Melissa Marzán Rodríguez

Tribuna Invitada

Por Melissa Marzán Rodríguez
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El número de muertes por María no es lo importante

A tres meses del huracán María, el asunto de las muertes relacionadas al evento es casi un tema que a diario se discute en la prensa del país. Es de interés público conocer cuáles fueron las causas y circunstancias del excedente en mortalidad para los meses de septiembre y octubre. Este excedente el Registro Demográfico lo confirmó en conferencia de prensa. Sin embargo, el manejo de este tema por las autoridades ha sido nefasto. La principal razón para ello es que no se evaluó la situación desde una perspectiva de salud pública.

La muerte es un evento a destiempo, decía una de mis profesoras, porque si bien es parte de nuestra historia natural de vida, muchos quisieran aplazar ese momento. Precisamente, por los procesos biopsicosociales que envuelve es un asunto que debe ser atendido con diligencia, responsabilidad y sensibilidad. Ninguna de esas características ha definido la respuesta de la administración sobre el tema. Más bien ha devaluado el proceso de la muerte con las implicaciones que esto conlleva.

Desde el inicio de la respuesta a la emergencia de María, se quiere conocer el número de las muertes. ¿Cuántas personas murieron? Aunque bien esto es un dato que debe ser documentado, el número no es lo importante. Para quien haya perdido un familiar o amigo, uno o mil no cambiará que el evento de María les tocó de cerca.  La prioridad debe ser conocer son los factores de riesgo que hacen a unas personas más vulnerables a morir que a otras. Para lograr identificar esos factores es necesario hacer un estudio epidemiológico que los identifique y los estime. Y no, no hace falta una epidemia para hacer un estudio epidemiológico como han planteado las autoridades.

La Organización Mundial de la Salud, los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC) e investigaciones científicas han documentado que debe ser una prioridad de salud pública el reducir la vulnerabilidad de las personas ante una emergencia. Obtener una alta calidad en los datos de mortalidad es medular para mejorar los planes de emergencia, mitigar daños y prevenir futuras muertes. Para cumplir estas recomendaciones es necesario datos transparentes y públicos. Ocultar información no una estrategia en la comunicación de riesgos.

Es deber del Estado generar datos científicos, a menos que pretenda tomar decisiones desde su opinión. Es la única manera responsable de generar evidencia y visibilizar el problema. En Puerto Rico hubo un desastre natural y dentro de esa situación la muerte es un evento esperado. Es inaceptable un Estado desvinculado con la generación de política pública basada en evidencia. 

Son muchas las lecciones aprendidas. Algunas de ellas nacen desde la fragilidad de nuestro propio sistema de salud. Otras por la falta de articular procedimientos administrativos que pudieron haber evitado la desorganización en la vigilancia epidemiológica para las muertes (como el haber creado una definición de caso de una muerte asociada al evento de María y circularla entre los médicos del país justo antes del evento). La culpa no puede ser huérfana ni tampoco responsabilizar al individuo (que para este tema son los médicos) de una acción que le correspondía al sistema. Es irresponsable minimizar el problema. El momento histórico nos exige ser creíbles y claros con la información que se brinda. Si bien es cierto que por falta de competencias se han cometido errores, es responsabilidad del Estado informar cuáles son las medidas que se están realizando para enmendarlos. Una mirada salubrista debe guiar el proceso de análisis más allá de una mera revisión del número de muertes asociadas al evento María.

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