Jorge Nieves Rivera

Tribuna Invitada

Por Jorge Nieves Rivera
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El manejo forestal en la historia de Puerto Rico

A principios de 1900, el gobierno estadounidense estableció una serie de medidas y políticas para el manejo forestal de Puerto Rico. Uno de los fines del manejo consistía en la reforestación de los bosques de mediana elevación. 

Luego de varias décadas de experimentación en diferentes estaciones agrícolas de silvicultura (siembra de árboles con fines madereros) y del impacto de huracanes tales como San Felipe en 1928 y San Ciprián en 1932, se estableció una política de reforestación para Puerto Rico. Un desembolso millonario, como parte de las políticas del Nuevo Trato del presidente Franklin D. Roosevelt a través de la Puerto Rico Reconstruction Administration (PRRA), permitió la compra de miles de cuerdas de terreno para uso forestal. El conocimiento científico de dasónomos y agrónomos, tanto estadounidenses como puertorriqueños, y los miles de brazos de campesinos puertorriqueños que fueron parte del Cuerpo Civil de Conservación (CCC), lograron la siembra de más de un millón de árboles entre 1940 a 1960. El objetivo de esa reforestación masiva fue proteger las cuencas hidrográficas y sembrar árboles con fines madereros. No obstante, el cambio de una economía agraria a una industrial, el surgimiento de nuevas políticas ambientales y la exportación de productos madereros de menor calidad, pero a bajo costo, impidieron el renacimiento de una industria maderera puertorriqueña en la segunda mitad del siglo XX. 

Pero es importante señalar que tanto el manejo forestal como la silvicultura no comenzaron en Borinquen a partir de 1900. Gracias al historiador cialeño Carlos Domínguez Cristóbal conocemos sobre los avances que realizaron los españoles respecto al manejo forestal. Desde principios del siglo XIX, la Corona estableció diferentes leyes que regulaban la corta y el desmonte indiscriminado de los bosques. Para mediados de ese mismo siglo, llegaron a la isla los primeros dos ingenieros forestales peninsulares. El objetivo era conocer el estado de los bosques pertenecientes a la Corona. Sin embargo, uno de los momentos de mayor avance se desarrolló en 1876, bajo el dominio de Alfonso XII. Su reinado concedió la mayor protección a los bosques y humedales locales, y declaró el bosque de las montañas de Luquillo (El Yunque) como una reserva natural, para proteger 24, 710 acres de terreno. Con esta medida se buscaba proteger las cuencas hidrográficas que en ella nacen y regular la producción maderera que había en la zona. El cumplimiento de esas ordenanzas estuvo a cargo de la Inspección de Montes de Puerto Rico, primer organismo oficial peninsular para el manejo de los recursos naturales.

Estos ingenieros de montes, al igual que otros científicos, tuvieron que trabajar y conocer sobre el manejo forestal que los habitantes prehispánicos dieron a nuestros bosques. Árboles nativos como el ausubo (Manilkara bidentata)y el guayacán (Guaiacum officinale) fueron algunos de los más utilizados por los colonizadores gracias a las enseñanzas de los nativos. Su utilización fue clave a la hora de conseguir materiales de construcción, tintas o resinas, y hasta para uso medicinal.

El manejo de los recursos se hace tan pertinente e indispensable hoy debido al cambio climático, la situación fiscal de la isla y el futuro político de la misma. Hoy más que nunca, debemos pensar que tipo de bosque le queremos dejar a las futuras generaciones, tal y como lo hicieron nuestros antepasados. De esta forma se honra el trabajo realizado por científicos tales como José Marrero y Frank Wadsworth. Aprovechemos esta coyuntura para construir el bosque del futuro, donde tanto la protección como la subsistencia tengan espacio de coexistir en beneficio de todas las especies que lo habitan.

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