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¿Quién no ha escuchado que ser puertorriqueño es tener la mancha del plátano? En su poema “La mancha de plátano”, el juanadino Luis Lloréns Torres describe la mancha como una “que ni el jabón ni la plancha quitan de encima de mí” y que el puertorriqueño “llevará siempre la mancha por secula seculorum,” es decir, por siempre.