Milagros Pérez Pietri

Perspectiva

Por Milagros Pérez Pietri
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Arrastrando maletas

Los puertorriqueños están saliendo de la Isla, entristece reconocer que se seguirán marchando pues falta la fe en que la patria cambie. Pasaron los años, la situación empeoró y el éxodo aumenta.

Se van jóvenes que han estudiado y no pueden trabajar en el área de su preparación, familias jóvenes que temen criar niños en un ambiente de hostilidad y parejas con hijos en escuela superior y universidad buscando mejor educación y seguridad para ellos. Muchos jóvenes han hecho sus maletas y marcharon. Se están quedando los viejos quienes tienen rutinas arraigadas y apego a su casa y vecindario.

Los viejos alientan a los jóvenes a irse pues el anhelo de su bienestar es más fuerte que el dolor de la soledad. No obstante, extrañan la ternura de los nietos y la seguridad que ofrece la cercanía de un hijo. Cuando se es viejo, no quedan muchos amigos y familiares contemporáneos, sólo queda la familia joven cercana y si estos no están, se siente desolación y aturdimiento.

Buscando recobrar energías y alegría, a los viejos no les queda otra alternativa que viajar para visitar hijos y nietos y disfrutar del entusiasmo y vitalidad que ofrece este encuentro. Abordando un avión tienen la confianza que recobrarán algo de la fuerza que la soledad les ha quitado y tratan de evitar el deterioro de su salud física y emocional. En cada vuelo que sale de Puerto Rico hacia Estados Unidos van padres y abuelos entusiasmados para rememorar momentos cuando toda la familia estaba cerca. Regresan con el rostro vigorizado y con la ilusión de preparar el próximo viaje al menor indicio de que se debilitan las fuerzas y el ánimo decae.

Una estampa cotidiana en el aeropuerto de Puerto Rico es ver a padres y abuelos arrastrando maletas para acercarse a sus hijos y nietos que se vieron obligados a dejar un país que desatendió las necesidades básicas de la juventud y de las familias jóvenes. El ir y venir de los viejos algún día terminará y al país le tocará la responsabilidad de cuidar de los viejos, ¿o será que se espera que también ellos se marchen y el país se quede con vecindarios desolados? Y entonces, ¿qué? ¿Cuál es el plan?

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