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Antonia tenía solo 21 años cuando recibió en su cabeza el disparo mortal a manos del policía. (Archivo / GFR Media)

Un día como hoy, hace 45 años, fue asesinada la joven universitaria Antonia Martínez Lagares, un trágico evento que envuelve la represión policial y la lucha estudiantil, temas que aún están latentes en Puerto Rico, dijeron entrevistados.

Antonia, quien era estudiante de Pedagogía de la Universidad de Puerto Rico (UPR), Recinto de Río Piedras, fue asesinada por un policía estatal que, al igual, que decenas de otros uniformados, llegó al campus y sus inmediaciones para hacer frente a las manifestaciones en contra del Cuerpo de Adiestramiento de Oficiales de la Reserva del Ejército de los Estados Unidos (ROTC, por sus siglas en inglés).

“En ese momento, la universidad era uno de los focos de resistencia más fuertes contra la represión de la Policía en Puerto Rico. Era un gran foco de resistencia contra la represión. Y Antonia, era una estudiante que increpó a un guardia con consecuencias fatales. Se volvió una víctima más de esa violencia de Estado que en Puerto Rico se expresó salvajemente durante la década del 70”, aseveró el historiador y catedrático, Pedro Reina.

Los estudiantes y profesores se oponían a la presencia del ROTC en el campus riopedrense. Desde la década de 1960 las confrontaciones en el recinto eran continuas entre estudiantes opuestos al cuerpo castrense y aquellos que formaban parte de este. Por ende, los arrestos, los disturbios, los estudiantes y los profesores sancionados eran la orden del día.  

Reina recordó que el contexto histórico explicaba mucho de la tensión y los disturbios que a diario se vivían en la UPR, recinto de Río Piedras.

“El telón de fondo de todo esto era la Guerra Vietnam y lo que representaba también el servicio militar obligatorio. Todo eso se vuelve la expresión del descontento por la represión general del país”, dijo.

El también profesor universitario, José “Ché” Paraliticci, precisó que la lucha contra el militarismo en la UPR era una vetusta y rebasaba posturas ideológicas.

“La militarización universitaria en Puerto Rico empezó en 1910. No era nuevo el RTOC. Se impone al final la década de 1910. Había grupos pacifistas, del Partido Popular y religiosos que no creían en la militarización. No tenían que ser necesariamente independentistas los que se oponían a que la universidad fuese militarizada. Creían que la universidad era un centro de estudio. Por eso, hubo tanto activismo, pero la voz cantante la llevó el independentismo”, sostuvo Paraliticci, quien es uno de los autores de la antología “Universidad y Antimilitarismo: historia, lucha y debates”.

Todo coaguló para que el 4 de marzo de 1970 hubiese otro motín en el recinto en el que se alega que estudiantes independentistas trataron de pegarle fuego a las instalaciones del ROTC, destacó Paraliticci.

Así las cosas, el presidente de la UPR en ese entonces, Jaime Benítez, ordenó la entrada de la Fuerza de Choque al convulso recinto.

Juan Fernández, quien en 1985 fue rector de la UPR recinto de Río Piedras, era para 1970 profesor de la escuela de Administración Pública en la facultad de Ciencias Sociales, que hoy lleva el nombre del exgobernador Roberto Sánchez Vilella.  

“Estuve allí. Estuve directamente involucrado. Era todo parte de un ambiente de agitación que había en la universidad en aquel momento. Cuando comenzaron los disturbios, salí de mi oficina a ver qué era lo que estaba ocurriendo. El ambiente era muy peligroso. Toda la Unidad de Operaciones Tácticas (de la Policía) estaba ya dentro del recinto. Los miembros de la facultad tratamos de mantener separación entre los estudiantes y la Policía, pero desafortunadamente no se tuvo éxito. Siempre hubo encuentros y la intensidad del conflicto fue aumentando hasta que se extendió fuera del recinto”, rememoró.

Como resultado del disturbio en la UPR, todo el casco ríopedrense, principalmente las avenidas Gándara y Ponce de León, fue ocupado por la Policía, contó Fernández.

Antonia se encontraba, en el balcón de su hospedaje, ubicado en la avenida Ponce de León. Desde allí, pudo observar que la Policía golpeaba a un estudiante y les increpó hasta gritarle "abusadores", relataron los entrevistados. Un oficial, cuya identidad se desconoce, desenfundó su arma y le disparó a Antonia alcanzándola en la cabeza, relató Fernández.

“Eso se supo bastante rápido (en el campus). Vinieron muchos más agentes, periodistas. El recuerdo que tengo es que se cerró el recinto”, contó. “Ese policía (responsable de la muerte de Antonia), quién fue, no se supo. No se juzgó”, destacó.

Antonia tenía solo 21 años cuando recibió en su cabeza el disparo mortal a manos del policía, recordó el también profesor Julio Muriente, quien para la década de 1970 era el presidente del Capítulo de la Federación de Estudiantes Pro Independencia (FUPI) de Arecibo.

Conocía a Antonia desde pequeña puesto que ambos eran compueblanos.  “Fuimos egresados de la escuela superior de Arecibo María Cabiya de Martínez, que ahora está cerrada. Al momento de su asesinato, Antonia era estudiante de cuarto año de Pedagogía. Se graduaba ese verano.  Ella provenía de una familia muy reconocida en Arecibo, una familia independentista.  Su muerte impactó mucho al Arecibo del año 70”, destacó Muriente con evidente lamento.

“Ay, ella era lindísima, simpática. Una muchacha cariñosa. El hecho de que fuera de la Isla, como dicen los sanjuaneros, la hacía de un temperamento sencillo.  Una joven de avanzada en términos académicos. Ella no era militante (de grupo alguno). Simplemente tenía la capacidad para indignarse. Sensibilidad”, agregó.  

Catalogó el ambiente en la UPR de Río Piedras como  de “creciente desasosiego”, lo que influía en el ánimo y la concienciación de los estudiantes. “Se suceden los enfrentamientos entre cadetes y universitarios. Y recordemos que en el 1969 se dio un hecho importante y es que por primera vez se procesa a un puertorriqueño por negarse a ingresar el Ejército. Fue Edwin Feliciano Grafals. Ya hay un clima de franca beligerancia. En ese contexto se produce la muerte de Antonia. La muerte de Antonia queda impune. (Pero) lo más importante es que no perdamos el sentido de olvidar”, apuntó. 


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