Hiram Sánchez Martínez

Tribuna Invitada

Por Hiram Sánchez Martínez
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Bernier no pudo con ‘la magia’

Supuse que el doctor Rosselló le ganaría al doctor Bernier basado en la simple aritmética de las encuestas publicadas. Porque, históricamente, ningún candidato con más de 5 puntos por debajo de su adversario se había sobrepuesto a una desventaja como ésa. Esta vez no había forma de hacerlo, ni siquiera porque el PPD se abstuvo de pedir “una sola cruz debajo de la pava”. Ni siquiera por la campaña expresa de Bernier para seducir el voto lugarista, cidrista e independentista con miras a formar un frente común o “nueva mayoría”. Una campaña —la de Bernier— que, dicho sea de paso, lució en las últimas semanas como la de un candidato independiente más, y un discurso alejado de los demás aspirantes de su partido.

El PPD y el PNP, que juntos habían logrado para el 2012 el 95% de los votos, ven reducida esa captación a alrededor de 81%. Este dato refleja la reducción que ha habido en el corazón del rollo de ambos partidos, que naturalmente ha afectado del peor modo al PPD. Por eso es que Bernier necesitaba los votos de los candidatos independientes, al menos la mitad de los de Lúgaro o los de Cidre. En una contienda en que el arraigo partidista del PPD era menor, los votos “prestados” que en otra época estaban disponibles para apostar por el triunfo, no lo estuvieron. La “magia” de Lúgaro, principalmente, los hizo suyos, y a Bernier se le hizo tarde para deshacer el hechizo.

El PPD es un partido ideológico. Al igual que al PNP, lo mueve el afán por adelantar una causa que lleve al establecimiento de una relación po"lítica concluyente con Estados Unidos. Por eso, las disputas que ha habido en el seno del PPD en los últimos tiempos sobre una nueva fórmula de relación política tendrán que dirimirse sin más posposiciones. Especialmente ahora que Estados Unidos ha hecho claro que Puerto Rico sigue siendo su colonia.

Por otro lado, el marcador final de la contienda electoral nos confirma lo que las encuestas insinuaban: que dos candidatos independientes serían capaces de hacer lo que no habían logrado en el pasado los terceros, cuartos y quintos partidos de exigua membresía. La metáfora que usó Silverio Pérez en su columna, lo describe al punto: “El bipartidismo, de mañana en adelante, será un árbol enfermo cuyas ramas poco a poco se irán cayendo”. La pregunta entonces es: ¿qué oferta electoral confeccionarán estos candidatos para el futuro? Sabemos que parte de “la magia” de Lúgaro y Cidre fue hacer campaña contra el partidismo, porque muchos electores se sentían desencantados con los partidos y con el deterioro moral de muchos de sus componentes y querían acabar con los mandatos intermitentes de cada cual.

Pero, del mismo modo, sabemos que la organización estructural de nuestro Gobierno descansa en los partidos políticos y que, mientras no haya una reforma constitucional, un gobernador sin una Asamblea Legislativa afín es un gobernador lisiado. Solamente la promoción de otras candidaturas independientes para Cámara y Senado con posibilidades de ser electas constituirían una amenaza real al bipartidismo legislativo. Y, de momento, eso no se vislumbra.

Finalmente, el PIP vuelve a quedar sin franquicia electoral. Su liderato debería hacer un alto en su peregrinaje electoral de cada cuatro años y pensar en nuevas formas de convergencia con el independentismo y las organizaciones patrióticas que no pertenecen al PIP.

El PIP debe preguntarse por qué dos desconocidos, de buenas a primeras, persuaden al 16% del electorado para que les apoyen en las urnas, mientras un partido, con la historia y la tradición del PIP, apenas supera el 2%. Cuando se decide participar en eventos electorales no plebiscitarios hay que hacerse este tipo de pregunta y buscar respuestas.

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