Arturo O'Farrill sabe que ahora mismo las posibilidades de encontrar apoyo del gobierno norteamericano para un canal cultural con Cuba son ínfimas. (GFR Media)

La Habana, Cuba - El prestigioso pianista, compositor y educador Arturo O'Farrill ha viajado muchas veces a la “Mayor de las Antillas” durante los últimos años y no tiene intenciones de dejar ese vínculo, menos ahora cuando las tensiones entre la isla y el gobierno estadounidense viven su peor momento de la última década. 

Arturo O'Farrill, de 58 años, es hijo del reconocido músico cubano Chico O'Farrill (1921-2001) y de una cantante mexicana. La familia se mudó a Nueva York en 1965, donde Arturo fue testigo del entorno creativo de su padre, que se codeaba con grandes del jazz como Dizzy Gillespie y Stan Getz, y de la música latina, como el boricua Tito Puente y la diva de Fania, Celia Cruz.

Cuba y Puerto Rico, por lo tanto, son dos importantes columnas en la educación sentimental y musical de Arturo, ganador del Grammy Awards en 2009, 2015, 2016 y 2018. 

La más reciente de sus visitas a La Habana fue este mes, cuando O’Farrill cerró el Coloquio Internacional Latinos en los Estados Unidos, celebrado en la Casa de las Américas de la capital cubana. Allí presentó un concierto junto a Jorge Francisco Castillo, fundador del proyecto Fandango Fronterizo, que reúne artistas a ambos lados del muro físico e ideológico levantado en la frontera mexicana y que pretender ser extendido por Donald Trump.

La música sencilla que hago con mi gente de Veracruz es de alma y pueblo, y también tiene un punto de conciencia y política. Esto no me va a llevar muy lejos en el mundo del jazz, pero me va a llevar lejos en el corazón. Jorge junta gente en la frontera de Tijuana y San Diego, para celebrar la vida allí, con los guardias y perros, con el muro por medio”, explicó O'Farrill a El Nuevo Día.

La vocación social también le ha llevado desde 2010 a ser presencia constante en el puente entre el pueblo norteamericano y el cubano, a tal punto que estuvo entre los invitados a la reapertura de la Embajada de los Estados Unidos en La Habana (2015), luego del deshielo favorecido por los expresidentes Barack Obama y Raúl Castro.

“Siempre al llegar a Cuba me siento como si la tierra misma me agarra, la amo, y veo gente en las calles y es como me pasa en México: los siento de mi sangre. Eso no me sucede en Nueva York”, dijo el músico.

“Estamos en un momento tan peligroso y feo en los Estados Unidos que también yo vengo a decir: vamos a trabajar, a sufrir juntos, porque el bloqueo económico tiene que parar, y los actos contra los migrantes tienen que parar. No podemos seguir así”, agregó. 

El prestigioso maestro en varias universidades y colegios norteamericanos confía en que “Cuba puede seguir, no nos necesita, tienen su sufrimiento, pero han aprendido a sobrevivir”. 

Afirma que “los Estados Unidos necesitan a Cuba para que nos enseñe a sobrevivir en tiempos de opresión, sufrimiento, a cómo inventar con alegría, creatividad, solución… Esa es la razón por la que yo pienso que aquel gobierno tiene tanto miedo a Cuba, porque por más de 60 años tiene su propia identidad. Para mí llegar aquí es siempre como un renacimiento”.

Entre sus próximos proyectos, hay uno que lo tiene muy entusiasmado, pues se trata de un disco junto a los legendarios rumberos los Muñequitos de Matanzas, una suite afrocubana que prevé grabar con la discográfica cubana Egrem. 

“Estoy contra elitismo, no pienso separadas la música clásica, folclórica y jazz, tengo todo en el mismo lugar en mi corazón. Muchas veces la gente usa elitismo para reforzar poder económico, político”, sostuvo. 

“Para mí lo que hacen los Muñequitos y otros grupos folclóricos es la música más linda, y yo soy entrenado, mis títulos son en música clásica, puedo tocar Chopin, lo que sea. Pero cuando vengo a escuchar los músicos afrocubanos me pongo a llorar como un bebé, porque es lo más lindo que yo pueda pensar y oír. Hay una cosa en esa música que me recuerda a Bach, más que todo hay alma en esa música, hay soul, hay swing, hay tumbao, cosas que serían como de Mozart afrofolclórico (ríe)”.

El proyecto apenas comienza y por ahora está diseñándolo y planificando la producción que “necesita muchos fondos para llevar músicos a Estados Unidos y traer a los de allá para integrarlos en el estudio, pero eso nunca en mi vida me ha parado. Las ideas son concebidas, y tienes que darle agua y luz”.

Arturo O'Farrill sabe que ahora mismo las posibilidades de encontrar apoyo del gobierno norteamericano para un canal cultural con Cuba son ínfimas.  

“Hay gente en Estados Unidos que para llevar músicos internacionales a actuar allá pasan tremendo rollo. El racismo y la xenofobia de este presidente es terrible y hasta hay conciertos de extranjeros que se han tenido que cancelar, está pasando todo el tiempo”, expresó.

También tiene su opinión sobre las campañas surgidas en algunos sectores de la migración cubana en Estados Unidos, quienes piden censura y retirada de permisos de residencia contra artistas cubanos que indistintamente viven o se presentan en Miami y en la isla. 

“Esa gente se siente mal porque abandonaron su país, y tiene que justificarse eso, y en este momento no está fácil por el momento tan feo de los Estados Unidos. Imagínate que en Cuba abandones a tu gente, por lo que sea, o te los lleves a un país que está tan feo en este momento: tienes que tener algo de que agarrarte”, indicó.

Arturo O'Farrill está contra todas las fronteras físicas, de ideologías o musicales. 

“Soy latino, primeramente. Me voy a Puerto Rico y me encanta, Santiago de Cuba me encanta, Lima, Guayaquil… no veo banderas. Pienso en la música y la cultura como una mesa a la que invitas a todo el mundo a cenar y todos traen algo. Aunque algo no me guste lo respeto, ese también es el espíritu del jazz. La música pertenece al mundo, viene del mundo y va a regresar a él. Lo que tú pones ahí es tu regalo”, manifestó. 

“En el momento de la música no hay palabras, no hay ideología, gobierno o corporación, en esos momentos no hay América, ni Cuba, ni África, en esos momentos sólo hay humanos”, concluyó.


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