El baterista Fidel Morales. (GFR Media)

La Habana, Cuba - Si la investigación y el riesgo de desandar nuevos caminos han sido una constante en su trayectoria, también el regreso a los orígenes ha marcado la obra del percusionista cubano-boricua Fidel Morales, quien repite este año como uno de los animadores de lujo del prestigioso Festival Jazz Plaza 2020.

El destacado músico, arreglista y profesor recuerda con sumo agrado su incursión en la música bailable al frente de la Orquesta Layé, que gozó y amplió reconocimiento de su Cuba hace tres décadas, pero se confiesa un absoluto hombre de jazz, por lo que regresa cada vez que puede al festival que le abrió las puertas por primera vez como baterista profesional.

“Estar aquí siempre es retador”, afirma Morales, cubano residente en Puerto Rico, poco después de protagonizar una sólida presentación en el Teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, donde además de los boricuas Ángel David Matos (piano), Gabriel Rodríguez (bajo) y Norberto Tico Ortiz (saxofón), le acompañaron varios de los más sobresalientes del jazz cubano contemporáneo, como el maestro Bobby Carcasés, los trompetistas Yasek Manzano y Julito Padrón, el cantante Rubén Bulnes y el joven tecladista Jorge Luis Lagarza.

“Es uno de los conciertos que más he disfrutado en mi carrera. Fueron casi dos horas de un rico intercambio y me encantó ver esa interacción entre músicos que apenas se conocían. Es una de las grandes cosas de estas oportunidades”, asegura antes de comenzar su diálogo con El Nuevo Día.

¿Qué te hace regresar siempre al Jazz Plaza, casi el punto de partida de tu carrera?

“Pues precisamente regresar a las raíces. Siempre es bonito regresar a tu punto de partida y casualmente uno de los temas de mi próximo disco, al que apenas le faltan dos tres canciones por grabar, se llama Camino a casa. Es algo bien simbólico, porque tiene que ver con eso, con las cosa que uno encuentra en el camino, cuando se dedica a investigar o a tratar de conocer más sobre los temas de interés en tu profesión. La vuelta que da siempre, por lo menos en mi caso, el interés de reconocer dentro de mí mismo todas las cosas que he aprendido y cómo las puedo vincular a mi origen, a lo que soy. Siempre al final sale tu personalidad, así que es una cosa que hay que dejar que pase. Este festival de jazz fue el primer festival serio en el que toqué después que me hice profesional… Siempre me trae de vuelta a casa poder sentir ese ambiente que hay en Cuba, donde nos gusta la música del jazz, siempre con nuestra personalidad caribeña, con la cave, con el tambor batá, y todo es posible”.

Después de tantas participaciones, ¿cuáles eran tus expectativas para esta edición?

“Más que todo lo estoy mirando desde la función que estoy realizando ahora. Hace relativamente muy poco tiempo me dieron la responsabilidad de dirigir un departamento de jazz y música caribeña en el Conservatorio de Puerto Rico y la asumí tratando de encontrar la posibilidad de hacer algo interesante o positivo, dejar alguna cosa buena en esa misión. Creo que una de las mejores cosas que se puede hacer desde esa posición es unir culturas. Eso tiene que ver mucho con el jazz, tiene mucho que ver con la parte artística que nos viste. Ahora mismo estoy muy interesado en ver cómo colaboramos y esa colaboración se ha dado muy bonita en esta ocasión.

Desde la sostenida relación con tus raíces y a pesar de la distancia, ¿pudieras evaluar la salud del jazz cubano o del jazz caribeño en general?

“A mí siempre me resulta interesante lo que pasa con la música cubana… Aquí la música no para. Si bien es cierto que tienen una forma bien peculiar de hacer, porque cuando tu permaneces en un mismo territorio, la gente inevitablemente se escucha, lo que no quiere decir que se copie, está en el ambiente una manera de tocar y eso los identifica. En los músicos cubanos la manera de proyectar el jazz es muy peculiar, técnica agresiva con mucho ritmo, cosas muy particulares que llaman mucho la atención a la gente que no viene de esa línea. En el caso de Cuba siempre me resulta interesante la forma que se proyecta y los caminos que toma. En el caso del Caribe, igual. Se está sumando cada día más, la gente está cogiendo consciencia de su pertenencia”.

¿Cuáles serían entonces las tendencias más renovadoras en ese jazz que se está haciendo en el Caribe?

“No soy el más indicado para dar respuesta a esa pregunta, porque en los últimos años he estado más preocupado y ocupado en ver qué es lo que puedo ofrecer. Escucho lo que está pasando, pero no es como antes, que pasaba más tiempo analizando lo que la gente estaba haciendo. Ahora los escucho, me parece interesante, pero no necesariamente es una línea que sigo”.

Entonces, ¿qué le interesa a Fidel Morales aportar al jazz en estos momentos?

“De algún modo está relacionado con las cosas que estudio sobre mi instrumento. Como no lo veo como un instrumento de percusión solamente, sino que lo veo como algo más allá, melódico, como un instrumento armónico, le encuentro una relación al jazz con la música milenaria, con las cosas antiguas”.

Hay en camino una nueva producción, ¿qué propuestas nos traes con este disco?

“Estoy pensando en este nuevo disco en algo más acústico, sin abandonar los colores que te pueden proveer un teclado. Estoy pensando en la preponderancia de un piano acústico, de un contrabajo. Intento en esta ocasión –y digo intento porque muchas veces no me sale- escribir más sencillo que en mi disco anterior. Hasta ahora no creo que lologré, porque he tocado varios temas de esa producción en estos conciertos y ensayando con los colegas, me dicen que están complicados, aunque suenan fácil. Trato de hacerlo para simplificarme la vida, pero todavía no me sale”.

¿Cómo anda ahora mismo la aceptación del jazz en Puerto Rico?

“Aunque no sabría darte una valoración categórica, sí puedo decir que no es como uno quiere. Hay público, tuvimos un festival que duró mucho tiempo, pero queda mucho trabajo por hacer. Creo que el género mismo y la gente que lo hacemos, debemos pensar en varias ideas para ver cómo logramos integrar más a las personas, no sólo a las cosas que nos gustan a nosotros, sino también en cómo la ofrecemos. Tenemos que pensar en la industria, en el mercadeo, en la parte visual. Yo no dudo que en la parte musical a la gente le guste, pero está demostrado que hay otros elementos en la industria que influyen más en que la gente asista y no se convierta en una música solo para un grupo de personas”.

Más allá del nuevo disco, ¿cuáles son los planes futuros para tu música?

“Después de este festival salgo hacia Panamá, para seguir esta parte de la docencia. Daré una clase magistral de batería y una clínica. Es algo que me encanta y que seguiré haciendo a mi regreso a Puerto Rico. Esa parte de mi carrera, me encanta, porque toco solo y me obliga a ejecutar para gente del instrumento, me obliga a pensar en el instrumento como uno no acompañante. Y además de escribir el par de temas para terminar este disco, pretendo culminar una colaboración que quiero hacer con Horacio ‘El Negro’ Hernández, que empezamos cuando hicimos el encuentro de bateristas en Puerto Rico en 2017… Como director del Departamento del Jazz y Música Caribeña hice un primer encuentro de jazz mezclado con música clásica y tuvo mucho éxito, ahora queremos hacer un encuentro más grande, aprovechando todos los elementos que tiene la universidad, con orquesta sinfónica, coros, y escribir para eso. Espero que vuelva a ser un gran éxito”.


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