Juan Antonio Ramos

Lo que tengo que decir

Por Juan Antonio Ramos
💬 0

La fama

Mucha gente se mata por ser famosa. Montones de personas dan la vida por atrapar los quince minutos de fama a los que todos tenemos derecho, según lo aseguró Andy Warhol hace años. No son pocos los que quieren ser protagonistas y figurar en el primer plano. Demasiados son los que piensan que uno viene al mundo para ser famoso. “Si tú no sales en la televisión no vales dos chavos”, afirmaba con desprecio aquel personaje interpretado por Nicole Kidman en To Die For.

De ahí el éxito de los reality shows. La gente va a la televisión a ventilar sus asuntos personales sin ningún pudor. Las Kardashian están casadas con el lente para que los televidentes las contemplen. La cámara las acompaña a todas partes, desde que se levantan hasta que se acuestan.

Esta es una sociedad narcisista que vive para fotografiarse. Esas fotos o videos, que a veces revelan poses o situaciones comprometedoras, se suben a Facebook, Instagram y YouTube, porque la gente quiere convertirse en celebridad de la noche a la mañana. Pretende que su imagen alcance la codiciada categoría de “viral”, que sus rostros y sus cuerpos sean mirados y admirados por millones de mirones.

Por eso no nos debe sorprender que el hombre más poderoso del planeta sea un “entertainer”, un narcisista.

El mundo del espectáculo parece representar el vehículo idóneo para ser famoso. El cine, la televisión, la música y el teatro son los semilleros de las luminarias del futuro. El artista se debe a su público, que suele ser caprichoso y a veces cruel. El artista es esclavo de las masas, que hoy lo ovacionan y mañana lo abuchean.

Vivir para buscar la aprobación de la gente no es un buen negocio. Si no me creen, pregúntenles a los gladiadores del circo romano. Sus vidas dependían de un “like”. El pulgar levantado del espectador les daba un respiro, cuando yacían en la arena salpicada de sangre. Si el espectador cambiaba de opinión y su pulgar apuntaba al suelo, la cosa se ponía fea para el gladiador.

Llevabas tiempo tratando de componer una canción que pudiese cautivar al público. Por fin lo lograste con un tumbaíto que puso a gozar al mundo. Estuviste en el tope semanas y meses, y ahora te rompes la cabeza para ver qué rayos te inventas, pues tu fanaticada te exige otro tablazo como ese. El temor de no poder complacer a tus seguidores te tiene paralizado.

Obtuviste un premio por tu actuación en la película X. Tienes que demostrar que eres buena de verdad, que ese premio no fue un golpe de suerte. Este es el momento de aceptar nuevos retos. De sorprender a los críticos y a tu público con algo diferente a lo que haces siempre. ¿Te atreverás a salir de tu zona de confort, o seguirás amarrada a tu fórmula ganadora?

Justo cuando escalaste el primer lugar de la teleaudiencia, explotó una nueva demanda por difamación. Esta vez la gerencia del canal te abandonará a tu suerte. De nada han servido tus disculpas públicas. Total, hiciste lo que muchísimos hacen en el medio televisivo. Si quieres tener un buen rating en las encuestas, tienes que estar dispuesto a hacer lo que sea.

Esta noche es el estreno de la obra que llevan meses ensayando, y no debe haber ni una sola butaca vacía en el teatro. Necesitan tener casa llena, esta y todas las noches, por las próximas semanas. Tiemblan de miedo porque pronto aparecerán las reseñas en el periódico, en las revistas especializadas. Una crítica demoledora podría hundir a la compañía, que no anda bien en las finanzas.

Muchos artistas no resisten tanta presión, y sucumben al vicio de las drogas y el alcohol. Los más vulnerables podrían suicidarse.

Freddie Prinze (1954) nació en Nueva York, de madre puertorriqueña. El todavía adolescente Prinze, a espaldas de sus padres, ingresó en la prestigiosa escuela pública Fiorello H. La Guardia High School of Performing Arts. Fue allí donde descubrió sus dotes de comediante. Contrajo matrimonio con Katherine Cochran. Después de pasar varios años mostrando la cara en algunos programas de televisión, surgió su gran oportunidad al figurar como personaje principal de la comedia televisiva Chico and the Man, cuyo éxito fue inmediato y rotundo. Prinze no pudo lidiar con las presiones que trajo consigo su inesperada fama, y se refugió en las drogas. Su esposa le pidió el divorcio después del nacimiento de su hijo, en 1976. En enero de 1977, Prinze, deprimido por el fin de su matrimonio y consumido por las drogas, se quitó la vida.

El estadounidense Kurt Cobain (1967) fue compositor, guitarrista y cantante de la banda de rock Nirvana. El primer sencillo exitoso de la agrupación fue Smells Like Teen Spirit, incluido en su segundo álbum Nevermind (1991). Tras el éxito resonante de Nevermind, Nirvana fue proclamada como la banda emblemática de la Generación X, y Cobain como el portavoz de una nueva generación. Sin embargo, Cobain estaba molesto con todo este alboroto en torno a su persona, y pensaba que los medios y los “conocedores” no entendían lo que su música quería comunicar. Quiso cambiar de rumbo con la producción In Utero (1993), la cual recibió una acogida tibia del público y la crítica. Cobain no sabía cómo manejar su fama y su imagen pública. Irritado y frustrado por toda esta situación, cayó en una profunda depresión, y se entregó al uso de la heroína. Se suicidó en 1994.

A través de los años he podido observar que la fama no trae ni paz ni felicidad. No creo que haya muchas personas famosas que puedan llevar vidas normales y equilibradas. Por el contrario, pienso que la fama, en la mayoría de los casos, tiende a deprimir y a confundir a quien la padece. Es tan adictiva y destructiva como la heroína o como cualquier otra droga. Desde esta particular perspectiva, podríamos decir que la fama es una enfermedad.

Otras columnas de Juan Antonio Ramos

sábado, 28 de julio de 2018

“Tití Harvard”

El escritor Juan Antonio Ramos declara que "en el Puerto Rico actual, montones de boricuas soñamos con convertirnos en una copia fiel y exacta del amo del Norte"

sábado, 23 de junio de 2018

“#Me Too” y los chicos malos

Juan Antonio Ramos argumenta sobre el riesgo del fanatismo que desemboca en cacería de brujas contra artistas y otras figuras públicas ante alegaciones de prácticas de abuso sexual u otras violaciones pues se fomenta una especie de macartismo que crea listas negras de personas famosas ante la mínima sospecha

💬Ver 0 comentarios