Jorge Farinacci Fernós

Tribuna Invitada

Por Jorge Farinacci Fernós
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¿Existe la “clase media”?

En Puerto Rico muchas personas se identifican como “clase media”. ¿Qué quiere decir esto? Esto requiere analizar varios factores, entre ellos, qué es una “clase”, cuál es su diferencia con “posición económica”, y por qué decimos “media”.

Nuestra clase social no depende de cuánto dinero ganamos. A eso se refiere nuestra posición económica. Clase social se refiere a cómo interactuamos con los medios de producción. En cuanto a clases sociales, básicamente existen dueños y asalariados (reales y potenciales). Es decir, o poseemos estos medios directamente mediante titularidad privada o trabajamos para las personas que sí lo poseen a cambio de un salario.

Algunas personas son dueñas de sus propios establecimientos y contratan muchos, pocos o cero empleados. Pensemos en Walmart, la ferretería de la esquina o el plomero, respectivamente. Así, un dueño de un carrito de hotdog pertenece a una clase social superior (dueño) al vicepresidente de un banco (asalariado), aunque el segundo tendrá mejor posición económica.

Si bien hay ciertos asalariados que, por su relación económica y beneficios materiales, se identifican más con los dueños en vez de con otros asalariados de menor remuneración (como nuestro vicepresidente, quien posiblemente diga que es “clase media… alta”), lo cierto es que gran parte de las personas que dicen que son de clase media son, verdaderamente, clase trabajadora y asalariada.

Y es que a veces usamos “clase media” para distinguirnos de otros asalariados que posiblemente ganan menos que nosotros (posición económica) para sentirnos que no somos tan pudientes como los ricos, pero tampoco tan pobres como otros. Así, el concepto “clase media” pretende enfrentar y poner en competencia a los asalariados entre sí, destruyendo cualquier intento de solidaridad. La frase “clase media” fue un invento de los ricos para que los asalariados con mejor posición económica que otros trabajadores se quejaran más de estos en vez de cuestionar la opulencia de los ricos. Por eso nos quejamos más de las personas que viven en residenciales que los millonarios que no pagan contribuciones y cuyos empleados reciben salarios excesivamente bajos.

Ya seamos maestros con estudios universitarios, conserjes en una oficina, empleados de almacén o cajeros en un supermercado, todos somos asalariados. Independientemente de nuestra posición económica, lo cierto es que tenemos mucho en común y no debemos usar conceptos que nos dividen entre nosotros, compitiendo por las migajas que nos ofrecen los ricos, digo, la clase media… alta.

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