En la foto está Alexandria Ocasio, la candidata demócrata progresista. (horizontal-x3)
En la foto está Alexandria Ocasio, la candidata demócrata progresista.

Nueva York - Alexandria Ocasio Cortez caminó tanto durante su campaña por el distrito congresional 14 de Nueva York que esos zapatos se rompieron. Tocó puertas en el Bronx y en Queens y con ellos se movió hasta que el agua empezó a entrar por la suela desbaratada. La imagen de esos zapatos, que más tarde compartiría con sus sobre 646,000 seguidores de Twitter, simboliza parte del trayecto que hace poco más de una semana la llevó a ganar las primarias demócratas.

Todavía le cuesta creerlo. “Inmediatamente fue surreal. No es solo que ganamos, sino la manera en que lo hicimos con 57% del voto. Fue mucho más que lo que hubiese anticipado”, dice entre risas.

Desde antes de ganar -y, de pronto, volverse una estrella política en ascenso- la carrera de Ocasio, de 28 años, contra el influyente demócrata Joseph Crowley, de 56, volteó miradas por su tono y su énfasis en la clase trabajadora. Asimismo, se presentó como una candidata que rechaza el dinero de cabilderos y los súper PAC: “Por eso podemos escuchar más claramente a la gente y podemos hablar de sus necesidades con mayor honestidad”.

Ganó al lanzarse por primera vez y era la primera vez en 14 años que Crowley enfrentaba un reto. En las elecciones de noviembre, en su distrito demócrata se enfrentará al republicano Anthony Pappas y si resulta victoriosa se convertirá en la mujer congresista más joven electa al Congreso.

Nacida y criada en el Bronx, si gana, Ocasio se convertirá en la próxima congresista de origen puertorriqueño. “Yo nací en una familia puertorriqueña y Nuyorriqueña, y eso es una existencia política”, cuenta la hija de un empresario y una empleada doméstica.

Ahora que su recién adquirida fama empieza a calmarse, comenta que un profundo sentido de responsabilidad la llena. Es que su victoria muestra que el establishment ya no es tan invencible y que ese distrito tan hispano y diverso, ha adquirido una voz en pro de una vida más justa con mayores posibilidades.

Su victoria es, quizás, consecuencia de la necesidad de representación que tiene ese electorado diverso, y la retórica inflamatoria del gobierno de Donald Trump. El empuje que generó Bernie Sanders también es parte de su triunfo, pues fue organizadora voluntaria en el Sur del Bronx para la campaña presidencial del senador por Vermont.

“Esos son factores, pero nuestra comunidad no se había organizado por mucho tiempo. Cuando hay una comunidad ignorada, hay oportunidad para poder representarnos a nosotros mismos”, agrega.

El Medicare para todos, la vivienda asequible, abolir el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) y el apoyo a Puerto Rico son parte de las ideas esbozadas en suplataforma. Respecto a Puerto Rico condena a Promesa, pide una revisión de la Ley Jones, un Plan Marshall para la isla y la cancelación de la deuda.

Parte de su ilusión, dice, es continuar organizando personas por un cambio social. La isla donde pasaba veranos con los suyos y todavía tiene familia entre Arecibo y Utuado, es parte de eso. “Yo quiero hacer un town hall en Puerto Rico y tener sesiones de escucha. Eso creo que es una forma de regresar al espíritu de nuestra democracia”, plantea.

Ocasio se volvió política como efecto de su propia vida, reflexiona. En su familia, las conversaciones de política no faltaron desde temprano.

La conciencia de que tenemos un gobierno que tiene una responsabilidad respecto a nuestra vida la tuve desde pequeña. En la universidad empecé a leer no solo de política, sino de justicia, de Martin Luther King, de Howard Thurman, y por eso desarrollé una conciencia moral”, afirma quien se graduó de la Universidad de Boston con grados en Economía y Relaciones Internacionales.

Luego de su triunfo se han discutido ampliamente sus ideas progresistas y su identificación como “demócrata socialista”. Hace poco tuiteó que no está postulándose “desde la izquierda”, sino que lo hace “desde abajo” en nombre de la clase trabajadora.

El afán de ciertas personas de encasillarla como “muy de la izquierda”, señala Ocasio, “es un intento de quitarle poder a la elección”.

Apuesta a su comunidad

“Lo que hicimos en el Bronx y en Queens fue organizar a la gente. Eso es lo más importante”, destaca al considerar que su victoria fue, a su entender, producto de ese trabajo. “Yo escuché y abogué por mi comunidad. Si las personas quieren poner una etiqueta, that’s their business”.

En el restaurante donde conversamos, uno de los meseros fue a saludarla y a felicitarla. “Estamos contentos que haya ganado”, le dijo. Ella, que trabajó como mesera y bartender para apoyar a su familia tras la muerte en 2008 de su padre, le agradeció con su amplia sonrisa.

Unas semanas antes de las primarias del 26 de junio, El Nuevo Día entrevistó a Ocasio y al preguntarle sobre cómo se sentía en la recta final, comentó: “Me siento bien con mis probabilidades, pero independientemente del resultado, en el curso de esta campaña despertamos nuestra comunidad y de eso no hay marcha atrás”.

Días después, victoriosa, se afirma en el poder que late en la comunidad y con esa certeza fragua su imagen política. “Quiero ser una voz de la gente y quiero ser una defensora de la justicia económica, social y racial. Ese es mi centro”.


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