La pandemia de COVID-19 se expande sin pausa en América, obligando en Estados Unidos a prohibir la venta de alcohol en bares de Texas y Florida mientras que Argentina anunció que endurecerá las medidas de cuarentena del 1 al 17 de julio y Brasil superó los 55,000 muertos.

Por Cristian González

Aunque el coronavirus SARS-CoV-2 provocó una pandemia que ha cobrado, hasta el momento, la vida de casi 500,000 personas a nivel global, lo cierto es que no se trata de una familia de patógenos desconocida para la ciencia.

En el reino animal hay cientos de ellos y, en el ámbito de los humanos, además del causante del COVID-19, hay otras seis cepas circulando en la población desde hace mucho. Y el conocimiento sobre cada uno de ellos puede dar pistas de cómo enfrentar al SARS-CoV-2.

De los siete coronavirus que pueden infectar a los seres humanos, cuatro son los causantes de alrededor del 30% de los resfríos comunes. No se asocian a cuadros de mayor gravedad, son autolimitados y no suelen ser mortales, según explicó el doctor Ignacio Silva, infectólogo del hospital Barros Luco y académico de la Escuela de Medicina de la Universidad de Santiago, Chile.

De hecho, el doctor Jin Dong-Yan, catedrático de la Universidad de Hong Kong y experto en estos tipos de virus, sostuvo que estas cepas "están plenamente adaptadas a los humanos y pueden circular entre la población continuamente. Observamos estacionalidad en ellos, con la mayoría de los casos en invierno. En verano, su actividad es reducida", añadió Dong-Yan.

No obstante, las otras tres cepas, que causan las enfermedades SARS, MERS y, ahora, COVID-19, hay que analizarlas con más seriedad.

Si bien todos estos coronavirus han dado el salto, en poco más de un siglo, de los animales al hombre, las cepas más patogénicas surgieron en apenas los últimos 20 años.

Uno es el SARS-CoV-1, el patógeno que causa el Síndrome Respiratorio Agudo Severo (SARS, por sus siglas en inglés), que apareció casi comenzando el milenio y fue el responsable de la epidemia que afectó a más de 8,000 personas en Asia entre el 2002 y el 2003. El caso cero fue relacionado con el consumo de carne de un animal salvaje vendido en un mercado al aire libre en China.

Una década después, de la mano de los camellos, fue el turno del Síndrome Respiratorio de Oriente Medio (MERS), que afectó sobre todo al Medio Oriente y que es, hasta ahora, el coronavirus con mayor letalidad: al menos 34.4 por ciento de las 2,468 infectadas han fallecido. A diferencia del SARS-CoV-2, su transmisión entre humanos es más difícil.

Y es el mecanismo de transmisión altamente eficiente del coronavirus SARS-CoV-2 lo que más preocupa a los científicos. "Tiene una mayor capacidad de contagio y, como no tenemos inmunidad de ningún tipo para este coronavirus, afecta a una cantidad mayor de personas, y eso se asocia a una tasa de complicaciones mayor", enfatizó Silva.

Dato clave

Una de las explicaciones a esta mayor virulencia es la manera como ingresa al organismo, resaltó el doctor Juan Carlos Sáez, subdirector del Instituto Milenio Centro Interdisciplinario de Neurociencia (CINV) de la Universidad de Valparaíso.

"Todos los coronavirus usan una vía de ingreso similar: se pegan a la proteína ACE2 (enzima convertidora de angiotensina 2) para atacar las células humanas. El virus es sumamente efectivo en ese aspecto, lo que facilita que se replique muy rápido y sea más infeccioso", dijo Sáez.

Descifrar por completo el mecanismo de infección puede ser la clave para vencer al novel coronavirus, añadió el galeno. "Se está estudiando cómo el virus ingresa a la célula, a nivel molecular. Eso ayudaría a buscar una forma de interrumpir el proceso, reducir la carga viral y dar tiempo al sistema inmune para reaccionar", precisó Sáez.

Los expertos concuerdan que estos patógenos causarán nuevos brotes a futuro debido al creciente contacto humano con los animales, quienes actuan como reservorios. Los murciélagos, por ejemplo, han sido el punto de origen de algunos coronavirus que afectan a los humanos pese a que no brincan directamente a las personas, sino a través de otra especie intermedia.

Un reciente estudio que tomó como base 1,200 análisis genéticos de coronavirus hallados en más de cien especies de murciélagos en China reveló que varios tienen "un alto potencial de transmisión entre especies".


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