Aníbal Muñoz Claudio

Tribuna Invitada

Por Aníbal Muñoz Claudio
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Estrellitas para los maestros

Comienza un nuevo curso escolar en Puerto Rico y, como de costumbre, toda la atención se enfoca en los recipientes del currículo (los estudiantes) y en los diseñadores del currículo (la administración).  Muy poca atención se le presta realmente a la parte más importante de esta ecuación educativa que son nuestros maestros, los que implantan el currículo con el sudor de sus frentes, día a día.

El mundo empresarial moderno ha reconceptualizado la relación entre empleado y cliente para consentir que trabajadores satisfechos y motivados generan clientes contentos. Ya paso de moda el viejo adagio que decía que el cliente siempre tenía la razón. Lo mismo se debe aplicar en nuestros sistemas educativos.

Por razones históricas, teóricas y de adoctrinamiento colectivo, hemos estado predispuestos a pensar que los estudiantes siempre son la pieza más importante en un sistema educativo. Nunca nos hemos planteados, reflexivamente, que los estudiantes como recipientes de un servicio educativo necesitan recibir no solo el producto (diseño curricular) sino que necesitan de empleados motivados (maestros) que le puedan ofrecer ese servicio.

Desde que el diseño curricular establece su filosofía y misión educativa, se espera alcanzar unas metas y objetivos con los estudiantes. Ahora bien, los responsables de ejecutar esa misión según trazada, los que van a brindar el servicio para que esas metas y objetivos se logren, son los maestros y el personal de apoyo. Los estudiantes están al otro lado de la ecuación, recibiendo el servicio. Ellos son los clientes.

La lógica de este planteamiento nos sugiere que si tenemos unos maestros y personal bien motivados, por ende, la implantación de un currículo tendrá muchas más posibilidades de cumplir exitosamente con las metas y expectativas bosquejadas por la administración. Así las cosas, en el Departamento de Educación de Puerto Rico nunca ha sido una prioridad para sus administraciones el procurar motivar adecuadamente a sus empleados, específicamente a sus maestros. Para el Departamento de Educación, el foco de atención y prioridades siempre han sido destinadas al estudiante.

Ante esa prelación de perspectivas del Departamento de Educación, la sociedad puertorriqueña, ensimismada en sus tormentos de crisis fiscales y el bochinche de cada hora, le ha dado la espalda a sus maestros. Muchos no pueden creer ni reconocer que todavía hay miles de maestros motivados a darlo todo por sus estudiantes y por ellos mismos sin depender de ninguna motivación del sistema. Esos maestros de motivación intrínseca existen hoy día en cada una de las escuelas del Departamento de Educación (y en las escuelas privadas también).

Y en realidad, es bien fácil reconocer a estos colegas que se motivan a sí mismos con resiliencia y resistencia de la buena y sin remuneración ninguna a cambio. Estos son los maestros que son líderes en sus escuelas y en su comunidad. Son maestros que transforman su ambiente con su profesionalismo, compromiso, creatividad, liderazgo y entusiasmo. Son los que procuran continuar estudios graduados y gestionan su propio desarrollo profesional. Son los que minimizan sus ausencias, los que presentan alternativas y sugerencias para los problemas de sus escuelas, los que trabajan la milla extra todos los días por sus estudiantes, los que arreglan y decoran su salón con su propio dinero, los que dirigen clubes y organizaciones estudiantiles, los que escriben propuestas y coordinan investigaciones, los que asisten a talleres y seminarios de educación continua y los que apoyan procesos administrativos conducentes al bien común de la comunidad escolar. Estos son los maestros que publican sus trabajos, pertenecen a comités escolares y a organizaciones profesionales de su materia, organizan actividades educativas y extra-curriculares, ayudan a sus colegas, trabajan en equipo, colaboran con los padres y demás personal de la escuela, se adaptan y sobreponen a los cambios constantes de política pública y reconcilian sus inquietudes con cordura y sabiduría. Son maestros que muchas veces se convierten maestros cooperadores y a su vez adiestran a sus futuros colegas. Son los que procuran planificar las mejores estrategias de enseñanza y se mantienen actualizados en su materia en todo momento. En fin, son los maestros que no permiten que las circunstancias los limiten sino que ellos superan sus circunstancias con motivación intrínseca.

Y lo más loable de todo es que estos maestros de resi (sten/lien) cia hacen todas esas cosas sin considerar las condiciones de infraestructura de la escuela, sin sopesar la falta de motivación de sus supervisores (directores escolares) o la de sus propios colegas, sin medir el poco apoyo o ninguno que reciben de los padres y mucho menos sin calcular el aprecio o reconocimiento que puedan recibir de sus propios estudiantes. Lo hacen sacrificando a sus familias, sin tantear el color del gobierno o el color del municipio. Lo hacen sin sopesar el liderato y popularidad de los Secretarios de Educación de turno, sin tasar la crítica mediática, sin temor a las posturas de sus afiliaciones a gremios profesionales, sin considerar la ausencia de apoyo comunitario y, por si fuera poco, lo hacen sin recibir ninguna retribución monetaria a cambio.

Un maestro motivado siempre motivará a sus estudiantes. Así es la ecuación.

De seguro, estos maestros cuando eran estudiantes se ganaron sus estrellitas. ¡Ahora, como educadores, se las han ganado doble y triple!

¡Dénselas!

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