Daniel Nina

Punto de vista

Por Daniel Nina
💬 0

Fuera la política de la UPR

Soy parte de la Universidad de Puerto Rico (UPR). Mi condición contractual/laboral no define mi vínculo. La universidad pública es uno de los activos más importantes que tiene el país. La universidad, aunque parece un edificio repartido en 11 cuerdas separadas, es la principal productora de conocimiento del país. Cualquier tratamiento que se le quiera dar debe reconocer la contribución que la misma establece a partir de los estándares de calidad académica, producción intelectual, investigaciones y más que nada, acceso a una educación que, pese a todo, sigue siendo la más barata.

La universidad pública es en Puerto Rico parte de un conjunto de instituciones de educación superior, que incluyen a la UPR, así como al Conservatorio de Música de Puerto Rico, a la Escuela de Artes Plásticas y al Colegio Universitario de San Juan. A la educación superior pública debemos de sumarle las 11 escuelas libres de música que tiene el país, así como las 15 o más escuelas vocacionales. De una forma u otra hay sobre 70 mil personas que se benefician de los bienes públicos para acceder a una educación superior que les dé una vocación o una profesión con la cual se puedan sostener.  

La misión social y educativa se ve afectada por la politización de la educación superior en Puerto Rico. Como parte del tribalismo político, ahora se radican acusaciones mediáticas, criminales y administrativas, como una forma de descarrilar a personas de la más alta reputación que ejercen funciones de liderazgo en el sistema de educación superior de la UPR. Primero se destruye mediáticamente a la persona, y luego se le radican cargos administrativos o criminales. A esta práctica se le llama mundialmente lawfare. La misma trata de un nuevo tipo de carpeteo o persecución selectiva contra personas que por las razones que sean, no queremos tener en posiciones administrativas en la UPR.

Esto incluye hoy al profesor José Molinelli Freytes, a quien acusaron hace unos años de utilizar para uso personal las computadoras de la universidad. Luego vino la profesora Linda Colón, a quien acusaron de malversar fondos públicos cuando dirigía la oficina de Comunidades Especiales. Mas recientemente, se acusó tanto al expresidente de la UPR, Urayoán Walker, como al exrector de Río Piedras, Carlos Severino, del mal manejo de las llamadas becas presidenciales. Recientemente al exrector de Humacao Héctor Ríos Maury se le radicó un informe de auditoría financiera, sin lógica alguna, que forzó su renuncia, destrucción de su reputación, y no se le radicó cargo alguno.  Simplemente la intención era sacarlo del puesto.

La persecución o cacería política que ejercen las facciones en el poder político del país llega al punto de que tan pronto se remueve a un gobernador, como pasó en  el mes de julio en el país, una nueva facción política intenta controlar los destinos de la UPR y comienza el proceso de persecución y marginación de los funcionarios. Este es el caso de UPR Humacao, donde la nueva facción – aspirante al poder político - removió al rector Ríos Maury, y ahora desea restringir sus posibilidades de participar en los procesos de selección de rector para dicho recinto.

Es momento de plantearnos otra posibilidad; que la UPR deje de estar politizada. Es curioso que el candidato a gobernador por el Partido Independentista Puertorriqueño, Juan Dalmau, aludiera a lo mismo en su mensaje de aceptación de su nominación. Simplemente indicó que hay que despolitizar a la UPR, y convertirla en un lugar donde coexistan la diversidad de ideas. 

Hay que aspirar a una nueva forma de gobernar la UPR. Se debe promover en dicho proceso a una universidad pública que permita la diversidad y aglutine lo mejor del país para servir lo mejor al país. Apostemos a futuro. Apostemos. 

Otras columnas de Daniel Nina

💬Ver 0 comentarios