Diversos científicos trabajan a marchas forzadas para disminuir los efectos del cambio climático en la Antártida (EFE).

El deshielo de los glaciares es uno de los principales problemas que se derivan del calentamiento global, y de no frenar este fenómeno las consecuencias serán peores en algunos años, como podría ser el aumento en los niveles de los océanos.

Es por ello que diversos científicos trabajan a marchas forzadas para disminuir estos efectos, y una de las más recientes propuestas consiste en bombear enormes cantidades de nieve artificial sobre la superficie de los glaciares de la Antártida Occidental para estabilizarlos.

En un estudio, publicado en la revista Science Advances, se señala que los investigadores encargados de este planteamiento analizaron un modelo experimental de geoingeniería, con la intención aprender lo necesario para apuntalar los glaciares que peligran en la Tierra.

“No existe una alternativa para reducir las emisiones de carbono a cero y mantener el Acuerdo Climático de París, pero incluso si el planeta no se calentase más, ya habríamos causado un daño muy grave”, dijo Anders Levermann, experto en clima del Instituto Potsdam para la Investigación del Impacto Climático.

“Un proceso que se está desarrollando actualmente en la Antártida Occidental debido al calentamiento del océano, es que todo el hielo marino de la Antártida Occidental se verterá sobre el océano”.

Los investigadores utilizaron un modelo climático para simular el continuo derretimiento de la capa de hielo y luego aumentaron la cantidad de nieve, que se acabaría convirtiendo en hielo al compactarse.

Los hallazgos muestran que añadir hasta 33 pies de hielo al año durante 10 años sería suficiente para proteger a los glaciares de la Antártida Occidental de una desestabilización total si nuestro clima actual se mantuviera como está.

Esto sería el equivalente a añadir 7,400 millones de toneladas de hielo, es decir, seis veces el volumen del Canal de Panamá, según reveló alsitio Gizmodo Jane Flegal, experta en políticas científicas.

Sin embargo, esta propuesta también presenta algunos inconvenientes, pues, de acuerdo con el propio estudio, habría que bombear agua del océano a 2,000 pies de altura para llegar a la superficie de los glaciares, desalinizar dicha agua y luego convertirla en nieve o encontrar una manera de almacenarla durante el tiempo suficiente para que se congele.

Esto requeriría enormes cantidades de energía sobre uno de los lugares más duros y remotos de la Tierra. Además de que podría tener consecuencias involuntarias al bajar el nivel global del mar debido al bombeo de agua, y acabar alterando por completo los patrones de circulación oceánica.


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