Luis Alberto Ferré Rangel

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Por Luis Alberto Ferré Rangel
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La pobreza nuestra de cada día

M aría es madre soltera, tiene 21 años. No ha terminado la escuela superior y tiene tres hijos, vive en Ciales, Corozal o Culebra donde de cada diez niños, siete u ocho viven bajo el nivel de pobreza. Con toda probabilidad, María y sus hijos no puedan salir de esa situación.

Datos recopilados por investigadores que elaboran el Índice de Desarrollo Humano (IDH) para Puerto Rico (http://www.estadisticas.gobierno.pr/idh/) revelan que la propensión a la pobreza se duplica en hogares donde hay una sola persona como jefe de familia con uno o dos menores. Y que los mayores efectos de la desigualdad los sufren los hogares de jefatura femenina, en parte, por la falta de condiciones que les faciliten gestionar y mantener un trabajo, como sería poder contar con centros de cuido preescolar.

La crisis ha agudizado aún más la situación. Entre 2000 y 2012, el número de menores en pobreza que residen en hogares de jefatura femenina aumentó de 38% a 58%. Y los datos indican que solo la mitad de los niños y niñas de 2 a 4 años asiste a un centro preescolar.

Antes de la crisis, poco más de tres de cada diez menores en Puerto Rico vivían la realidad de los hijos de María. Para el 2012, uno de cada dos menores vivía como María, en la pobreza.

Peter John y su familia, esposa y dos hijos, se mudaron hace un año para Orlando o Lakeland o Fort Lauderdale, en Florida. Ahora él tiene dos trabajos, y viven apretados en un apartamento. Ella no ha conseguido trabajo. Los nenes no se adaptan a la nueva escuela. Un informe publicado el 4 de enero en este diario, reveló que solo en el primer semestre de 2015, 71,297 boricuas como Peter John levantaron vela en busca de prosperidad. En todo el 2014 se fueron 83,010, según el informe que citó al Negociado de Estadísticas de Transporte de Estados Unidos.

Atrás quedaron María y sus tres hijos, y ellos cayeron más profundamente en el hoyo. De acuerdo con uno de los investigadores del IDH, el Dr. José Caraballo Cueto, el éxodo no ha frenado el crecimiento de la pobreza. Ya entre 2006 y 2012 todos los estratos sociales habían sufrido disminuciones en sus ingresos. Y la baja fue mucho mayor en los sectores más pobres que perdieron el 30% del valor real de sus ingresos, mientras que en los otros fluctuó entre 8 y 9%.

De hecho, la desigualdad económica se ha agudizado en Puerto Rico. El 10% más rico en Puerto Rico tenía el 38% del ingreso total, mientras que el 10% más pobre solo participaba del .2% en 2012. Hoy día, el pobre en Puerto Rico es 33 veces más pobre que el más rico, pero para el 2000, esa proporción era de 25, según Caraballo Cueto.

Jonathan vive en alguna zona urbana en Mayagüez, Ponce, Arecibo, Bayamón o Humacao. Vive con su abuela y tiene 13 años. Padre ausente, madre en la cárcel. Chico brillante, de esos que tiene una inteligencia viva natural. Inquieto, vivaracho. Listo. A fuerza de golpes. Literalmente. A vecesno puede entender los números o las letras, que se le cambian de lugar. No puede enfocarse, no entiende lo que el maestro dice. Está frustrado. Mira por la ventana, y ve, más allá, en la esquina de la calle, debajo del palo de mangó y cerca de donde cuelga un par de tenis viejos del tendido eléctrico, dinero fácil.

Los investigadores del IDH sostienen que los niños y adolescentes pobres están desproporcionadamente expuestos a las actividades del narcotráfico. Se estima que en Puerto Rico hay más de 1,600 puntos de drogas y alrededor de 1,300 escuelas públicas. Y cerca del 80% de los puntos de drogas incorpora a menores de 18 años en tareas remuneradas, incluyendo el sicariado. Esa, de hecho, es una forma común de explotación de menores documentada en Puerto Rico; una modalidad de trata humana, de acuerdo a datos provistos por la Fundación Ricky Martin (rickymartinfoundation.org).

La exposición de estos niños a escenarios de violencia aumenta el estrés de esta población, lo que incide sobre el desarrollo cerebral, la capacidad de aprendizaje, las manifestaciones psíquicas y la conducta, destaca el grupo de trabajo sobre el IDH.

La pobreza en Puerto Rico existe, no es un fenómeno relativo a otros países. Es absoluta en lo que respecta a nuestra realidad. Cuando una madre tiene que escoger entre darle de comer a su hijo o hija o comer ella, (http://bit.ly/1oMSRnS) eso es pobreza. Cuando un estudiante universitario tiene que escoger entre comer o comprar libros (http://bit.ly/1UgjpJL), eso es pobreza. Todas esas son situaciones reales en Puerto Rico.

La pobreza en Puerto Rico es real. Se agudiza. Y es estructural. Existen trabas que dificultan el acceso al cuidado de la salud y a educación de calidad, y ponen tropiezos a la movilidad y a la integración social.

Se requieren políticas públicas que atiendan la raíz de esa estructura que genera pobreza -que aseguren acceso igual a la salud, la educación de calidad, que permitan la movilidad y la integración social, entre otras. Esto debe ser parte de un plan nacional para crear condiciones de equidad, de acceso igual a oportunidades que permitan un desarrollo humano pleno para tantos María, Jonathan y Peter John.

Pero lo primero que hay que hacer es no ignorarla. Cuando le digan que no hay pobreza en Puerto Rico comparado con otros países, deténgase y piense en María, Jonathan o Peter John. Condonar el comentario de que aquí no hay pobreza, es condenarlos a ellos para siempre.

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