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El hallazgo podría aplicarse a otras catástrofes naturales, como avalanchas o deslizamientos de tierra (EFE).

Durante las erupciones volcánicas, los flujos piroclásticos pueden superar fácilmente distancias de decenas de millas sin una pérdida apreciable de velocidad.

Hasta ahora, no se sabía con exactitud cómo es que esta mezcla de gas, cenizas y fragmentos de rocas, avanzaba tanto y tan rápido, representando un gran riesgo para los humanos, ya que es responsable de alrededor del 50% de todas las muertes por erupciones volcánicas.

Sin embargo, un equipo de investigadores de Nueva Zelanda y EE.UU. descubrió que esto se debe a una capa de aire cuya energía cinética aumenta cuando choca contra el suelo, provocando que el flujo piroclástico se mueva a una velocidad más rápida y a una distancia más larga de lo que debería.

Como resultado, el aire se mueve desde el interior a la base de la corriente, generando una especie de “burbuja lubricante” que la separa de la superficie terrestre.

Para ello, los científicos simularon en el laboratorio una erupción, y lanzaron el flujo del material piroclástico calentado por una rampa de 40 pies de largo, grabando todo el proceso con una cámara de alta velocidad.

El estudio correspondiente fue publicado en la revista especializada Nature Geoscience, y en él se menciona que el flujo volcánico improvisado alcanzó una velocidad de más de 62 millas por hora.

Según afirmaron los autores del estudio, el hallazgo podría aplicarse a otras catástrofes naturales, como avalanchas o deslizamientos de tierra.


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