Las jóvenes Alondra Rodríguez Rolón y Liz Santiago Martoral son discípulas del doctor Eduardo Nicolau (al centro).
Las jóvenes Alondra Rodríguez Rolón y Liz Santiago Martoral son discípulas del doctor Eduardo Nicolau (al centro). (Héctor A. Suárez De Jesús)

De vez en cuando, la vida sorprende y le da una bofetada al pesimismo habitual. De vez en cuando, eso sucede en un día como otro cualquiera, sin avisar y con la complicidad de la inercia cotidiana. De vez en cuando, al sobresalto por el golpe le sigue un súbito resplandor ante la posibilidad de que el optimismo y la esperanza sean posibles. De vez en cuando…

Son escasos estos momentos, pero existen, como bien lo demuestran Liz Santiago Martoral y Alondra Rodríguez Rolón, dos jóvenes estudiantes universitarias, de 29 y 25 años, respectivamente, ambas alegres, seguras, asertivas. La primera, a punto de finalizar su doctorado en Química; la segunda, en las primeras estaciones de ese mismo camino. Ambas orgullosamente jerezanas, con un amor inmenso por las ciencias y por su alma máter y –desde no hace mucho tiempo– amigas, unidas por la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA, por sus siglas en inglés), como parte de un ambicioso proyecto con destino final en Marte, con escala en la Luna.

Vinculadas por su vocación por la investigación en el Programa Graduado de Química de la Facultad de Ciencias Naturales del Recinto de Río Piedras de la Universidad de Puerto Rico, ahora estas talentosísimas jóvenes –discípulas del doctor Eduardo Nicolau– están a pocos días de ver coronados sus esfuerzos cuando su experimento –el uso de filtros de membrana para la purificación de agua a partir de la orina en ambientes de cero gravedad– sea enviado a la Estación Espacial Internacional (ISS, por sus siglas en inglés), desde el Centro Espacial Kennedy, en Cabo Cañaveral, Florida, este próximo martes, 7 de junio.

Este viaje del prototipo al espacio tiene precisamente como objetivo que los astronautas que residen en la ISS realicen las pruebas necesarias –en un ambiente real de cero gravedad– que establezcan que las teorías de Santiago Martoral y Rodríguez Rolón funcionan y que su diseño es capaz de incorporarse a la carrera espacial de Estados Unidos que tiene como meta el llamado “Planeta Rojo”, vecino cercano a la Tierra, a una distancia media de unos 137 millones de millas.

“Este proyecto, que es mi tesis para el doctorado, se centra en la modificación de membranas para procesos de filtración de agua y nuestro interés es obtenerla de la orina, en condiciones de cero gravedad”, explica Santiago Martoral, la responsable del proyecto. “Nuestro prototipo aspira a tres cosas: obtener agua limpia, producir energía y almacenarla”.

Una vez los astronautas que tienen la ISS como residencia –en órbita a unas 250 millas de la Tierra, a una velocidad aproximada de unas 16,700 millas por hora– reciban el prototipo, se encargarán de realizar los experimentos indicados por Santiago Martoral, para lo cual ella y Rodríguez Rolón tuvieron que crear un manual de operación.

“Todavía yo no me creo que esté en este proyecto de la NASA… jamás imaginé que algo así me ocurriría”, asevera Santiago Martoral emocionada. “Ha sido estupendo, no solo en el aspecto académico, sino también en el profesional. Viajamos a Houston y estuvimos cara a cara con los ingenieros y fue como: ‘¡Wow! Estamos aquí, como estudiantes doctorales frente a personas que llevan años trabajando en esto’, y nos felicitaron tanto por el prototipo que realizamos como por el manual para los astronautas. Fue muy especial vernos ahí y pensar en lo que somos capaces de hacer estudiantes de la IUPI”.

Rodríguez Rolón destaca, por su parte, que, “al entrar a este proyecto gané en Liz una amiga y una mentora”. “Hemos trabajado todos los días –añadió– y esto nos ha unido, no solo para colaborar en este enorme desafío, sino también para demostrar que somos de Puerto Rico y que tenemos la inteligencia y la capacidad para trabajar con todo tipo de personas. Con este proyecto, deseamos inspirar a niños y niñas que deseen estudiar ciencias, decirles que se atrevan, que se queden en su país, porque la Universidad de Puerto Rico tiene mucho que ofrecer. En el campo de la investigación, estamos trabajando intensamente para resaltar lo que tenemos acá, en nuestra isla, y que no se nos menosprecie, sino al contrario, que se engrandezca lo que somos y que tengamos el pecho bien lleno de orgullo, porque somos de alto calibre”.

El autor es director de Prensa en la Oficina de Comunicaciones de la Universidad de Puerto Rico Recinto de Río Piedras.

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