Rafael Román Meléndez

Tribuna Invitada

Por Rafael Román Meléndez
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Escuelas abiertas, sinónimo de estabilidad

Nadie duda que Puerto Rico enfrentó su mayor desafío histórico en cien años con el paso del huracán María. Semanas después, hemos sido testigos de la voluntad enorme que tiene este pueblo para unirse y hacer lo necesario para levantarse.

Hay miles de héroes anónimos que han puesto su corazón y alma para ayudar en la reconstrucción. Uno de esos escenarios, donde hubo miles de héroes, sin posar en fotos y casi pasaron desapercibidos, fue las escuelas. Curiosamente no ocuparon ni titulares, ni primeras planas: empleados de comedores escolares, conserjes, asistentes, maestros, directores, padres, madres y estudiantes han dado cátedra de voluntad. Todavía hay quienes creen que los maestros regresaron a las escuelas esta semana. Desde el día uno de su regreso al escenario escolar fueron los maestros y directores quienes se hicieron responsables de acondicionar los planteles y hasta literalmente abrirles caminos y entradas. Se les hizo un llamado, acudieron y cumplieron.

Fue plausible la iniciativa del Departamento de Educación de a menos de dos semanas del paso del huracán María, abrir inicialmente 22 escuelas como centros comunitarios de servicios. Luego continuaron añadiéndose otras escuelas con el mismo fin. Miles de personas golpeadas por la tragedia se beneficiaron con el ofrecimiento servicios de apoyo psicosocial y de provisión de alimentos todos los días. El compromiso de los educadores de Puerto Rico con un sonoro entusiasmo y deseo de levantar el país y garantizar el derecho a la educación, a pesar del escenario difícil que enfrentan, tanto en lo personal como en sus ambientes de trabajo, ha quedado claro una vez más.

La nota discordante e incomprensible (aunque no del todo), ha sido la gestión en el proceso de la agencia constitucionalmente responsable de garantizar el derecho a la educación. Hay un ambiente extraordinario de compromiso y renovación de espíritu en la escuela pública que hay que aprovechar. Es el deber de todos apoyar y comprometernos. No puede haber contradicción entonces; el país cuenta con miles de educadores y administradores escolares que responsablemente jamás pondrían en riesgo la seguridad de sus estudiantes.

Sigue siendo la educación la clave y esperanza para levantar a Puerto Rico. Si teníamos retos en la educación pública ahora son mayores. Se ha acelerado la emigración, el reloj del tiempo ha avanzado y la agenda escolar tendrá que ajustarse. Sin embargo, en cada escuela hay voluntad y compromiso para echar adelante. Las escuelas abiertas son un síntoma de recuperación y estabilidad en el país. Una vez ocurra, ¡manos y mentes a la obra! ¡Sigamos construyendo la esperanza y forjando los sueños de cada estudiante!

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