Pepo García

Punto de vista

Por Pepo García
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El dilema de los que no son “hijos talentosos”

¿Tienes hijos talentosos? Como muchos casos que conozco de amigos, este caso que relato está basado en hechos de la vida real. Esta joven tuvo que emigrar a New York enfrentándose a su primer verano en la Gran Manzana, una ciudad donde podía conocer uno que otro amigo de Puerto Rico, pero que vivían a media hora de distancia en el subway, como cerca.

Residiendo en Brooklyn tuvo que ajustarse a otras culturas, uno que otro discrimen, viajes diarios de ida y vuelta a la ciudad en cuatro trenes (dos de ida y dos de vuelta), con calores infernales y fríos polares. En plena adaptación, al alejarse de su familia y su entorno. 

Tuvo que moler vidrio y raspar el caldero en una exigente universidad para completar su maestría, estar preparada y poder entrar a competir en una liga donde el diploma de una buena institución universitaria es importante, pero debes poseer unos talentos y de ahí en adelante la métrica sigue siendo por mérito. 

Mientras la familia la apoyaba para que echara pa' lante, acaba de conseguir un excelente trabajo después de varias entrevistas para obtener la plaza, en una feroz competencia típica de una ciudad bien grande, donde nadie conoce a nadie y las palas son para sacar la nieve acumulada. Una ciudad que si no sabes lidiar con ella te arropa y te ahoga. No tiene conexiones en el gobierno ni en los partidos políticos de aquí o de allá. No dependió de influencias ni favoritismos aquí ni allá.

Tuvo que sudar la gota gorda en su primera experiencia profesional después de graduarse, lo que le sirvió de base para que consiguiera un trabajo que puede ser duradero y con expectativas de crecimiento profesional.

Y se queda en New York, lejos de su familia extendida, entre otras amistades y en algún momento futuro posiblemente formando otra familia. Esa es la otra emigración que se está dando. Con muy pocas oportunidades en la Isla se marchan a estudiar y se quedan por allá en el mundo laboral, convirtiéndose en nuevos integrantes de la diáspora. 

Ella decidió que aquí no había mucho que buscar y tenía razón. Salvo que hagas una reinvención como lo han hecho otros jóvenes, si no perteneces o tienes amigos en los dos ejércitos que se disputan la administración del gobierno cada cuatro años, no podrás ser de los hijos talentosos, cosa que no formaba ni forma parte de sus sueños.

Forman parte del contingente de jóvenes que se siguen marchando del país y que integran la segunda gran emigración de puertorriqueños, posiblemente la mayor de la historia. Como ella hay muchos que, contrario a nuestra generación, que regresó a la isla después de estudiar, ellos vendrán de picada y regresarán.

Son víctimas del desastre que les han dejado y no pueden aspirar a formar parte de la fuerza trabajadora en el gobierno porque no son hijos talentosos y no forman parte de una cultura de amiguismos, panismos, favoritismos y cuanta conexión haya dentro del ejército de turno que ganó la pasada elección. Una práctica tercermundista que, por un lado, fomenta la corrupción y, por el otro desalienta la confianza de los que podrían aspirar, por mérito, a quedarse en Puerto Rico y aportarle al país sus conocimientos desde sus espacios.

Han tenido que irse fuera del país. Buscar un buen trabajo en la empresa privada aquí es cuesta arriba por la situación económica y trabajar en el Gobierno de Puerto Rico para ellos no es una opción. 

Han tenido que desarrollar otros talentos, pero no por ser hijos talentosos.


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