Un automóvil yace volcado tras el paso de un tornado por una calle de La Habana, Cuba, el lunes 28 de enero de 2019. (semisquare-x3)
Un automóvil yace volcado tras el paso de un tornado por una calle de La Habana, Cuba, el lunes 28 de enero de 2019. (Benjamín Morales Meléndez / Especial ELNUEVODIA.COM)

La Habana, Cuba - Patricia Moreno no puede creer que haya perdido todas sus pertenencias en menos de 20 minutos y de una manera tan violenta. Sus recuerdos del destructivo tornado que impactó La Habana el pasado domingo, 26 de enero, permanecerán vivos en su memoria hasta que vaya a la tumba.

“Yo todavía no puedo creer lo que pasó, nunca olvidaré esto. Estaba sentada viendo la novela cuando vi colores en el cielo y sonó como un avión. Entonces se desató la destrucción, hasta mis santos se rompieron. No me quedó nada, lo que el viento no rompió, el agua lo dañó, nos toca comenzar de nuevo”, relató la mujer de 64 años a El Nuevo Día en el barrio de Luyanó, localizado en el municipio capitalino de 10 de Octubre, una de las zonas que sufrió el golpe directo del tornado, con vientos que rondaron las 200 mph.

La experiencia vivida por Patricia Moreno no es aislada. Es la misma que sufrieron decenas de miles de residentes de los municipios capitalinos de Boyeros, Cerro, 10 de octubre, Guanabocoa, Regla y Habana del Este. Como es usual en estos fenómenos, en medio de una fuerte tempestad, se desató un infierno que nadie vio venir y que tomó a todos por sorpresa.

“Nosotros no sabíamos qué pasaba. Sabíamos que iba a venir un frente frío, esperamos lluvia y algunos vientos, pero jamás esto. Nos cogió por sorpresa. Mi hijo de siete meses y mi esposa estaban en el cuarto, logramos sacarlos corriendo porque el techo comenzó a caerse o a volar. Las tejas destruyeron la cuna de mi hijo, si lo hubiera dejado allí, donde estaba durmiendo, hoy mi hijo estaría muerto”, relató aún impresionado Yoendri Pereda, de 23 años, mientras mostraba su casa hecha pedazos y la cual cubrió con pedazos de tejas que rescató de la calle para poder dormir allí.

El tornado comenzó a las 8:26 p.m. y acabó a las 8:42 p.m. Recorrió 7.1 millas en 16 minutos, pero la estela que destrucción que dejó en tan poco tiempo marcará por siempre a los residentes de las zonas afectadas, que esperan no toparse jamás con un fenómeno de esa magnitud, el cual alcanzó la denominación F4, la segunda más fuerte.

Los vecinos de Luyanó agradecen que, pese a la destrucción, siguen con vida, que es lo más preciado, y que la mayoría, más allá de pérdidas materiales, no sufrieron heridas o su vida estuvo en riesgo. No todos pueden decir lo mismo.

El ministro de Salud Pública, José Angel Portal Miranda, indicó que hubo 195 lesionados, de los cuales, a una semana del incidente, 26 se mantienen ingresados, 13 de ellos están en estado grave.

Cuatro personas murieron directamente por el poder del tornado. María Esther Linares Deroncelé, de 56 años, sufrió un trauma torácico por un objeto que le impactó rompiéndole las costillas y provocándole una anemia aguda, mientras que Juan Francisco Cuesta Kessel, de 79 años, murió por la caída del techo de su casa. Ronner Hernández Caso, 42 años, y Lázaro Javier Ruiz Varela, 23 años de edad, fallecieron por el vuelco del autobús en el que viajaban.

Los daños, además de físicos o materiales, han afectado emocionalmente a cientos de personas, por lo que las autoridades han incorporado equipos de profesionales, conformados psicólogos y psiquiatras, para reforzar los centros comunitarios de salud mental.

El gobierno cubano no ha estimado las pérdidas causadas por el tornado, pero se presumen multimillonarias, pues causaron el colapso de los servicios de energía, agua y telefonía.

Las autoridades desataron un inmenso operativo para restaurar esos servicios en las zonas dañadas y anunciaron que sobre el 95 por ciento del medio millón de clientes que quedaron sin servicio de energía ya lo tienen de vuelta.

Los preciados tanques de agua que adornan casi todos los techos de La Habana han comenzado a ser repartidos entre los hogares afectados, pues muchos de ellos fueron volcados o destruidos por la fuerza demoledora del tornado.

El gobierno cubano ha comenzado a recibir acercamientos para donaciones y ayuda desde el extranjero. Venezuela despachó un cargamento de ayuda para los damnificados y el ministro del Comercio Exterior y la Inversión Extranjera, Rodrigo Malmierca, aseguró que ha recibido ofrecimientos de donaciones de diferentes países, empresas y organizaciones no gubernamentales, sobre todo de implementos de salud y materiales de la construcción.

El impacto de la emergencia ha provocado un movimiento espontáneo de la población para ayudar a sus compatriotas afectados por el fenómeno atmosférico. Contrario a otras veces, en que las ayudas han sido controladas estrictamente por las estructuras estatales, en esta ocasión los ciudadanos han tomado la iniciativa y por cuenta propia han llegado hasta las zonas afectadas para entregar alimentos, ropa, medicinas, artículos de aseo personal, entre otros.

Ese es un escenario nuevo para Cuba, que ve cómo, por ejemplo, negocios privados, como los restaurantes, han comenzado a despachar alimentos por iniciativa propia a las familias afectadas.

“Estamos dando ayuda a nuestros hermanos, más allá de lo que el Estado puede hacer, queremos dar la mano y apoyarlos en este momento. Es poco lo que brindamos, pero tratamos de entregar toda la ayuda posible para que puedan pasar este trago amargo”, expresó Amanda Cervantes, una joven trabajadora por cuenta propia de 24 años que, de manera voluntaria, entregaba alimentos a los pobladores de Luyanó junto a un grupo de amigos.

Otros proyectos privados, como la Fábrica de Arte Cubano, se han convertido en el epicentro de un operativo de recogida y distribuciónde ayuda a los damnificados por parte de personas que quieren evitar la estructura estatal.

Las organizaciones estatales, sin embargo, tampoco se han quedado de brazos cruzados.

La Asociación Hermanos Saíz (AHS), una organización que agrupa a jóvenes pintores, músicos, escritores, teatristas y críticos de arte, recolectó donativos que incluyen ropa, calzado y mantas, y desde el martes pasado acude diariamente a varias zonas para ofrecer una mano en medio del desastre.

El ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, expresó que se crearon ocho brigadas culturales que desde el viernes pasado salieron a ofrecer su arte en las comunidades y lo continuarán haciendo durante todo el fin de semana. Destacó la disposición de los artistas para ayudar desde los primeros momentos en las labores de saneamiento y recogida de escombros, así como en las donaciones.

Los deportistas también se han sumado a todo este movimiento, según el presidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación, Antonio Becali Garrido. Entre ellos mencionó al equipo de béisbol de Las Tunas, campeón de Cuba y que se prepara en La Habana para la Serie del Caribe que inicia el lunes, 4 de febrero, en Panamá.

Las fuerzas de seguridad han ocupado las zonas afectadas para impedir desórdenes o daños a la propiedad. “Desde el paso del tornado hasta hoy se mantiene un clima de tranquilidad en todos los municipios dañados”, afirmó el ministro del Interior, Julio César Gandarilla Bermejo.

Así, la situación vuelve lentamente a la calma a una semana de que un tornado, cosa que Cuba no veía desde 1940, azotara sin clemencia a los barrios del sur de La Habana. Queda mucha destrucción, cientos de viviendas por reparar, toneladas de escombros por recoger e infraestructura que levantar, pero eso no amilana a los habaneros.

“Nos vamos a levantar, yo tengo fe. Somos cubanos y siempre nos levantamos”, afirmó Caridad Pérez, quien perdió el techo de su casa y pasó el susto de la vida con su hija, pero asegura que un tornado no será suficiente para derrotar a esta ciudad que ya cumple 500 años de existencia.


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