Vilma Calderón

Tribuna Invitada

Por Vilma Calderón
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Un Frente de Puerto Rico contra las cenizas de carbón

Hace algunas semanas, escribí una columna felicitando a Raymond Arrieta por su caminata a favor de los pacientes de cáncer. En la misma también exhortaba a la gente, no solo a caminar, sino a hacer los cambios necesarios para crear un estilo de vida que verdaderamente pueda ayudar a prevenir el cáncer. Hoy quiero a través de esta columna pedirle a Raymond, a la gente que camina junto a él y a todas las personas que tienen familiares o amistades que sufren de cáncer o que han muerto por el mismo a que llevemos acciones concretas para detener los contaminantes ambientales que aumentan el riesgo de desarrollar esta enfermedad que es la primera causa de muerte en nuestro país. La exposición a cancerígenos ambientales es uno de los factores principales que lleva al desarrollo de multiples tipos de cáncer. Uno de esos desechos tóxicos que peligrosamente contaminan nuestro ambiente y que hoy está en la discusión pública son las cenizas producto de la quema de carbón. Estas cenizas se depositan en Peñuelas, pero se sabe que afectan a muchos pueblos y tarde o temprano será a toda la isla.

La planta de carbón AES de Guayama genera entre 600 y 800 toneladas de cenizas diariamente. Estas cenizas contienen metales sumamente tóxicos como lo son el arsénico, el mercurio y el plomo, entre otros. La evidencia científica sobre el daño de estos metales, la radioactividad y el propio particulado que producen las cenizas es seria y contundente. Es por eso que el Colegio de Médicos y Cirujanos de Puerto Rico, La Escuela Graduada de Salud Pública del Recinto de Ciencias Médicas, el Colegio de Químicos de Puerto Rico y otras organizaciones profesionales están en contra de los depósitos de estas cenizas y denuncian la peligrosidad de estas acciones. Se estima que desde que la AES comenzó operaciones hasta el día de hoy ha depositado sobre 70 mil toneladas de cenizas en Peñuelas y cerca de 300 mil toneladas en Humacao. A éstas se suman las miles de toneladas usadas en construcciones en Salinas, y las 86 mil toneladas dispuestas en Arroyo, en una fosa bajo un corto tramo de carretera en ruta al Arroyo Town Center. Estos depósitos se han estado llevando a cabo durante años, violando incluso el acuerdo original que había pautado esta compañía que incluía sacar las cenizas fuera de Puerto Rico.

Primeros en enfermedades respiratorias

Las cenizas aumentan el riesgo, no solo de ciertos tipos de cáncer como el de pulmón, sino también los problemas respiratorios. No es casualidad que Puerto Rico encabeza la lista de enfermedades respiratorias cuando se compara con otros países. Y aunque puedan existir predisposiciones genéticas, se sabe que en gran medida son los factores ambientales los que hacen que éstas y otras enfermedades se manifiesten. Pero, además del cáncer y las condiciones respiratorias, las cenizas también aumentan los riesgos de otros problemas como abortos espontáneos, malformaciones, reducción en la capacidad cognitiva, severas alergias y otras enfermedades. Ciertamente lo que vivió la comunidad de Arroyo Barril, en la República Dominicana, es un claro ejemplo de las consecuencias que se sufren al convivir con miles de toneladas de cenizas.

Lamentablemente, el gobierno y sus agencias como la Junta de Calidad Ambiental han otorgado permisos y han llevado a cabo acciones que lejos de proteger a sus ciudadanos, los están exponiendo a elevados riesgos que atentan contra la salud de ellos y del ambiente. Esta discrepancia entre lo que se supone que haga el gobierno y sus agencias y lo que realmente están llevando a cabo no es nueva. Tan reciente como el año pasado para los meses de junio y julio tuvimos la terrible experiencia del Naled. En esa ocasión el Centro para el Control de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, el Departamento de Salud, el Departamento de Agricultura y hasta el propio Gobernador, Alejandro García Padilla, aseguraron que el Naled no era tóxico. Crearon un libreto donde exponían que era necesaria la fumigación para detener los supuestos miles y miles de niños que nacerían con microcefalia. Los miembros del Frente Unido Contra la Fumigación tuvimos que articular una intensa campaña educativa para demostrar con la evidencia científica que el Naled era un pesticida de alta toxicidad y que el remedio iba a ser peor que el Zika. ¡Hasta el propio Presidente de Estados Unidos hizo una llamada telefónica para regañarnos por no querer dejarnos fumigar! Aún así y gracias a la movilización de la gente, prevaleció el rigor científico, la verdad y la sensatez pudiendo detener la nefasta fumigación que iba a afectar tanto la salud de la gente en general como la de las propias embarazadas, los niños, los animales y el ambiente. Es evidente que en esa ocasión, el gobierno y las distintas agencias nos mintieron y presentaron solo parte de algunas verdades en un aparente conflicto donde la supuesta “protección a la salud” que se pretendía era solo una mera excusa para adelantar intereses de otro tipo. 

Sin embargo, hoy, una vez más, vemos con el tema de las cenizas como los intereses económicos y políticos vuelven a llevar al gobierno y a sus agencias a unas profundas incongruencias tratando de justificar acciones que sin lugar a dudas están afectando la salud del pueblo.

Urge acción ciudadana

La realidad es que no podemos continuar esperando a que el gobierno y sus agencias protejan nuestra salud. La historia nos demuestra que son muchas las ocasiones en que las decisiones que han tomado han sido sin dar prioridad a la salud de la gente o del ambiente. 

Por eso, nos toca a los ciudadanos asumir un rol protagónico y levantarnos para denunciar el daño de las cenizas y proteger nuestra salud sin esperar o confiar a que el gobierno lo haga. Es por eso que invito a Raymond, a los que han caminado con él a través de tantos años, a las figuras públicas que han tenido o tienen cáncer, a las organizaciones que trabajan en la prevención de esta enfermedad y los problemas respiratorios, como la Sociedad Americana del Cáncer y la Asociación Puertorriqueña del Pulmón, respectivamente, a que levanten su voz en contra de los depósitos de estas cenizas. Es el momento de organizar otra caminata pero esta vez a Humacao, Guayama y Peñuelas. Y en esta ocasión no para recibir donaciones económicas sino para recaudar compromiso y concienciación en la gente sobre la urgencia de detener este atropello a la salud.  

Y para aquellos que quieran responder a esta solicitud alegando que estos depósitos se están haciendo legalmente, les recuerdo varios puntos. En primer lugar, los depósitos se han estado haciendo durante años violando las propias ordenanzas municipales y los acuerdos originales.  En segundo lugar, la legalidad actual es debido a la reciente ley 40 donde la mayoría de los legisladores se hicieron cómplices aprobando los depósitos de cenizas, pero ahora con el nombre comercial de Agremax, que es simplemente la mezcla de las mismas cenizas con agua y que ya la EPA ha dicho que no es un producto sino un desecho de la quema de carbón. Este proyecto ha sido clasificado por muchos como una burla ya que con su juego de palabras pudieron recibir el apoyo aún de algunos legisladores que estaban en contra. 

Finalmente, también hay que aclarar que de todas formas, no todo lo legal es ético y muchas veces lo moral no necesariamente es legal. Los muchos eventos históricos así nos lo han demostrado en múltiples ocasiones siendo la esclavitud, la segregación racial, el asesinato de los judíos por el gobierno Nazi, la prohibición del voto a las mujeres y las precarias condiciones para los trabajadores y las trabajadoras, algunos ejemplos gráficos de inmorales prácticas cobijadas por leyes vigentes en esos momentos y que gracias a que se retaron se pudieron eliminar dando pasos hacia la construcción de sociedades más justas. 

Es nuestro deber, por lo tanto, retar la legalidad de estas acciones que enferman a la gente y dañan nuestro ambiente. Todos tenemos derecho a la salud, pero también el deber de detener lo que atente contra nuestro bienestar. No hay tiempo que perder y no hay posiciones neutrales que se puedan adoptar. En esta coyuntura o se está en contra de las cenizas o se está a favor si lo que se asume es el silencio y la indiferencia. El reclamo de estas comunidades es justo. ¡Unámonos todos en un frente a favor de la salud y en contra de las cenizas!

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