Osvaldo L. Gil

Tribuna Invitada

Por Osvaldo L. Gil
💬 0

Réquiem por un siervo del deporte

E n las primeras horas de la madrugada del viernes 16 de junio, Héctor F. Cardona González, para mí el líder del deporte y el olimpismo que más tiempo y mejor le sirvió a nuestra juventud y a los deportistas de Puerto Rico, mudó su residencia al cielo, no buscando a Dios, sino más bien respondiendo a su llamado.ttt

Rodeado de su eterna novia y amantísima esposa por 56 años, Sarita, sus amorosos hijos Paquitín, Astrid y David, nietos, biznieta y demás familiares, estuvo en el pleno disfrute de una vida feliz aunque imperfecta, hasta quedarse dormido para siempre. Al marcharse por el oscuro y misterioso “túnel de la muerte”, nos dejó su aleccionador ejemplo y su enriquecedor legado como excelente hombre de familia, extraordinario líder deportivo y olímpico, ciudadano de primer orden y exquisito ser humano.

Entre otros cargos a lo largo de su vida, Cardona fue presidente de la Federación de Boxeo, secretario y presidente del Comité Olímpico de Puerto Rico (Copur), vicepresidente de la Federación Mundial de Boxeo, presidente de la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe), miembro del Ejecutivo de la Organización Deportiva Panamericana (Odepa) y además fue miembro del Ejecutivo de la Asociación de Comités Olímpicos Nacionales (ACNO), dejando en todas elllas huellas imperecederas y marcas insuperables.

Recibió con su proverbial humildad honores, premios, distinciones y reconocimientos, entre otros, un doctorado Honoris Causa de la United States Sports Academy en Mobile, Alabama. Fue exaltado, además, al Pabellón de la Fama del Deporte Puertorriqueño, así como al Salón de la Fama del Deporte de Río Piedras.

Que sepamos, ningún líder olímpico puertorriqueño del pasado o actual, supera la cuantiosa cantidad de medallas a nivel olímpico, mundial, panamericano y centroamericano que bajo su exitoso y efectivo liderato ganaron nuestros atletas para Puerto Rico, en sus 45 años ininterrumpidos de servicio al deporte.

Debo reiterar que como ser humano fue, de trato cortés, en ocasiones tímido, actitudes sencillas y reacciones cordiales. Como líder, supo ser firme sin ser provocador y diplomático sin tornarse débil. Habiéndolo conocido bien, puedo y doy fe de la nobleza de sus bondades, la gentileza de sus gestiones, la generosa hospitalidad de su alma y la profundidad de sus sentimientos.

No, no todo fue éxito, alegría y risa. También conoció y sufrió el fracaso, la pena y el llanto al transitar por la ruta terrenal. Enfrentó y padeció la deslealtad y la decepción cuando bajó la guardia con personas que probaron ser indignas de su confianza. Aunque visitó la lona varias veces, nunca vi en él la capacidad de odiar. Su fe en Dios y en sí mismo, y su innegable amor por Puerto Rico, le permitió usar lo aprendido en sus experiencias negativas del pasado como herramientas útiles para sus éxitos en el futuro, las que le catapultaron a niveles superiores de manera no sólo impresionante, sino jamás antes vista.

Los actos fúnebres, bien organizados, en la Casa Olímpica en Puerta de Tierra y en la funeraria, a casa llena de líderes del olimpismo y atletas nacionales e internacionales, fueron prueba inequívoca de que Héctor Cardona deja al marcharse del mundo de los vivos el mejor autógrafo que puede uno dejar que es el que deja escrito con sus obras.

Nuevamente quedó comprobado que los deportistas olímpicos que hemos sido bendecidos de haber nacido en Borinquen tenemos diáfanamente claro que la gratitud es la más noble expresión del sentimiento humano, al despedirlo como justificadamente se merecía.

Para mí, con Héctor no habrá nunca despedida. Donde quiera que él se encuentre, siempre estará en mi corazón…

💬Ver 0 comentarios