Bárbara I. Abadía-Rexach
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¿Bolsitas MRE con menú de Acción de Gracias?

Dos meses después del paso del huracán María, el territorio insular sigue siendo embestido con furia por múltiples huracanes humanos. La colonia ha sido violentada una y otra vez. A pesar de que se puede saber con exactitud cuándo un huracán afectará un territorio y es posible coordinar equipos de rescate y ayuda previo al evento, Puerto Rico estuvo en compás de espera por semanas para recibir la ayuda que el gobernador insistía estaba encaminada hacia la isla.

Sin embargo, los puertorriqueños continúan expresando con gratitud que, dentro de todo, están bien, que están vivos –tal vez sin leptospirosis, tétano, conjuntivitis ni experimentando el duelo por los seres queridos que han fallecido en el proceso-, que hay quienes están peores que ellos. Están bien con una deuda multimillonaria que no se ha auditado, y que aumenta cada día que el país agoniza en su bancarrota. Están bien con un nivel de desempleo elevado. Están bien a pesar de que sus familias se han separado geográficamente. Están bien con escuelas que aún no abren para educar a los niños. Están bien aunque la Policía arreste a los maestros que luchan porque abran las escuelas. Están bien mientras la corrupción sigue rampante. Están bien mientras siguen sin luz. Están bien mientras no hay garantías de que el agua que sale por sus plumas, si es que sale, es potable. Están bien aunque seguirán expuestos a los fenómenos atmosféricos, que se agudizarán por la falta de conciencia ambiental. Están bien porque se ha normalizado un estado de inestabilidad, de carencias y miseria.

El #PuertoRicoSeLevanta depende de que el imperio determine qué ayudas pueden llegar al país con la imposición centenaria del Acta Jones. Aún así, la solidaridad de la diáspora puertorriqueña, de universidades y organizaciones estadounidenses y de países a nivel internacional se ha desbordado. Tal vez, por eso, hace sentido que los puertorriqueños sigan diciendo que están bien, y agradeciendo que no están solos. No obstante, urge reclamar por los derechos inalienables y por el bienestar de tres millones de ciudadanos estadounidenses que habitan el archipiélago puertorriqueño. Es necesario replantearse ¿por qué es que hay que dar gracias?

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