricultor local, o le ofrecían un precio muy por debajo al valor real de la mercancía.

Venta con estrategia

Con Walmart, el agricultor aprendió a producir un fruto con parámetros de calidad, a suplir en cantidades y fechas específicas, y antes de comenzar la siembra, ya ha negociado de antemano el precio al que le va a vender, dijo Cordero. Entre los productos del agro local que compra la megacadena están la piña, el mangó, el melón de agua sin semilla, hidropónicos, carne de cerdo, carne de res, huevos y leche. En estos últimos dos productos, le suplen bajo la marca privada de Walmart, que es Great Value, y también bajo la marca del agricultor.

La cadena Econo, a una escala menor, está apoyando también a los agricultores, en productos como tubérculos e hidropónicos, con el fin de establecer acuerdos para comprarle la producción. “Si el agricultor tiene la cosecha segura (porque consiguió un comprador), muchas de las ayudas gubernamentales no serían necesarias. La mayoría de los subsidios del gobierno son para subsanar las pérdidas del agricultor”, agregó el presidente de la AAPR.

Cordero ve grandes oportunidades para el sector del agro a través de la innovación, la inversión y la investigación. Con él concurrió, por separado, el gerente general de Campo Alegre en Barceloneta.

Reaparece la piña

Campo Alegre inició operaciones en agosto de 2016 en los terrenos donde estuvieron los sembradíos de piña Lotus hace dos o tres décadas. La inversión ronda los $6.4 millones y ya tiene 230 cuerdas sembradas, de un total de 600 que comprende la finca. Para el 2021, planifica llegar a las 450 cuerdas sembradas, que es el máximo que puede cultivar,pues las restantes son mogotes y áreas protegidas.

“Estamos reiniciando este proyecto agrícola, que no solo tiene potencial para la piña, sino también para otros frutos”, dijo Saborío, quien indicó que una de las metas es aumentar la producción local y sustituir 70% de la piña que llega del exterior. “Lograremos la sustitución de importaciones con tecnología de innovación. Campo Alegre compite a nivel técnico y tecnológico con cualquier país productor de piña, y nuestro rendimiento por hectárea es igual o superior al de los mejores productores”, aseveró.

Hasta finales de la década de 1990, había unas 2,000 cuerdas sembradas de piña en Manatí, Barceloneta y Vega Baja, que se utilizaban para la producción del jugo Lotus, recordó el presidente de la AAPR. La Autoridad de Tierras vendió la planta Lotus a Campofresco y esta la mudó a Santa Isabel, poco a poco entregó las tierras y eliminó por completo la siembra. Desde hace varios años, la empresa V. Suárez adquirió la marca y prepara el jugo con concentrado de piña importado.

A juicio de Cordero, haría falta sembrar 1,000 cuerdas de piña para volver a producir el jugo localmente. Por ahora, la producción de fruta ha resurgido en unas 300 cuerdas aproximadamente.

En Campo Alegre, la producción va creciendo, este año proyectan empacar 300,000 cajas. Para el 2020, la meta es llegar a 420,000 y en el 2021 alcanzar entre 550,000 y 600,000 cajas.

La agroempresa cosecha piña durante las 52 semanas del año. “Somos una compañía que siembra y cosecha todos los días, gracias al uso de la tecnología y de la programación”. La variedad de semilla que utiliza es un híbrido que se usa en los principales países exportadores, como Costa Rica, República Dominicana, Guatemala, Panamá y Honduras, y se adapta muy bien a los terrenos de Barceloneta.

La piña tarda 13 meses en dar cosecha. Una vez la fruta está lista, se recoge, se lava y se empaca en cajas, según el tamaño y el color. Ese mismo día que se recoge, se despacha a los clientes, entre ellos Econo, Walmart, Sam’s Club, Costco, Caribbean Produce, Distribuidora Naranjito y minoristas que llevan el producto a plazas de mercado, colmados, cafeterías y otros negocios.

La empresa genera 75 empleos directos, mayormente entre sembradores, recogedores, agrónomos y empacadores. De aquí a dos años, proyecta tener 150 y 200 empleados, o colaboradores agrícolas, como prefiere llamarles el gerente general. Actualmente, está reclutando, incluso personal sin experiencia, pues la compañía los adiestra para que se conviertan en expertos en “la cultura agrícola piñera”, según el ejecutivo.

“El reto mayor es desarrollar esa cultura agrícola entre los colaboradores, que sepan que las prácticas agrícolas en nuestra finca tienen que ser totalmente medibles para tener éxito. Eso aplica a los empaques, a fertilizantes, a la siembra porque se requiere ciencia, tecnología y controles para tener buena cosecha”, dijo Saborío.

Aseguró quePuerto Rico tiene las condiciones climáticas para producir varios de los productos que hoy importa, y entre los de mayor potencial mencionó mangó, ñame, yuca, yautía, melón de agua y aguacate, además de la piña. “Queremos que Puerto Rico vuelva a ser un país agrícola y que más contenedores salgan, no del muelle, sino de las fincas hacia los supermercados”, expresó.

Patrimonio gastronómico

Otro producto que empieza a generar mayor demanda es la carne de cerdo local. Aunque todavía la importada domina ampliamente el mercado, los porcicultores están esperanzados en que poco a poco irán ganando terreno. “El ‘boom’ en ventas esta Navidad fue el comienzo del auge que viene”, expresó entusiasmado Ángel Rodríguez, presidente de la Cooperativa de Porcicultores de Puerto Rico, al comentar que durante la época navideña se agotó toda la producción que tenían los socios de la Cooperativa, algo que no ocurría antes.

Se estima que en la isla hay unos 300 porcicultores, una cifra muy por debajo de los 800 que hubo hace 15 años. Para aguantar esa caída y levantar el sector surgió la Cooperativa de Porcicultores, un tiempo antes del huracán María. Su mercado son las lechoneras.

Puerto Rico apenas produce el 5% de la carne de cerdo que consume, el restante 95% es importada. Sin embargo, entre la década de 1980 y 1990 aquí se producía más del 30% del consumo, según Rodríguez.

La aspiración es volver a generar ese volumen de producción en un periodo de entre cinco a siete años. Por el ritmo que llevan las ventas hasta ahora, él estima que, al finalizar el presente año, la producción local llegará casi al 10%. “Hay un mundo para crecer”, reconoció y señaló que “después de María el puertorriqueño ha mostrado más orgullo por lo que se produce aquí”.

La Cooperativa ha desarrollado varias iniciativas para promover el consumo de carne de cerdo local en las lechoneras, que es el mercado al que se dirige la Cooperativa. Al momento, ya cuentan con 14 lechoneras certificadas, de un total de 72 que operan en el país.

Sin embargo, donde cifran sus mayores esperanzas es en la aprobación de un proyecto legislativo para que se designe al lechón asado boricua como patrimonio gastronómico de la cultura puertorriqueña. Cuentan con el endoso de la Compañía de Turismo y de la Asociación de Hoteles y Turismo de Puerto Rico.

La medida buscaría además que se declare a mayo como el mes del lechón asado. Rodríguez explicó que los meses de noviembre a enero son los de mayor demanda, luego las ventas se caen entre febrero y abril, tiempo que utilizan para volver a producir. Es a partir de mayo cuando están listos para impulsar la venta nuevamente.

La Cooperativa ha visitado además las escuelas culinarias para presentarle a los estudiantes la opción de que establezcan lechoneras al graduarse, dijo Rodríguez.

Procesadora de ñames y tubérculos

Con el pasode María, Jomar Ramos, propietario de la finca El Ñamero en Aguada y San Sebastián, perdió semillas y muchos productos. “Me llevó 10 años hacia atrás”, pero el destructivo huracán no le quitó los deseos de trabajar la tierra. El agricultor, quien empezó a sembrar plátanos a los 14 años, posee 160 cuerdas en Aguada y otras 93 en San Sebastián.

Comentó que antes de María, tenía en sus fincas variedades de ñames, yautía, yuca, plátano y batatas, entre otros frutos. Ahora, está sembrando 50 cuerdas de ñame habanero en el valle Coloso en Aguada, 25 de ñame florido, así como calabaza y pimiento, tiene además parchas germinando, las que sembrará entre uno o dos meses, así como también semillas de cacao. “La diferencia entre el llano y la loma es que en el llano se puede sembrar el doble”, dijo con optimismo Ramos, quien es conocido como El Ñamero.

Emplea a 15 trabajadores en sus fincas. En cuatro meses, establecerá una procesadora para empacar los productos al vacío en bolsas de dos libras bajo la marca El Ñamero, las que distribuirá a supermercados. Explicó que con la procesadora podrá suplir más producto local a los establecimientos durante todo el año. Y para el 2021 reiniciará la siembra de ñame y plátano en San Sebastián.

Los jóvenes también se han insertado en la agricultura, como es el caso de Luis Burés, graduado de Ingeniería Industrial y quien estudia una maestría en Recursos Humanos, mientras desarrolla su agroempresa Black Belt.

Burés inició Black Belt en febrero de 2017, convencido de que Puerto Rico puede producir más y no depender tanto de las importaciones. Su proyecto agrícola es de hidropónicos, donde produce lechuga del país Tropicana en una pollera abandonada en Coamo. Por ahora, opera al 25% de capacidad y su meta es llegar al 100% al finalizar el 2019. La producción la vende a 19 clientes, mayormente pequeños negocios de la zona.

El joven busca estandarizar los procesos de producción y experimenta con varios cultivos, con el objetivo de replicar dicho sistema en otros tantos ranchos vacíos que hay en la zona -solo en el barrio Palmarejo hay 21 polleras abandonadas- y contribuir así al desarrollo económico y a la creación de empleos. Además, desarrolla una aplicación para ayudar a los productores de hidropónicos en el manejo de sus cultivos.

El aromático café

Puerto Rico ha sido reconocido mundialmente por la calidad de su café, pero con el tiempo la producción ha mermado. Justo en el 2017 -el año de María- iba a tener una de las mejores cosechas es mucho tiempo, con 90,000 quintales, pero terminó con menos de 20,000, según Jorge Sanders, consultor agrícola.

Para las décadas de 1980 y 1990 -hasta el huracán Georges- en Puerto Rico había entre 10,000 y 12,000 caficultores, y se producían 280,000 quintales anuales, equivalente al 80% de la demanda local. Hoy apenas quedan entre 3,000 y 3,500 caficultores.

“María arrasó con el 85% de las plantaciones. Necesitamos árboles, de eso es lo que carecemos. La mano de obra es siempre un reto, aquí y en cualquier país caficultor, pero conseguir árboles es ahora nuestro mayor reto para comenzar a sembrar”, aseveró Iris Janet Rodríguez, presidenta del sector de café de la AAPR y de Productores de Café de Puerto Rico, Inc. (PROCAFE), entidad sin fines de lucro con 513 socios que busca apoyar a los caficultores.

La entrevistada indicó que los agricultores quieren sembrar y Procafe, en unión a otras entidades, les están repartiendo árboles, junto con abono y manual de siembra. Pero hace falta más. Lamentó que el gobierno no haya sido más proactivo en ayudar a levantar la industria después del huracán. Para volver a tener la misma cantidad de árboles que se perdieron con María, haría falta plantar 18 millones de árboles.

La meta es que, de ahora en adelante, las fincas sean más productivas, y que los caficultores adopten mejores prácticas de cultivo, para que, cada cuerda produzca entre 10 y 15 quintales, en vez de los tres y medio que generaba antes de María.

La líder de Procafe, así como el presidente de la AAPR están convencidos de que Puerto Rico puede llegar a producir el 100% de la demanda de café en una década. Para ello, será necesario sembrar más de 27 millones de árboles, renovar los semilleros y cambiar políticas públicas que limitan el desarrollo de la industria.

Leche fresca y derivados

Otro sector que lucha por mantenerse en pie es la industria lechera. “El único producto líquido que se produce en Puerto Rico con producto local es la leche, porque ya no se elaboran jugos ni néctares de frutas”, dijo Cordero, aunque indicó que hay una pequeña fábrica de jugo de china en Lares -Cítricos de la Montaña- que le vende a comedores escolares y que empaca también chinas mondadas en bolsas plásticas.

El consumo de leche fresca per cápita ha disminuido, por lo que parte del producto se destina ahora a otros usos, aunque con menor rendimiento, como queso, leche evaporada y hasta leche para exportación. Desde el año 2014 se exporta leche fresca a República Dominicana, la cual se envía pre-pasteurizada en el ferry. Allá, la elaboradora Rica termina el proceso de pasteurización y envase. Hoy Puerto Rico exporta casi dos millones de cuartillos mensuales a Quisqueya.

Cordero indicó que la tecnología y la adopción de mejores prácticas de cultivo impulsarán al sector agrícola. Por ello, está en búsqueda de tecnologías, como las usadas en Israel, que siendo un desierto supera las expectativas de producción y exportación agrícola, para incorporarlas a los distintos procesos de siembra comercial.

Insistió en que si todos trabajan unidos a lo largo de la cadena de suministros, los ingresos agrícolas no pararían de subir.


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