Eileen Carrión Rexach

Tribuna Invitada

Por Eileen Carrión Rexach
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La estatua de la libertad

“¡Guardaos, tierras antiguas vuestra pompa legendaria!, exclama ella. Dadme a vuestros rendidos, a vuestros desdichados, a vuestras hacinadas muchedumbres que anhelan respirar en libertad. Enviadme a estos, los desamparados, los que por la tempestad son azotados. ¡Yo alzo mi antorcha junto al puerto dorado!”

El anterior es un fragmento del poema “El Nuevo Coloso” inscrito en el pedestal de la Estatua de la Libertad en Nueva York, bajo cuya sombra encontraron amparo millones de inmigrantes que buscaban nuevos horizontes para rehacer sus vidas.

La nueva política inmigratoria de separar a los niños, arrancados cruelmente de sus padres, es una verdadera vergüenza para los Estados Unidos de América, un país que ha sido históricamente un oasis acogedor para muchos inmigrantes sedientos de llegar a una tierra de supuesta libertad con mejores oportunidades de vida.

Luego de una larga y tortuosa jornada, estos inmigrantes mayormente originarios de países de Centro América son arrestados en la frontera de Texas y encarcelados en jaulas, viendo desde adentro su sueño de libertad convertido en un terrible infierno, no solo para ellos, sino también para sus niños inocentes que tampoco conocen el idioma ni las costumbres del lugar.

Hoy día más de doce mil menores se encuentran en cárceles secretas a las cuales la prensa y hasta los mismos senadores y representantes del Congreso de los Estados Unidos no han tenido acceso para poder observar las condiciones en las cuales estos infelices se encuentran. Irónicamente, la directora de Homeland Security aclara que estas celdas no son jaulas sino paredes hechas de “cyclone fence”.

Muchos niños de edad pre escolar y hasta bebés de diez meses se encuentran en un limbo burocrático en manos de guardias que se limitan a “seguir las órdenes” de sus comandantes. ¿Qué clase de servidores públicos pueden llevar a cabo este desmadre sin tener sentimiento alguno? Quitarle un bebé de nueve meses a una madre que lacta y que ahora tiene mastitis porque tiene leche acumulada en sus pechos, es un acto de suprema vileza. Los llantos desgarradores de estos inocentes al ser arrancados de sus madres deberían por lo menos conmoverlos un poco mientras los llevan lejos de sus progenitores para desparramarlos por diferentes estados de Estados Unidos.

Mi maravillosa hija Alexandra, que estudió en St. John School en Puerto Rico, es abogada de Inmigración en Massachusetts. En su práctica privada ella me pedía que la ayudara a traducir al inglés las declaraciones de niñas pequeñas maltratadas, abusadas y hambrientas.

Los horrores que ellas describían en sus recuentos eran realmente desgarradores. Mi hija siempre se desvive por ayudar a todos sus clientes con compasión y cariño, muchas veces llorando con ellos.

Al percatarse de lo que está sucediendo en la frontera de Estados Unidos, mi hija se unió a un grupo de abogados que fueron al Centro de Detención en la frontera de Texas para tratar de ayudar en la reunificación de estos niños con sus padres. Allí se enfrentaron con múltiples obstáculos casi imposibles de superar debido a las circunstancias tan adversas que plagan a los que trabajan a diario con los inmigrantes. Fue una experiencia impactante para todos ellos entrevistar a padres encarcelados en lo que parecen jaulas, que no tienen idea de dónde se encuentran sus hijos. Al ver lo que está sucediendo en esos “campamentos”, este grupo de abogados maravillosos pudo sentir el desespero y la incertidumbre de estos infelices, víctimas de la política inmigratoria más brutal que ha existido en la historia de los Estados Unidos.

Mientras esto sucede en la frontera, los niños pequeños que han sido llevados a otros estados, no comprenden lo que les está sucediendo. Sumamente traumatizados, lloran sin consuelo al estar tan lejos de su familia en un ambiente desconocido donde no entienden el idioma. He aquí un ejemplo de las entrevistas con los niños pre escolares.

Pregunta: “¿Cómo se llama tu mamá?”

Respuesta: “Mami”.

Pregunta: “¿Cuál es tu apellido?”

Respuesta: “No sé”.

Pregunta: “¿Tienes un abogado?”

Respuesta: “No sé lo que es eso”.

La razón por la cual he escrito este pequeño recuento se debe a que yo me siento sumamente indignada al conocer la verdad de lo que está sucediendo en los Estados Unidos con esta política inmigratoria tan espantosa. Le comenté a mi hija que me daba vergüenza tener un pasaporte americano y ella me respondió:

“Mami, no todos son así. Nosotros estamos tratando de hacer la diferencia ayudando a la reunificación de estos niños. Debes saber que son muchas las personas buenas aquí en Estados Unidos que están en contra de esta política que debemos cambiar”.

A pesar de que no puedo hacer nada, excepto tratar de generar atención a esta tragedia, escuchando sus hermosas palabras me llené de orgullo al saber lo que mi hija y sus colegas están haciendo.

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