Anibelle Sloan

Punto de vista

Por Anibelle Sloan
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A ponerse en los zapatos de los cuentapropistas

Son ciudadanos de a pie. No trabajan en el gobierno, tampoco para un patrono privado. Son los que se llaman “los cuentapropistas”. Un grupo de personas que un día se aventuraron a abrir “su kiosko”, su propio negocio de ventas o servicios, arriesgándolo todo, confiando en sus habilidades y, por qué no decirlo, con los dedos cruzados, con temor, pero apostando a su empeño, con deseos de trabajar y contribuir a nuestro país. 

Ellos no reciben un cheque seguro los días 15 y 30. Tampoco tienen derecho a vacaciones, ni a enfermedad, ni a días feriados. Simplemente, si no trabajan, no cobran, porque decidieron estar “por su cuenta”. Como todo en la vida, ello tiene sus virtudes y sus defectos. Entre estos últimos, resulta evidente que el sobrevivir en momentos de emergencia es uno de ellos. La única forma de salir a flote es usando sus ahorros, pero sabemos que en Puerto Rico no existe una cultura de ahorro y muchos cuentapropistas ganan el dinero suficiente para cubrir sus cuentas de un mes, pero no les sobra para ahorrar. Cuando no pueden salir a trabajar, como en la situación actual en la que hay un toque de queda, se acaba toda fuente de ingresos. 

Esta cuarentena ya va para dos meses. Sabemos que el propósito es salvar vidas; también sabemos que, mientras tanto, los cuentapropistas ven cómo se reduce su bolsillo y se agotan sus ahorros. En este grupo hay mecánicos, ebanistas, artistas gráficos, fotógrafos, zapateros, dentistas, estilistas, entrenadores, artesanos, pescadores, actores, escritores, abogados, taquígrafos, tasadores, jardineros, comerciantes, entre otros. Muchos son jefes de familia, otros tienen que pagar pensiones alimentarias. 

Según el Departamento de Hacienda, en Puerto Rico hay 160,000 cuentapropistas, muchos de los cuales ahora están ahogados, a punto de no poder llevar el pan a su mesa, a menos que reciban el PUA (Pandemic Unemployment Asssitance). Lo que ocurre es que después de solicitarlo (lo cual no estuvo disponible sino hasta un mes y medio después de que inició el toque de queda), se tardarán de dos a tres semanas en avisar por correo si la persona es elegible o no, sin conocerse aún qué harán los que reciban una negativa. 

Los corazones de nuestra gente están apretados y no aguantarán mucho más. ¿Cuán difícil puede ser que la secretaria Briseida Torres y el secretario Francisco Parés se pongan en los zapatos de los miles de cuentapropistas a quienes en este momento se les va la vida?

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