Fotografía cedida por el Museo de Arte de Nevada de la recreación del concepto de diseño para el proyecto Orbital Reflector. (EFE) (semisquare-x3)
Fotografía cedida por el Museo de Arte de Nevada de la recreación del concepto de diseño para el proyecto Orbital Reflector. (EFE)

A lo largo de los años, el ser humano ha enviado satélites, naves y hasta un vehículo al espacio, pero nunca una obra de arte… hasta ahora.

Y es que este 1 de diciembre la nave espacial Falcon 9 de SpaceX, que despegará con 64 satélites de 17 países a bordo, llevará también una carga especial.

Se trata del Orbital Reflector, una escultura diseñada para ir al espacio elaborada por el artista  estadounidense Trevor Paglen, en conjunto con el Museo de Arte de Nevada, cuya inversión fue de $1.3 millones.

Es una estructura en forma de diamante que podríamos llegar a ver desde la Tierra, ya que su tamaño es de 328 pies de largo, y tendrá como objetivo desplegar un globo cuyo material es de tereftalato de polietileno, es decir, un tipo de plástico altamente reflectante. Por esta razón será capaz de reflejar la luz del Sol a la Tierra.

Paglen señala que la idea es que la escultura pueda verse desde nuestro planeta sin necesidad de usar un telescopio. Básicamente, que se camuflaje como si fuera una estrella más en el firmamento.

“Parecerá una estrella que se desplaza lentamente por el cielo, tan brillante como otros astros en la inmensidad del universo”, explicó el creador estadounidense.

Según se especifica en el sitio oficial del proyecto, será “el primer satélite que existirá puramente como un gesto artístico”.

La obra estará en un pequeño satélite llamado CubeSat. Una vez  que este se encuentre en órbita, a unas 350 millas de la Tierra, abrirá y lanzará la pieza, que se inflará como un globo.

Sin embargo, este no ha sido apoyado por todos los sectores, pues miembros de comunidades científicas reprochan esta acción como "un proyecto meramente estético que solo se sumará a las toneladas de escombros que ya hay en el espacio".

Además, se critica que sea un proyecto sin ningún propósito evidente, algo diferente a los satélites que hacen análisis militares, climatológicos, de telecomunicaciones, etc.

Al respecto, Paglen y el museo se defendieron diciendo que la escultura no estaría en el espacio por siempre.

El reflector orbital permanecerá en órbita durante tres meses, antes de caer e incinerarse en la atmósfera.


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