Daniel García López

Tribuna Invitada

Por Daniel García López
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La ciudadanía intersex

Maniatada a los barrotes de la cama de un hospital contra su voluntad. Pies y manos formando una X y solo su boca, entreabierta por la medicación, amenaza con un grito. Amenaza que no es capaz de arrancar ni un suspiro. Está vacía. La han dejado vacía. La tarde anterior la durmieron llorando. A la mañana se ha despertado así: maniatada a los barrotes de la cama de un hospital y su bajo vientre cosido. Ya no hay nada. Ni siquiera el dolor físico puede ocultar el recuerdo. Su cuerpo ya no es su cuerpo. Su cuerpo es un trozo de carne cosido y repleto de heridas. Su cuerpo ya no es su cuerpo. Su cuerpo ahora es de otros, de los que decidieron que sus genitales no poseían la forma y el tamaño adecuados, que no cumplían con la “norma”. La sangre se enreda en cada una de sus palabras porque los bisturís, de punta a punta de su garganta, hablaron.

No se trata de una tortura ejecutada sobre una persona disidente en un régimen dictatorial. Estamos hablando de la España constitucional. Estamos hablando de un hospital público. Estamos hablando de una persona de tan solo doce años. Cuando entró en aquel quirófano, sus derechos fundamentales fueron suspendidos. Ni derecho a la integridad física, ni derecho al libre desarrollo de la personalidad, ni derechos sexuales y reproductivos, ni dignidad. Los derechos que nos garantizan una vida vivible quedaron a las puertas de aquella sala. En su interior reinaba la anomia, el vacío, el (bio)estado de excepción que ha devenido regla.

Lo que podría pensarse como un caso singular, lamentablemente es una realidad cotidiana. Se trata de una violencia normalizada y sistémica: atada a una cama de un hospital y mutilada por ser una persona intersexual. Este es el delito de su cuerpo. Y ante el delito, el Estado castiga. Un Estado que se dice democrático y defensor de los Derechos Humanos y que, sin embargo, ejecuta mutilaciones sobre aquellas corporalidades disidentes, sobre la ciudadanía intersex. El Estado español mutilada cada año a alrededor de 50 bebés intersex.

Si bien es cierto que muchos Estados occidentales están realizando reformas legislativas enfocadas en la población LGTBI en materia del derecho a contraer matrimonio o tipificar los delitos de odio, se trata de meras reformas que no van al núcleo de la violencia: porque el Estado, también el español (recientemente Naciones Unidas ha reprobado a España por la violación de los derechos de los menores intersex), tiene las manos manchadas de sangre.

Es hora de comenzar a desvelar las violencias sistémicas sobre la ciudadanía intersex, de recuperar la memoria histórica, de hacer justicia y de reparar los daños. Y obviamente este principio, verdad, justicia y reparación, es incómodo. Porque venimos del horror, vamos a la justicia (lema de “Justicia Intersex”). La lucha de las personas intersex también nos devela otra forma de estar-en-común: ya no es el sujeto individual que porta la propiedad ciudadanía, sino la comunidad de cuidados, del cuidado de sí y de los otros, un arte de la existencia, una cuidadanía.

El autor se desempeña en la Universidad de Granada, España, como profesor de Filosofía del Derecho en la Universidad de Granada. Es autor de los libros “Organicismo silente” (2013), “Sobre el derecho de los hermafroditas” (2015) y “Rara avis. Una teoría queer-impolítica” (2016). Es ponente en el VII Congreso “¿Del otro la’o”? Perspectivas y debates sobre lo cuir” que se celebra del 6 al 8 de marzo en Mayagüez.

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