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La Habana, Cuba - Lo que en las calles era un secreto a voces fue confirmado hoy por el gobierno cubano, que anunció oficialmente el inicio de un plan de racionamiento de alimentos y productos de aseo, como medida inicial para enfrentar la falta de solvencia en divisas que experimenta su economía, la cual se ha recrudecido tras nuevas sanciones económicas impuestas por Estados Unidos.

La ministra de Comercio Interior (Mincin), Betsy Díaz Velázquez, informó hoy que “para lograr una distribución justa y racional y evitar el acaparamiento, el Mincin implementa de forma progresiva varias medidas en la red minorista de productos alimenticios y de aseo e higiene”.

La ministra dijo a la prensa que “la política del Estado es cada vez más incrementar las ofertas, pero ante determinadas escaseces es necesario regular y controlar la venta de determinadas mercancías, lo cual no significa que vuelvan a ser productos normados por la libreta de abastecimiento”.

Díaz Velázquez subrayó que, como había alertado la máxima dirección del país, Cuba vive una compleja coyuntura de tensiones financieras a partir de las medidas de presión tomadas por Estados Unidos por su ayuda al gobierno venezolano, lo cual ha obligado a buscar mercados más distantes y más costosos para adquirir insumos, lo que ha impactado los niveles de abastecimiento a la población.

Cuba tomará medidas para la regulación en la compra detallada de renglones básicos como el pollo, el huevo, la salchicha, y otros de aseo e higiene, aunque eso no significa que saldrán de los estantes.

El pollo, un alimento que depende únicamente de las importaciones, se venderá de manera regulada a dos paquetes por persona y no se venderá más en cajas completas. Los productos de aseo, como el jabón de lavar y el de baño, se venderán de manera regulada.

Las ventas de huevo, arroz, frijoles, chícharos y salchichas, se podrán adquirir sólo a través de la libreta de abastecimiento, no en los llamados “mercados liberados”, lo cual impactará, por ejemplo, a la población extranjera, que no puede acceder al programa de alimentación gubernamental.

“En este primer trimestre hay productos como el aceite, el huevo, el arroz, entre otros, cuyos abastecimientos se han mantenido estables e incluso se han incrementado, pero la demanda se ha disparado, en algunos casos al doble de igual período del año anterior, como consecuencia de la falta de otros surtidos que tradicionalmente compensaban la dieta familiar o el desabastecimiento que provocó compras en exceso”, afirmó.

La medida afectará directamente, según la ministra, a los operadores de negocios privados, como restaurantes, reposterías y casas de alquiler, pues no podrán adquirir productos como arroz, pollo, huevo, entre otros, hasta tanto se garantice el consumo por parte de la población.

En Cuba no hay un mercado mayorista ni colmados o supermercados privados, como pasa en el mundo capitalista. Todo el mundo compra en los mismos mercados estatales la mercancía que está disponible, lo cual genera problemas de disponibilidad por el acaparamiento.

Cuba importa anualmente más de 2,000 millones de dólares en alimentos desde países distantes que pueden burlar el bloqueo o embargo de Estados Unidos a la isla, como naciones europeas y asiáticas, pero los costos de transporte son enormes.

Así, los efectos de la presión económica desatada por Estados Unidos han comenzado a sentirse en la isla, que sufre los primeros visos de problemas de abastecimiento y de financiación, los cuales se sienten de lleno en los mercados cubanos, donde la población empieza a pasar más trabajo del normal para conseguir los insumos básicos.

El propio presidente de Cuba, Miguel Díaz-Canel, reconoció la coyuntura especial que vive el país.

“Sabemos que estamos viviendo tiempos difíciles”, dijo Díaz-Canel. “Hemos tenido problemas de abastecimiento, de financiamiento y otras limitaciones producidas por las nuevas medidas de Estados Unidos, la persecución financiera y el recrudecimiento del bloqueo”, expresó.

El origen de la crisis se explica desde dos variantes.

La primera estriba en el bloqueo o embargo económico de Estados Unidos, el cual se ha recrudecido desde la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, quien ha presionado con dureza a la isla, sobre todo, desde que estalló el conflicto político en Venezuela. 

Cuba venía de un periodo de gracia económica provocado por el acercamiento promocionado por la administración de Barack Obama, pero ese crecimiento se derrumbó y la presión de Trump, que incluye desde el intento de bloquear el suministro de petróleo venezolano hasta la expansión del alcance de la Ley Helms-Burton, se ha convertido en un problema serio para la débil economía de la isla, que se espera apenas crezca un nominal 1.0 por ciento este año.

La estrategia de Estados Unidos se ha centrado en generar suficiente incertidumbre para persuadir a los potenciales inversores de poner dinero en Cuba, a los tanqueros internacionales de llevar petróleo venezolano subvencionado a los puertos cubanos y de disuadir a los viajeros estadounidenses de dejar dólares en el país, de modo que la disponibilidad de efectivo se reduzca y provoque una crisis de disponibilidad de divisas aguda.

La segunda causa se origina en el daño autoinfligido. La ley de inversión extranjera no acaba de afincarse debido a la extensa burocracia y a las intenciones del gobierno cubano de crear empresas con capital privado, pero manteniendo el control mayoritario sin hacer inversiones de capital, lo cual desmotiva a los inversores.

Por otro lado, están la corrupción y la ineficiencia, que tiran por la borda importantes recursos de importación o limitan la producción nacional, lo cual inglige un daño doble a la economía, a lo que se suman los problemas estructurales comunes de un modelo socialista, como la alta subvención de alimentos y servicios de salud.

La combinación de ambos factores ha derivado en la acumulación de deuda hacia los suplidores internacionales, quienes han limitado sus importaciones o las han detenido por completo, hasta tanto Cuba comience a pagar deudas retrasadas, algunas de las cuales datan de tres años. 


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