El COVID-19 bajo el microscopio.  (Shutterstock)
El COVID-19 bajo el microscopio. (Shutterstock)

Las agencias de inteligencia de Estados Unidos han determinado que el nuevo coronavirus “no es artificial ni genéticamente modificado”, pero aseguran que siguen estudiando si los orígenes de la pandemia se remontan al contacto con animales infectados o a un accidente en un laboratorio chino.

La Oficina del Director Nacional de Inteligencia, que concentra la información de la red de agencias de espionaje, emitió este comunicado en momentos que el presidente Donald Trump y sus aliados promueven la teoría, aún infundada, de que un laboratorio de enfermedades infecciosas en Wuhan, el epicentro de la epidemia en China, fue el origen de la pandemia global que ha matado a más de 220,000 personas en el mundo.

A mediados de abril, un informe de caso publicado en Nature Medicine determinó que el SARS-CoV-2, el virus que causa la enfermedad por coronavirus COVID-19, no fue creado en un laboratorio o diseñado a partir de un virus ya existente.

Nuestros análisis muestran claramente que el SARS-CoV-2 no es una construcción de laboratorio o un virus manipulado a propósito” aseguraron los autores provenientes del Departamento de Inmunología y Microbiología de EE.UU. y de las universidades de Edinburgh, Columbia, Tulane y Sidney, en Reino Unido, EE.UU. y Australia, respectivamente.

Para llegar a esta conclusión, los investigadores realizaron un análisis comparativo de datos genómicos del virus, el séptimo coronavirus que se sabe que infecta a los humanos.

Al igual que estudios anteriores, este informe menciona al pangolín, un mamífero asiático, como el posible animal del que se transfirió el virus a los humanos.