Luis Vega Ramos

Punto de vista

Por Luis Vega Ramos
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El baquiné de la estadidad

La marcha del Movimiento Revolución Estadista atrajo una concurrencia entre decenas y varios cientos. En la cubierta a través de varios medios informativos, apenas vi cuatro banderas de Puerto Rico frente a decenas o cientos de banderas estadounidenses.

Uno hubiera pensado que hoy sería el día en que las masas estadistas harían lo que el resto del país hizo durante el histórico “Verano del ‘19” para hacerse sentir como una fuerza purificadora en su movimiento político. Que se “destetarían”.  Eso no pasó. No fueron muchos y los que fueron realmente no iniciaron una revolución contra el PNP.

El movimiento pro estadidad, el PNP que es el partido que la representa electoralmente, enfrentan una situación compleja. Teóricamente, son el movimiento político más grande de Puerto Rico (sí, lo son), pero a la vez son quienes tienen la menor credibilidad política. Su propensión a la corrupción a gran escala y su arrodillamiento colonial ante Trump y ante Promesa han apuntalado eso.

El pasado gobernador Ricardo Rosselló Nevares y la aún comisionada residente Jenniffer González, se han prestado para eso durante casi tres años. El último aleteo de Rosselló Nevares para “amenazar” a Trump con una cachetada, no fue más que el prólogo ridículo a su humillante y bochornoso colapso, producto de la corrupción y la soberbia.

Mr. Trump no nos odia. No nos la echemos. La verdad es que ni le importamos. Nos usa mezquinamente como un canto de carne roja para tirarle a su base electoral. Después de los “mejicanos” tras el muro y los que están “colaos” del otro lado (los “dreamers”), los boricuas somos la próxima carne de cañón que satisface el apetito de las turbas de Trump.

El mes de agosto fue aleccionador en torno al efecto Trump sobre la psiquis colectiva de Estados Unidos. Los odiantes francotiradores blancos hicieron literalmente su “agosto en agosto” con un saldo mortal inexplicable por métricas normales. ¿Por qué esos francotiradores matan aleatoriamente? Simple. Porque odian todo lo que no sea como ellos. Trump les dio permiso para ver el mundo así.

Ese es el legado de Trump y, los marchantes de hoy, aun creyendo adelantar la estadidad, no entienden que están aullando a la Luna. Puerto Rico no cabe en ese Estados Unidos. El Gobierno de Trump ni tan siquiera honra las obligaciones que tiene a través de la ciudadanía que inicialmente derramaron sobre nosotros en 1917 y que apuntalaron con unas enmiendas a la ley de inmigración y naturalización en 1952.

La gobernadora Wanda Vázquez va con Tomás Rivera Schatz y Johnny Méndez para Washington esta semana. ¿Irán a perder el tiempo con la pejiguera de la estadidad para Puerto Rico que nadie en DC quiere discutir? ¿Irán a reírle la gracia a Mr. Trump otra vez? Las alternativas son frustrantes. 

Ojalá, solo ojalá, fueran a condenar el discrimen con los fondos de recuperación. Ojalá fueran a condenar Promesa y a reclamar la eliminación de la Junta Fiscal. Ojalá, solo ojalá, fueran a pedir un proceso de descolonización entre opciones no territoriales para movernos adelante.

No lo harán. Por eso, las decenas o cientos que marcharon hoy, domingo, solo lograron darle un baquiné a la estadidad.

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