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En 2013 se detectó que la tela pertenecía al año 33 a. C. con un margen de error de 250 años. (Twitter/@news_vaticano).

La Sábana Santa de 13 pies de largo, con la cual fue envuelto el cuerpo de Jesús de Nazaret después de ser crucificado es una de las reliquias del cristianismo más importantes y controvertidas en el mundo, porque aún no existen científicamente pruebas de su autenticidad.

El Sudario de Turín, como también se le conoce, ha pasado por muchas investigaciones. La reliquia fue encontrada en Francia en 1353 y en 1898 se descubrió que en la tela estaba dibujado un rostro humano. A finales del siglo XX, los científicos empezaron a estudiar la sábana con el uso de nuevas tecnologías.

Los resultados de la prueba con carbono de 1988 señalaron que la tela fue creada en 1275-1381. Sin embargo, se creía que la tela se había visto afectada durante un incendio en 1532, lo cual contradecía los datos recabados.

En 2013 se detectó que la tela pertenecía al año 33 a. C. con un margen de error de 250 años. Sin embargo, estos datos no fueron suficientes para que el Vaticano lo clasificara como reliquia cristiana.

La revista Journal of Forensic Scientists publicó recientemente la última investigación realizada a la Sábana Santa, donde el médico forense y antropólogo británico Matteo Borrini y el especialista en química Luigi Garlaschelli afirman que, según su estudio, las manchas en la tela no podrían ser creadas por un cuerpo envuelto en ella.

En las pruebas tomó parte un voluntario, al cual los investigadores fijaron tubos con sangre humana y un edulcorante artificial, simulando las heridas en el cuerpo, manos y pies de Cristo. De esta manera, observaron cómo goteaba la sangre cuando el voluntario estaba de pie, tumbado, sentado, con los brazos cruzados, etc.

Los científicos trataron de descubrir inicialmente la posición en la que fue colgado Jesús. No obstante, los resultados revelaron algo diferente. Las manchas en la sábana ponen de relieve que la sangre de las manos corrió en un ángulo de 45 grados, algo que no es posible para un cuerpo tumbado, según afirman los expertos.

"El ángulo entre cuerpo y hombro debe ser de entre 80 y 100 grados para que los chorros de sangre escurran de muñeca a codo y a la parte externa de antebrazo, como se ve en el Santo Sudario", ratifican los investigadores.

La sangre de la herida en el pecho chorreaba en la misma parte de tela donde hay una mancha en el Sudario de Turín, si bien no formaba una mancha completa, sino solo líneas de sangre. Ni siquiera fueron capaces de recrear una de las manchas en la reliquia.

"Suponiendo que las manchas en el Sudario de Turín sean las huellas de sangre de las heridas infligidas a Cristo tras la crucifixión, hemos descubierto a través de experimentos que la supuesta corriente de los chorros de sangre no coincide con estas manchas. Incluso si aceptamos la posibilidad de situaciones diversas cuando sangraba Cristo, por ejemplo, después de trasladar el cuerpo o después de la muerte”, señala el artículo.

Su conclusión es que la tela probablemente sea una reliquia hábilmente fabricada en el Sigo XV con fines didácticos o simplemente artísticos.

Queda pendiente aún el misterio de cómo se creó la marca tridimensional de una persona en la tela. Hasta que ese interrogante no se resuelva, ni la iglesia ni la ciencia se podrá posicionar firmemente al respecto de la autenticidad.


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