La enfermedad causada por este hongo afecta al menos a 501 especies de anfibios, de las que ha llevado a la extinción a 90. (semisquare-x3)
La enfermedad causada por este hongo afecta al menos a 501 especies de anfibios, de las que ha llevado a la extinción a 90. (EFE)

La quitridiomicosis es una enfermedad que ataca la piel de los anfibios e impide la correcta regulación del agua y los electrolitos, generando una falla cardíaca en los animales.  

Esto es provocado por un hongo originario de Asia conocido como Batrachochytrium dendrobatidis, y es nada menos que el causante de la extinción de decenas de especies de ranas y sapos en todo el mundo.

Así lo revela un estudio publicado en la revista Science, donde un grupo de científicos determinó que esta enfermedad afecta al menos a 501 especies de anfibios, de las que ha llevado a la extinción a 90, en más de 60 países.

“Se trata de una enfermedad muy virulenta que afecta a la fauna silvestre y está contribuyendo a la llamada Sexta Extinción masiva de especies en la Tierra”, explica Ben Scheele, investigador de la Universidad Nacional de Australia y autor principal del trabajo.


La situación es alarmante si se tiene en cuenta que los anfibios son la clase natural más amenazada, pues según cifras de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), de las 7,500 especies conocidas, el 41% están catalogadas como “vulnerables”, “en peligro” o “en peligro crítico” de extinción, y unas 168 ya están consideras como “extintas”.

De acuerdo con los autores de la investigación, esta pérdida de biodiversidad es la mayor asociada a una enfermedad en la historia del planeta, y consideran al hongo, la especie invasora más destructiva que se conoce, comparable a las ratas y los gatos por la cantidad de especies que cada una de ellas pone en peligro.

La globalización y el comercio de especies son las principales causas de esta pandemia y las que permiten que la propagación de ésta y otras enfermedades continúe”, afirma Scheele en el estudio.

“Los humanos movemos plantas y animales alrededor del mundo a un ritmo cada vez más rápido, introduciendo patógenos en nuevas zonas”, añadió.


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