El Tribunal Superior Electoral de Brasil vetó la candidatura presidencial del exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva (semisquare-x3)
El Tribunal Superior Electoral de Brasil vetó la candidatura presidencial del exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva. (EFE)

Tras el veto que el Tribunal Superior Electoral (TSE) impuso a la candidatura del expresidente Luiz Inácio Lula da Silva, cada vez son más remotas las posibilidades de que este logre seguir adelante desde la cárcel en la carrera presidencial, por lo que el Partido de los Trabajadores (PT), su movimiento, ya está analizando los posibles escenarios y diseñando un plan B que tendría a su fórmula vicepresidencial, Fernando Haddad.

La noche del viernes, la justicia electoral, por una mayoría de seis votos contra uno, dejó fuera de carrera a Lula, con el argumento de que la ley conocida como ‘Ficha Limpia’, que paradógicamente fue sancionada por el propio Lula en el 2010 como presidente, impide que encare la que habría sido su sexta aspiración presidencial.

Esa legislación establece que toda persona con una condena ratificada en segunda instancia, como es el caso de Lula, que ha sido condenado a 12 años de prisión por corrupción pasiva y lavado de activos, se postule a cualquier cargo electivo, así tenga pendientes apelaciones.

El TSE prohibió realizar actos de campaña por Lula, ordenó retirar su nombre de las urnas electrónicas y dio plazo al PT hasta el 12 de septiembre para encontrarle un reemplazante. Así las cosas, a Lula y al PT les quedan dos caminos. El primero es rechazar el veredicto del tribunal electoral y seguir adelante en campaña, teniendo en cuenta que aún tiene dos recursos más, uno ante el tribunal de justicia y dos ante el Supremo. Esta vía tiene el riesgo de que si Lula llega a la votación como candidato, incluso si gana el 7 de octubre, sus votos pueden ser considerados nulos.

La otra vía es aceptar su derrota ante las cortes y delegar su capital político a Haddad, exministro de educación de Lula y de su sucesora, la destituida Dilma Rousseff, y coordinador programático de la campaña. 

El problema para Haddad es que como siempre ha estado a la sombra de Lula no es del todo conocido. Según una encuesta reciente, solo un 4% de los potenciales votantes de Lula le confiarían a Haddad su preferencia, y en caso de que él sea el candidato apenas tiene en el momento 10%-12% de las intenciones de voto, muy lejos del 39% que tiene Lula, que ganaría en primera y segunda vuelta, según las proyecciones.

Sin Lula en competencia, de acuerdo con las firmas de sondeos, la segunda vuelta la disputarían el derechista Jair Bolsonaro y Marina Silva, exministra del expresidente de izquierda.

Según analistas consultados, en Brasilia ya se da como un hecho que el candidato del PT será Haddad, y por lo tanto entiendenque la estrategia del partido es alargar el mayor tiempo posible la esperanza de que Lula pueda ser el candidato para luego cederle el testigo a Haddad, en momentos en que arranca la campaña por TV y se estrechan los plazos para que la candidatura de Haddad tome la altura necesaria.

La defensa de Lula se ha apoyado en una cautelar del Comité de Derechos Humanos de la ONUque pedía garantías para su participación en las elecciones, sobre la cual afirmó que “no es vinculante”. Aún así, los abogados del expresidente alegaron que esa decisión debe ser cumplida.


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