Rafael W. Rodríguez Cruzado

Tribuna Invitada

Por Rafael W. Rodríguez Cruzado
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Las playas severamente erosionadas

No es lo mismo planificar desarrollo costero en un litoral donde hace décadas la tasa de erosión es de un metro por año, que en playas donde la erosión es mínima.

Por eso, conviene considerar ¿qué se podría hacer para restaurar playas donde la erosión es severa?

Los dos métodos más comunes —o una combinación de ambos— incluyen disminuir la energía de olas, marejadas y corrientes marinas que impactan la playa, así como realimentar la playa con arena.

Sin embargo, se debe partir de la premisa que el nivel del mar va a continuar subiendo y que, por tanto, la erosión costera continuará. Entonces, el objetivo sería tratar de frenar la tasa de erosión.

Disminuir la energía requiere diseñar rompeolas, preferiblemente sumergidos, como los arrecifes artificiales, a una distancia y orientación relativa a la playa, basado en estudios de la hidrodinámica del litoral. Los estudios se deben hacer por un largo periodo para tomar en cuenta cambios estacionales en la dirección y energía de oleaje, viento y corrientes marinas, incluyendo durante alguna tormenta. Una vez se tenga un cuadro completo de la hidrodinámica del litoral y la dirección que se transporta el sedimento, se diseñan las dimensiones y la orientación del rompeolas.

Realimentar playas requiere identificar una fuente de arena en la plataforma insular que sea compatible con la arena de la playa y depositarla a lo largo del litoral. Este es un proceso sumamente costoso porque es muy probable que sea necesario realimentar la playa luego de un evento de alta energía.

En Miami Beach, por ejemplo, donde se realimenta la playa constantemente hace décadas —luego de eliminar todos los espigones que amurallaban el litoral— el ingreso por turismo de playa fue de $26,000 millones en 2018. El costo de realimentar periódicamente la playa justifica la inversión. ¿Se podrá hacer ese compromiso en Puerto Rico?

Es tarea casi imposible restaurar una playa que está amurallada, aun disminuyendo la energía del sistema y/o realimentando la playa. Solo se necesita una marejada extrema para llevarse la arena que con tanto esfuerzo se hubiese depositado, además de continuar derrumbando estructuras que nunca se debieron haber construido tan cerca de la orilla.

Miles de estructuras construidas en la zona marítimo terrestre van a inhibir, en gran medida, la recuperación de las playas erosionadas de Puerto Rico. El daño ya está hecho. Por tanto, la única forma de que futuras generaciones de puertorriqueños van a disfrutar de playas aún saludables es prohibiendo la construcción de infraestructura en la zona marítimo terrestre.

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