Mari Mari Narvaéz

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Por Mari Mari Narvaéz
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Desobedecer

“Tiempo, lugar y manera”, nos hace la salvedad este licenciado con toda su disposición didáctica. Coherente por demás, decreto, y pretendo seguir con mis asuntos. Pero empiezo a imaginármelo años atrás, intentando memorizarse sus tres palabras en concordancia perfecta con los artículos (¿secciones, disposiciones, cláusulas?) correspondientes de La Constitución.

Tal vez sacará A en su curso de Derecho de no sé qué por allá en una facultad donde todos se hablan sobre estos misterios perfectos: Tiempo, lugar y manera. Todo muy correcto, sin duda, desde la legalidad misma. Si quiere protestar, proteste, nos dice el licenciado. Después que no moleste, interrumpa ni desafíe no debe haber problema.

“Sus derechos terminan donde empiezan los del otro”, escucho una y otra vez. Nunca sé bien a qué se refieren (¿No se supone que los derechos nacen con una? ¿Que no se nos pierden ni hay que andar ahorrándolos para que rindan?). Resulta que no es lo mismo hacer una protesta que hacer desobediencia civil. El fin de la desobediencia civil es, precisamente, desafiar alguna ley u ordenamiento. Por lo tanto, ¿cómo vamos a pretender interpretarlo con nociones legalistas? Que si “la línea fina entre derechos”, que si quédese en un perímetro tal y no afecte el derecho de nadie a respirar, a circular, a irse a dormir.

No se les pide que se unan a la lucha. Tampoco es cuestión de que no se impongan o defiendan sus intereses, desde los más nobles hasta los más ordinarios. Lo que no se puede es juzgar un acto de desobediencia como si fuera una protesta común. No es relevante interpretar aquí las líneas finas entre derechos porque nuestra vida no es un caucus de jueces del Supremo. Se trata de una protesta cuyo propósito es, precisamente, desafiar todas esas previsiones. Ahora bien. Así mismo, que quienes vayan a hacer desobediencia civil (método que apoyo y he practicado), sepan a lo que van y estén preparados para asumir esa gran responsabilidad y sus consecuencias. Dar cara por el país es un trabajo grandioso y el compromiso revolucionario es uno de los actos de amor más enaltecedores.

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