Nota de archivo: Este contenido fue publicado hace más de 90 días

 (horizontal-x3)
(David Villafañe)

Uno de los estacionamientos del campus de la Universidad de Puerto Rico en Carolina es el punto de encuentro. Decenas de personas, entre ellas una notable cantidad de jóvenes y niños, se arremolinan alrededor de dos telescopios que apuntan hacia el infinito del cielo.

Uno tras otro, los presentes acercan los ojos al lente, y en cada caso casi de inmediato sueltan alguna expresión de asombro al ver la imagen el en pequeño círculo de cristal.

El doctor Rafael Méndez Tejeda, profesor de meteorología de la UPR, explica qué está ocurriendo allí a un grupo que acaba de llegar. Comenta que es una actividad para observar objetos en el cielo que se puedan ver, como la Luna, Saturno, o la nebulosa de Orión.

“No se puede ver el cielo profundo, por la luz (en los alrededores)”, explica el profesor. “Pero se ven los cráteres de la Luna, se ven las características de la Luna”.

Uno de los telescopios apunta a Saturno. El otro a la Luna. El primero está contra el reloj, pues el planeta anillado está bajando en el horizonte y falta poco para que se oculte tras unos árboles. En cambio, la Luna ofrece un espectáculo gracias al cielo despejado.

“¡Wao!”, exclama una joven al mirar por el telescopio hacia la Luna. Segundos después le cede el lugar a su amiga. “¡Qué brutal!”, deja escapar tras dar un pequeño brinco.

Armando Caussade, presidente de la Sociedad de Astronomía de Puerto Rico, está junto al telescopio y responde a las preguntas de los observadores, algunos de los cuales  asoman la vista al espacio por primera vez.

Con paciencia de maestro explica los detalles. “Están viendo la Luna en (cuarto) creciente. Se ve el hemisferio norte. Van a ver muchos cráteres, una cordillera”.

De tiempo en tiempo, Armando se acerca al lente, y verifica que el aparato esté colocado en la posición adecuada. En ocasiones, hace pequeños ajustes para reacomodar el telescopio.

“Hay montañitas”, comenta un hombre tras su observación de la Luna.

La siguiente persona usa espejuelos. Armando le pide esperar un instante y dobla la goma que rodea el lente para que le sea más fácil mirar.

La muchacha parece quedarse paralizada por instante. “¡Es espectacular!”, dice con una expresión de asombro, mientras le cede el telescopio al joven que le acompaña.

“¡Ea rayos!”, exclama de inmediato. “¿Viste el cráter?”, le pregunta a su amiga al retirarse del aparato.

Otra joven no sólo observa, sino que se las ingenia para tomar con su tableta una foto de la imagen que se ve a través del telescopio.

En el otro telescopio se escurre la magia de Saturno. El planeta se ve amarillento, con sus famosos aros de color blanco. También se puede ver su luna Titán, que según explica Armando es más grande que el planeta Mercurio y hasta posee su propia atmósfera.

Al pasar de los minutos, Saturno cede por completo el espectáculo a la Luna. Su imagen se oculta detrás de la copa de un gran árbol. Por esta noche, no se dejará ver más.

Armando comenta que más adelante en la noche intentarán ver cuerpos en el espacio profundo, como nebulosas, galaxias o cúmulos estelares. Pero aclara que las condiciones no son buenas para eso por el exceso de luz que hay el área.

Entretanto, el presidente de la Sociedad de Astronomía muestra su satisfacción por el “interés sorprendente” que está mostrando la gente por acercarse a mirar el cielo nocturno. Asegura que ha visto personas que hasta han soltado una lágrima al ver por primera vez por el telescopio a Saturno.

Armando abunda en que la actividad es parte de las más de 50 noches de observaciones que hacen en colaboración con escuelas, universidades y otras instituciones por todo Puerto Rico. Asegura que en la sociedad son un grupo que trabaja de forma gratuita con la filosofía de llevar los telescopios a la comunidad.

Una familia con varios niños pequeños también llega a observar. Otra vez se suceden las exclamaciones de sorpresa.

Pero entonces llega una interesante pregunta. Joel Ortiz Rivera, un niño de siete años, interroga: “¿Por qué se ve allá arriba así, y aquí no?”. En otras palabras, el niño se percató de que la Luna se ve al revés en el telescopio.

Armando le explica qué sucede, describiendo cómo está conformado el telescopio, con dos lentes, el objetivo y el ocular, que hacen que la imagen quede invertida. Abunda en que, añadiendo un lente más podría enderezarse la imagen. “Pero a los astrónomos no nos importa ver la imagen al revés”.

El niño escucha atentamente. Parece retirarse complacido con la experiencia.

“Vi la Luna al revés. Me gustó. Voy a ser astrónomo,  astrónomo y buzo”, dice Joel entusiasmado, antes de subir al vehículo de la familia para irse a casa.

Junto al telescopio, el interés por la Luna ha crecido. Armando detalla a la audiencia los que están observando. Explica que el semicírculo que se ve es una cordillera, los Apeninos de la Luna, que son montañas de 3,000 y 4,000 metros (9,800 y 13,000 pies) de altura. Describe los espacios más planos que parecen valles, y que se ven a simple vista como manchas más oscuras, que son los llamados mares de lava, y que son evidencia que la Luna tuvo actividad volcánica. Sobre un enorme cráter particularmente llamativo en la imagen, Armando explica que tiene unos 160 kilómetros (100 millas) de ancho. “Para que tengan una idea más clara del tamaño, podrías meter a la isla de Puerto Rico completa en ese cráter”.

Minutos después, alguien pregunta por la galaxia de Andrómeda. El experto agarra un apuntador láser para apuntar al cielo la zona en que se encuentra. Mientras busca en el cielo pasa sobre el Cisne, sobre Pegaso, hasta encontrar la estrella de referencia.

Armando aprovecha entonces para mostrar algunas de las otras estrellas más brillantes en el firmamento en esta noche. Busca el llamado Triángulo de Verano. Detecta  Vega, en la constelación de Lira; luego apunta hacia Deneb, en la constelación del Cisne; y finalmente señala hacia Altair, en la constelación Aquila (o Águila). El público sigue con atención el láser en el cielo y su explicación.

“Todo el mundo está un viaje”, exclama una joven al ver al grupo absorto en la observación estelar.

“Es como una terapia”, comenta una mujer que llegó con su esposo al evento de observación.

La curiosidad por Andrómeda hace que intenten buscarla con el telescopio. Pero la contaminación lumínica la ha vuelto casi invisible. “Desde Vieques se ve a simple vista. Eso es una prueba de los estragos de la contaminación lumínica”, exclama Armando, mientras intenta localizar la galaxia por la mirilla del aparato.

Tras varios minutos de minuciosa búsqueda, eventualmente localiza la zona en el firmamento y entonces ajusta el aparato para que se vea la galaxia. “Se ve como una bolita de algodón”, explica Armando, aunque aclara que se ve bien tenue. “Es un cuerpo fuera del Sistema Solar. Está bien lejos. A más de dos millones de años luz”, añade, resaltando que Andrómeda es un conjunto de millones de estrellas, gas y polvo.

El exceso de luz circundante reduce la vista a una casi imperceptible difusa mota de algodón. No obstante, es lo suficientemente interesante para que la decena de personas aún presentes se suceda en turnos para observarla.

“Si hubiera menos luz, se ve la forma ovalada que tiene. Ahora solo se ve el centro, y bien tenue”, dice Armando, condenando el problema de contaminación lumínica. “Como astrónomos, debemos reclamar el cielo. Es un recurso natural. Y digo más. Con la crisis que tiene Puerto Rico, no hay razón para tener tantas luces, como esos parques de pelota que se pasan encendidos toda la noche. Es algo que daña la economía, daña los ecosistemas”.

Armando localiza un objeto más, el doble cúmulo de Perseo. Pero, otra vez, la frustrante contaminación lumínica lo reduce a dos grupitos de pocas estrellas.

No obstante, el astrónomo no pierde el entusiasmo. Antes de recoger el aparato, recomienda mirar antes del amanecer hacia el este. “Pueden ver  Venus, Júpiter y Marte. Esta semana van a estar bien cerca. Venus lo van a ver bien brillante. Marte más rojizo”, explica.

A eso de las 9:30, el profesor Méndez Tejeda le confirma a Armando que 130 personas disfrutaron de la observación. Satisfechos, recogen los telescopios. De salida, aún hay un grupo de jóvenes. Todos miran al cielo, mientras dos de ellos señalan a las estrellas.


💬Ver 0 comentarios