Varias personas aguardan en el suelo para entrar a una tienda y adquirir comestibles. (EFE / Yander Zamora)

La Habana, Cuba - Cuba reportó hoy, por quinto día consecutivo, más altas que casos positivos por la COVID-19 y mantiene un evidente control de la dispersión de la pandemia, gestión que tiene como su mayor enemigo al desabastecimiento de alimentos y productos de aseo, el cual ha provocado largas aglomeraciones en tiendas y mercados, sobre todo, en La Habana, que se ha convertido en el mayor foco de contagios en la isla.

A las 12:00 de la noche del martes, cuando Cuba cierra su reporte dado a conocer hoy, la isla llevaba cinco días reportando más pacientes recuperados de la COVID-19 que nuevos casos confirmados, según el Ministerio de Salud Pública (Minsap).

Francisco Durán García, director de Epidemiología del Minsap, dijo en conferencia de prensa que el país diagnosticó 18 nuevos casos, ocho de ellos en La Habana, mientras que recibieron el alta médica 41 pacientes.

Cuba acumula 1,001 pacientes dados de alta, mientras tiene 1,703 casos confirmados a la COVID-19, aunque de ellos sólo 631 se mantienen como activos con síntomas.

Por segundo día consecutivo Cuba no reportó fallecidos por esta enfermedad causada por el coronavirus SARS-CoV-2, por lo que las muertes acumuladas se sostiene en 69.

Las autoridades sanitarias piensan que el pico de esta primera ola de contagios se dio la semana pasada y que le están ganando el primer asalto a la enfermedad, aunque han llamado la atención de que este es sólo el inicio de una larga pelea, por lo que los cubanos no deben bajar la guardia.

“Para no llegar a la tercera etapa de la enfermedad COVID-19, la epidémica, debemos seguir manteniendo las medidas de restricción”, sostuvo Durán García, al referirse que Cuba está todavía en la etspa dos de la emergencia, la de contagios locales, pero focales, no desparamados.

El Minsap dividió el enfrentamiento a la COVID-19 en tres fases: la primera, de transmisión foránea; la segunda de transmisión local, pero localizada, y la tercera, epidémica o generalizada.

Durán García destacó que “es el quinto día en que las altas médicas superan el número de casos confirmados como positivos, noticia que resulta alentadora, aunque no ha llegado el momento de detener las medidas tomadas, pues puede presentarse una segunda ola de la enfermedad”.

Mientras los casos en las provincias se siguen reduciendo a paso acelerado, no es la realidad en La Habana (809 casos acumulados o 47.5%), donde la enfermedad ha encontrado terreno fértil para afincarse entre una población que, en su mayoría, respeta las directrices del gobierno, pero que tiene que alimentarse, por lo que debe salir a la calle a buscar suministros, una aventura cada vez más compleja.

Las tiendas y mercados capitalinos están abarrotadas por cientos de personas que a diario hacen largas filas o se meten en aglomeraciones para conseguir raciones limitadas de productos como pollo, cerdo, jamón, queso, leche y otros alimentos básicos, además de artículos de limpieza y aseo personal.

“Esto está malo y se va a poner peor. No hay otra que hacer estas colas para conseguir de lo que haya, porque no hay otra, aunque yo preferiría no hacerla, pero no tengo quien la haga por mí”, sostuvo Dalia Rivera, quien hacía una fila en un mercado capitalino en Centro Habana.

Las colas están abarrotadas por dos tipos de personas, los ciudadanos en busca de suministros para sus casas y los acaparadores que intentan llevarse todo lo que pueden, para revenderlo en el mercado negro.

Las filas se tornan enormes porque la policía dispone un espacio de tres pies entre una y otra persona, mientras que dentro de la tienda sólo pueden estar hasta cinco personas a la vez - además de los empleados-, lo que torna el proceso lento, que, cuando se suma la cantidad de gente formadas, acaba en largas horas de espera para los compradores.

Los cubanos han recurrido a la formación de grupos en redes sociales y plataformas como WhatsApp para alertarse de las tiendas que tienen suministros o de personas que venden mercancía en el mercado informal.

El problema del mercado informal es que suele ser mercancía acaparada o desviada de las tiendas estatales de forma ilegal, lo cual provoca desabastecimiento en los lugares donde compra la mayoría de la población, que no tiene acceso a ese sistema de comunicación.

La situación es tan seria que productos como el arroz y el cerdo, elementales en la canasta familiar cubanas, escasean y son muy preciados en las calles cubanas.

El ministro de Agricultura, Gustavo Rodríguez Rollero, sostuvo que, en referencia al arroz, “por dificultades con los insumos, se incumplió la siembra de la época de frío en 22,000 hectáreas. Actualmente se desarrolla la siembra de primavera, con un atraso de 4,600 hectáreas. Hicimos una reunión con las empresas arroceras del país y mandamos a que se reunieran con los más de 10,000 productores de arroz del territorio nacional. La gente quiere producir arroz, tenemos un programa arrocero, tenemos tierra, agua en algunos lugares. Cuba necesita producir arroz”.

En relación con la producción de carne de cerdo, indicó que “la producción porcina se encuentra hoy en apenas unas 9,000 toneladas mensuales y se estima que pueda incrementarse a unas 11,000 toneladas por mes en septiembre, de asegurarse los alimentos para la ceba, fundamentalmente de producción nacional”.

Las autoridades han tomado medidas extremas para frenar el éxodo de insumos hacia el mercado negro y para ordenar las largas colas en las tiendas y mercados, de modo que no se conviertan en un foco de infección generalizado en la capital.

El gobierno capitalino indicó que hasta la fecha, superan las 17,000 medidas de control, que abarcan imposición de multas, retiro de licencias y del permiso de arrendamiento de locales estatales a pequeños empresarios, ante intentos de violar los precios topados, otro de los problemas que enfrenta la población a la hora de adquirir comida o productos de aseo.

Orestes Llanes Mestre, coordinador del Programa de Fiscalización y Control del Gobierno de La Habana, destacó que el momento actual demanda “ser implacables”, ante la creciente tendencia de timar al cliente en la relación precio-peso-calidad.

Las autoridades no han logrado poner coto a las malas prácticas ni abastecer los mercados de manera generalizada, lo cual provoca las aglomeraciones de gente que podrían acabar por echar por el suelo el logro de controlar los contagios de la COVID-19.

Su estrategia para impedir llegar a una fase epidémica es que la población respete las medidas de aislamiento social, entre las que se disponen el uso compulsorio de mascarillas en la calle, el lavado de manos antes de entrar a las tiendas y guardar distancia en las largas filas.

El primer ministro Manuel Marrero Cruz, alertó que “la confianza es un gran enemigo, por tanto tenemos que continuar con todas las medidas para el aislamiento social. Aún cuando estamos mejor, éste es el momento crucial para continuar bajando los indicadores y para ello tenemos que seguir, con mucha disciplina, aplicando todas las medidas”.

Un llamado justo a la precaución, pero que pone a la población entre el dilema de no comer o no infectarse.


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