En la foto: Lesiones ocasionadas por el hongo en un individuo de Boa constrictor, una especie exótica introducida a los ecosistemas de Puerto Rico. De las 16 especies de serpientes que pueden encontrarse en el archipiélago de Puerto Rico, exóticas, nativas o endémicas, se ha detectado el hongo en en tres de estas.
En la foto: Lesiones ocasionadas por el hongo en un individuo de Boa constrictor, una especie exótica introducida a los ecosistemas de Puerto Rico. De las 16 especies de serpientes que pueden encontrarse en el archipiélago de Puerto Rico, exóticas, nativas o endémicas, se ha detectado el hongo en en tres de estas. (Suministrada)

Un hongo que pudiera amenazar a las poblaciones de serpientes en el mundo ya fue detectado en Puerto Rico y, actualmente, investigadores de tres universidades locales trabajan en estudios para conocer su distribución e impacto en la isla.

El hongo Ophidiomyces ophiodiicola se detectó por primera vez en Puerto Rico, en 2019, en un individuo de boa puertorriqueña (Chilabothrus inornatus) en el área del Fuerte Buchanan, en Guaynabo. Se trató de uno de los primeros casos del patógeno fuera de Estados Unidos y la primera documentación para las Antillas.

En tiempos recientes, el hongo ya ha sido confirmado en otras especies de serpientes que se encuentran en Puerto Rico, como la culebra corredora (Borikenophis portoricensis) y la boa de cola roja (Boa constrictor). Además, hay sospechas de ofidiomicosis, la enfermedad que es producida por el patógeno, afectando la piel de las serpientes y que puede ocasionar la muerte del individuo que la padezca.

Eneilis S. Mulero Oliveras, profesora e investigadora en la Universidad de Puerto Rico (UPR) en Arecibo, fue quien colectó la primera muestra del hongo en la isla. Desde entonces, ha logrado unir esfuerzos con académicos y estudiantes de varias instituciones para el desarrollo de más estudios.

“A veces, estos animales (serpientes) ya están en peligro de extinción, están expuestos a otras amenazas, (como) fragmentación de hábitat, cambio climático, introducción de especies exóticas que compiten por los mismos recursos y, ahora, se les añade una enfermedad. Esto preocupa y es importante estudiar esa nueva amenaza para ver cómo se pudiera manejar a largo plazo”, dijo.

Actualmente, la científica trabaja en conjunto con la doctora Yogani Govender, de la Universidad Interamericana de Puerto Rico Recinto Metropolitano, en la detección y monitoreo de Ophidiomyces ophiodiicola en serpientes de Puerto Rico e Islas Vírgenes. Con este estudio, se pretende determinar qué poblaciones silvestres y cuáles especies presentan el patógeno y la enfermedad. La investigación es parte de una propuesta con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos.

Otro de los esfuerzos en los cuales Mulero Oliveras labora es la caracterización morfológica y molecular del hongo, junto al doctor Gualberto Rosado Rodríguez, quien también es profesor e investigador en la UPR en Arecibo. La investigación es precursora, pues es la primera vez que se estaría realizando una descripción detallada del hongo para ecosistemas tropicales. El esfuerzo es parte de una propuesta subvencionada con fondos semilla del Centro de Investigación y Creación de la UPR en Arecibo.

Debido al comportamiento críptico de las serpientes, las etapas de muestreo requieren largas jornadas de búsqueda de especímenes en bosques, cuevas e islotes. Además, el trabajo de laboratorio demanda gran cantidad de pasos y protocolos que pueden tomar varios días.

En todos estos esfuerzos, han estado involucrados unos 25 estudiantes subgraduados de la UPR en Arecibo y Mayagüez, así como de la Inter Metro. Los alumnos se han adiestrado en el manejo de las especies, técnicas de muestreo y métodos de laboratorio, entre otros.

Ophidiomyces ophiodiicola fue descrito por primera vez, en 2009, en una serpiente ratonera negra (Pantherophis obsoletus), que se capturó en el estado de Georgia. Desde entonces, los casos de serpientes con el hongo y la enfermedad han ido en aumento en varios continentes. Se cree que el incremento de las infecciones puede estar relacionado con el calentamiento global o el cambio climático.

De acuerdo con Mulero Oliveras, una serpiente puede presentar el hongo en su cuerpo, pero no necesariamente signos de la infección. Por lo general, un animal infectado presenta laceraciones en la piel, protuberancias en el área afectada y problemas para mudar sus escamas.

Muchas veces, estos síntomas se concentran en la zona de la mandíbula y, cuando son severos, pueden privar al animal de poderse alimentar, moverse correctamente y afectar su visibilidad, entre otros efectos. Algunas serpientes pueden morir por desnutrición o simplemente ser depredadas por otras especies al estar vulnerables. Para poder confirmar que una serpiente está enferma, se deben tomar muestras de sangre o hacer biopsias de las laceraciones.

Aún no se tiene certeza de cómo surge el hongo en Puerto Rico. No se descarta que pudiera relacionarse con el aumento de serpientes exóticas en la isla. Algunas de estas pudieran ser resistentes al patógeno, mientras que las nativas serían más vulnerables.

Para evitar la propagación por parte de los humanos, Mulero Oliveras recomendó a las personas que practiquen actividades al aire libre, en especial las que visitan cuevas, limpiar su calzado y aplicar desinfectante. Además, si usted manipula una serpiente, siempre desinfectar sus manos.

El autor es candidato doctoral en Biología y becario de la American Association for the Advancement of Science en El Nuevo Día.

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