(Agencia EFE)

La Habana, Cuba - Las autoridades cubanas tomaron la decisión de enfrentar el Título III de la Ley Helms-Burton en los tribunales estadounidenses, una determinación que no es novel, pero sí sorpresiva, pues colocará a dos corporaciones cubanas de frente al coloso petrolero ExxonMovil.

Tras la activación del Título III de la Ley Helms-Burton el pasado 2 de mayo por Estados Unidos, las empresas cubanas Corporación Cimex S.A. y la Unión Cuba Petróleo (Cupet) fueron demandadas en una corte federal de Washington D.C. por la multinacional ExxonMovil, la que reclama que el gobierno revolucionario confiscó ilegalmente sus propiedades en la isla, las cuales son ocupadas hoy en día por las compañías estatales demandadas.

La prensa oficial cubana informó sin mayores detalles que se “han dado los pasos formales, por medio de sus abogados, para defenderse en una corte federal del distrito de Columbia”, en Estados Unidos.

“No es la primera vez, ni es inusual, que entidades cubanas defiendan sus intereses en el sistema judicial estadounidense. Desde 1960, en más de 40 oportunidades, lo han hecho, y han obtenido veredictos favorables en varios casos”, sostiene el informe estatal.

El más notorio de esos casos es la guerra por la marca “Havana Club”, la cual es mercadeada por Bacardí en Estados Unidos y por Cuba en el resto del mundo. Las autoridades cubanas, que manejan la venta de ese ron con la francesa Pernod Ricard, lograron que la Oficina de Patentes norteamericana le otorgara en el 2016 los derechos de esa marca, aunque el pleito sigue debatiéndose en los tribunales.

Lo novel del caso de ExxonMobil es que es la primera respuesta directa de las autoridades cubanas a uno de los nueve pleitos corporativos conocidos que se han entablado bajo el manto del Título III, el cual permite a empresas o ciudadanos estadounidenses demandar a compañías cubanas o extranjeras que operen en instalaciones confiscadas por la Revolución tras su triunfo en 1959.

ExxonMovil reclama que la refineria Ñico López fue nacionalizada en 1960 cuando era de su propiedad sin recibir compesación alguna. Cuba, por su parte, sostiene que el proceso de nacionalización en la década de los 60 se hizo siguiendo los parámetros legales internacionales y que Estados Unidos fue el único país que no llegó a un acuerdo con el nuevo gobierno revolucionario.

El pleito tiene muchos riesgos para Cuba, pues enfrentará un foro poco receptivo a sus puntos, aunque será un escaparate para defender su perspectiva de que la Ley Helms-Burton no procede, dado que el gobierno de Fidel Castro Ruz siguió, según las autoridades cubanas, el derecho internacional vigente, por lo cual el reclamo legal no debe proceder.

Causará, igualmente, un largo proceso judicial que podría, incluso, llegar a las puertas del Tribunal Supremo estadounidense, lo cual sería completamente inesperado para el gobierno de Donald Trump, el promotor de la activación del Título III, que por su carácter extraterritorial nunca había sido puesto en ejecución desde que la Helms-Burton fue aprobada en 1996.

Con su respuesta al pleito, Cuba complicará, igualmente, cualquier congelación de los pocos bienes directos que llegan a la isla desde Estados Unidos, como las remesas, que se mueven entre ambos países a través de la empresa estadounidense Western Union y las cuales ExxonMovil podría reclamar como parte de su compensación.

“Es una situación muy interesante. Cuba se lanza porque sabe que puede ganar, pues es una ley extraterritorial. Además, va a bailar a la casa del trompo y podrá decir y dejar en el récord legal los argumentos que Estados Unidos no quiere escuchar en los foros políticos. Y si pierde, entonces dirá que el bloqueo le impide pagar y podría demandar las leyes del bloqueo para que se le faciliten los pagos. Se ha abierto una puerta muy, muy interesante para Cuba y que Estados Unidos no vio venir”, afirmó a El Nuevo Día un diplomático radicado en La Habana que sigue de cerca el caso y que prefirió no ser identificado.

Todavía no ha surgido documentación oficial de la parte cubana, pero si el pleito madura como pinta, la guerra legal será sin precedentes.


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