Ángel G. Colón Santiago

Tribuna Invitada

Por Ángel G. Colón Santiago
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Mientras juegan a gobernar, Puerto Rico se hunde

La semana comenzó con la revelación de unas conversaciones de un supuesto chat de Telegram donde aparece el gobernador Ricardo Rosselló, junto a otros altos funcionarios y asesores, burlándose de sus compañeros de partido y de la oposición. 

Al leer la copia maltrecha de los supuestos mensajes, me llama la atención, que cuando el gobernador sugiere irse de vacaciones junto al secretario de Estado, el asesor de comunicaciones del gobierno, Carlos Bermúdez, le contesta que de vacaciones no, que mejor se vaya en gestiones oficiales fuera de Macondo.

Macondo es un pueblo ficticio, existente en algunas historias del premio nobel de la literatura Gabriel García Márquez, donde no se puede distinguir entre la realidad y la irrealidad. En un principio, Macondo era una aldea donde las cosas carecían de nombre y, para nombrarlas, los habitantes las señalaban con el dedo. Cuando la prosperidad comenzó a llegar, la alta alcurnia del pueblo decía “nos estamos volviendo gente fina”. 

Los habitantes comenzaron a tener tecnologías que hacían que se trasnocharan “contemplando las pálidas bombillas eléctricas alimentadas por la planta…” El progreso contribuyó a las cosas buenas en Macondo, se convertía en un pueblo vibrante, que se educaba gracias a “seres materialmente ricos y técnicamente poderosos pero moralmente deleznables”.

Los habitantes pensaban que la muerte les era ajena, hasta que llegó la primera muerte y todos entraron en la oscuridad. La historia cambió, sus habitantes prósperos en algún momento, comenzaron a sufrir su transitar, se volvieron melancólicos, y navegaban en el olvido hasta morir. Macondo, lugar de lo imposible, lugar de todas las cosas, pasó de ser un lugar donde se podía ser, a ser un adjetivo. En este punto de la historia, como lector, uno comienza a  confundir los espacios, el tiempo se escapa sin sentido y, en muchos casos, el lector llora mientras lee. No por cualquier cosa Gabriel García Márquez recibió el premio Nobel de literatura. 

Observo una “pálida bombilla eléctrica alimentada por la planta” en lo que llega la electricidad a mi hogar, me duele que la gente que tiene poder y no necesidad, se refiera a nuestro pueblo como Macondo. Pensé en mi barrio, sin energía eléctrica por lo menos una vez a la semana y cómo se le quita la esperanza a los que sufren su transitar, a los melancólicos, a los que navegan en el olvido, a los que se mueren. A los que al leer terminan llorando. 

Mientras juegan a gobernar, Puerto Rico se hunde. Les falta realismo. Hoy está lloviendo. Miro la lluvia y recuerdo que en Macondo una vez llovió por cuatro años, once meses y dos días. Hubo épocas de llovizna en que todo el mundo quiso celebrar, pero la soledad era pesada y la desilusión los mataba. Quizás, el diluvio de Macondo llega a Puerto Rico, desde la ficción, mucho antes que la alta alcurnia, que llaman Macondo al país del que viven, sienten cabeza y se pongan a hacer algo más que no sea robarnos hasta el alma.

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