Félix Jiménez

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Por Félix Jiménez
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Jugando cartas

Las cartas parecen estar ajadas, manoseadas, manchadas quizás por las lágrimas de los que perdieron una vez apostando a sus deseos e insaciabilidades en un juego peligroso. Tratando de agenciarse la victoria, de curarse el alma.

Y es un juego que no es juego, pero domina voluntades porque es eterno. Es eterno y ya comienza su nueva temporada.

La política para algunos se toca con el alma y se compone con versiones del presente que duele, el futuro que se ansía, el pasado que se extraña. Mal entendida, es una narrativa de comparaciones, metáforas, investigaciones, arrestos, chismes, palabras huecas, mentiras.

Los jugadores no cambian mucho de temporada a temporada, y si algo se les exige logran casi siempre ignorarlo, evadirse.

Los espectadores, por más que digan, nunca están preparados para pedir ni para recibir lo que se les promete.

Se pide juventud, y luego se descarta. Se pide experiencia, y luego se descarta. Se pide madurez, y luego ya ni importa. Se pide algo nuevo desde el conformismo de lo conocido. Las indecisiones llegan hasta el día del voto final que compromete el futuro.

Este periodo preeleccionario largo y tortuoso se sumerge en las tempestades que nunca ha podido zanjar. La isla, bien considerada, nunca ha estado bien considerada. Nunca ha sido la estrella de su bandera ni una estrella en otra bandera.

El cuerpo pensante y sensible de la isla es lo que se necesita todo el tiempo y cada cuatro años. ¿Dónde está, cuándo llega, por dónde sale, quiénes lo tienen, quiénes lo quieren? ¿Queda algo de él?

Los juegos que todos hemos jugado, y ese “deporte nacional” mal denominado, solo han dejado disgustos y decepciones, y de vez en cuando alguna victoria pírrica lograda en el casino de la vida. No nos ha hecho profesionales de ese deporte falaz. No nos ha hecho más efectivos. Quizás solo nos ha entretenido con su espectáculo.

Pero el cuerpo de la isla está ahí, como siempre y como cada cuatro años.

Solo hay que saberlo y sentirlo. El cuerpo hay que respirarlo y suspirarlo.


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