Sandra Fábregas Troche

Punto de Vista

Por Sandra Fábregas Troche
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Directrices anticipadas: herramienta de empoderamiento ante el virus

Mucho se ha hablado en las últimas semanas de las carencias e incertidumbres a todo nivel, pero especialmente en el sector de salud. Entre los desafíos que este sector enfrenta está la baja en empleados y profesionales de la salud, especialmente en los hospitales, con el fundamento de que no hay muchos pacientes llegando. Ante el aumento en los contagios y la inminente apertura de algunos servicios no esenciales, es preciso prestar atención a estas instituciones. 

Aunque hasta ahora no se ha provocado una crisis en las salas de intensivo, por ejemplo, que es el espacio que presenta la mayor preocupación en términos de todos los recursos que necesitan, esta podría sobrevenir si no tomamos medidas. Entre estas, proponemos la incorporación de las directrices anticipadas como parte del proceso de planificación de nuestros asuntos de salud. Esta herramienta, que lleva entre nosotros casi 20 años y con fuerza de ley, establece nuestras preferencias de tratamiento médico. ¿Qué pasaría si la necesitamos y no la tenemos? Si no existe la directriz y tampoco tenemos a nadie designado que pueda hablar por nosotros, se activará todo un protocolo que quizás no es lo que quisiéramos. 

Por definición, la directriz anticipada, conocida también como testamento vital, se refiere a un expediente de las preferencias de una persona en cuanto a su cuidado médico futuro. Estas, que toman muchas formas y maneras, varían en el nivel de especificidad. Algunas se enfocan en los valores globales de la persona y otras- en los tratamientos particulares como resucitación cardiopulmonar, ventilación mecánica, intubación, entre otros- en lo que desea o no desea la persona en situaciones particulares de impedimentos cognitivo o funcional.

Hay estudios que dicen que las personas que completan una directriz anticipada experimentan menos depresión y ansiedad y es poco probable que reciban tratamientos de soporte vital de forma fútil. Por ende, el familiar experimenta menos angustia cuando el paciente posee tan vital documento.

Este tema de planificar anticipadamente es tan importante que el pasado 16 de abril se celebró el National Healthcare Decisions Day en los 50 estados de Estados Unidos. Esta iniciativa pretende inspirar, educar y empoderar al público y a los proveedores sobre ello, especialmente en momentos en que no podamos tomar decisiones críticas de salud. 

Kate DeBartolo, directora “senior” del proyecto que dio pie a esta celebración, ha dicho que “ahora con el COVID-19 he visto muchas personas haciendo planes, porque sienten que no tienen control ante un virus tan impredecible”. DeBartolo recomienda que las personas preparen un bolso para llevarse al hospital (de ser el caso) que incluya, entre otros artículos más personales, copia de las directrices anticipadas y el nombre de contacto del encargado de tomar decisiones.

En los últimos 30 años se ha duplicado el número de personas que ha completado sus directrices anticipadas; sin embargo, se estima que una de cada tres personas no lo ha hecho. En Puerto Rico, sospechamos que son muchos más los que no cuentan con su directriz. El COVID-19 así lo demanda. 

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