Pepo García

Punto de vista

Por Pepo García
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Johnny Rullán: el servidor público y el amigo

Nos conocimos tarde en nuestras vidas, en el 2014. Él fue a combatir una bacteria en el Centro Médico de Mayagüez, Ramón Emeterio Betances, y yo a trabajar con la crisis en la comunicación de la situación que allí estaba pasando. Ahí nació una amistad y también el inicio de muchas batallas que dimos juntos, teniendo como norte un mejor Puerto Rico, particularmente en el área de salud. 

Ese mismo año fue el portavoz de la Coalición para Atender la Crisis de Salud que culminó con una gran marcha en noviembre de 2015. Luego vino su lucha para que el gobierno fuera más proactivo contra la epidemia del zika y cuando creó la Primera Conferencia Hispana de Salud Pública (CHISPA), donde en una ocasión -almorzando una serenata, como solíamos hacer periódicamente- le comenté el problema de la obesidad y la diabetes y cómo desencadenaba otras enfermedades crónicas. ¿No crees que esta sea la peor epidemia que estamos atravesando ahora mismo?, le cuestioné, sugiriéndole que le podíamos poner de nombre a esa charla “La epidemia silenciosa”.

Al otro día me llamó y me dijo que la charla no iba, que íbamos a hacer un panel de una tarde completa sobre el tema y que necesitaba que yo fuera el moderador. ¿Cómo?, le cuestioné sorprendido. Recuerdo que le dije que yo no estaba preparado para hablarle a 300 y pico de médicos y científicos sobre ese tema en un auditorio y me respondió que yo podía hacerlo. Y así lo hice.

Así fueron transcurriendo seis años de amistad, pero ambos sentíamos que nos habíamos conocido toda la vida. El “çlick” que hicimos fue tan grande que no recuerdo una discrepancia medular. Y lo que más admiraba de él en todo momento era su preocupación por un mejor Puerto Rico y un sistema de salud dirigido a la prevención. Se mantuvo envuelto en batallas en las que no había remuneración económica, pero sí un gran sentido de compromiso y de amor a la patria.

Como amigo era igual. Aunque me había felicitado el día antes de mi cumpleaños, estando en radioterapia (por la hora en que me envió el mensaje), me escribió: “¿cómo estuvo tu cumpleaños? Pensé mucho en ti y todas las bendiciones de Dios”. Le contesté lo siguiente: “te cuento en la tarde porque te vas a reír mucho”. Y efectivamente, en la tarde le conté todas las peripecias de mi cumpleaños. María, su inseparable esposa, y todos los demás en el cuarto reímos hasta más no poder. 

Ese era el amigo.

En un momento en que el país sufre una crisis en todos sus órdenes, incluyendo el servicio público, trascendió a otra dimensión uno de los que dio cátedra de lo que es entregarse en alma, vida y corazón a un pueblo.  

En medio de toda esta crisis de valores que se manifiesta de manera negativa en el servicio público, el ejemplo de Johnny debe trascender. La manera en que afrontó su enfermedad fue, sencillamente, admirable. Todos los días que lo iba a visitar, cuando salía de la habitación, más lo admiraba. Verlo cómo enfrentaba el peor momento de su vida fue sencillamente una lección que no tiene comparación. 


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