La variedad de estilos de cada uno de los integrantes permitió que la propuesta de la banda llegara a un amplio espectro de públicos.

La Habana, Cuba - Con una misteriosa fuerza y a pesar de la nula promoción oficial, las canciones de esta banda de base rockera se hicieron famosas en la “Mayor de las Antillas” a finales de los años 90, cuando la salsa dominaba la radio y la televisión.

Un coctel explosivo de sonoridades distintas y letras ingeniosas, cuestionadoras de la sociedad y la política de aquellos años de crisis económica, hicieron de Habana Abierta un grupo de culto en la escena underground de la isla y su diáspora.

Tanto, que aunque ahora en Cuba prima el reguetón, continúan con un público fiel y de miles, como se vio en los conciertos de reunificación que dieron en julio, el primero de ellos en el Festival de Cine de Gibara celebrado en la oriental provincia de Holguín y donde el boricua Benicio del Toro estuvo en primera fila.

“Lo vimos guaracheando y gozando de lo lindo con nuestra música”, dicen a El Nuevo Día casi al unísono sus integrantes, al tiempo que expresan deseos de incluir a Puerto Rico en la gira latinoamericana que planean para la segunda mitad de este año einicios del próximo.

Con el fin del siglo XX los jóvenes que integrarían el núcleo principal de la Habana Abierta emigraron a España y allá unieron las estéticas individuales de varios cantautores, convirtiéndose en una súper banda en la cual hacían plantilla algunos de los mejores compositores y músicos de su generación. La mezcla de rock and roll, son, funk, líricas canciones de trova y punzantes críticas sociales, cuajó en un sonido novedoso y ecléctico desde su primer disco en 1998.

Después vendrían los fonogramas 24 Horas; Boomerang (2006), con colaboraciones de instrumentistas de la talla de Bebo Valdés y Alain Pérez; y 1, 2, 3,4 (2011) que acá se pasaron en copias piratas de mano a mano sus numerosos fanáticos, en un fervor heredado a lo largo de tres generaciones y avivado por esporádicos conciertos en la capital cubana (2003 y 2012), donde sin saberlo los artistas eran ídolos.

En la alineación se mantienen Luis Barbería, Kelvis Ochoa, José Luis Medina, Vanito Brown y Alejandro Gutiérrez. Decidieron romper una pausa de más de un lustro en el que trabajaron en sus respectivos proyectos, para regresar en grande con una gira por una Latinoamérica que siempre los escuchó de lejos, porque además de las incursiones cubanas sus conciertos fueron en Miami y Europa.

“No paran de llamarnos a que toquemos aquí, también en países de América, de España incluso donde hemos estado ya, entonces decidimos complacer peticiones y comenzamos esta gira. Ha sido a pulmón y con nuestro propio dinero, además de la ayuda de amigos como el Festival de Gibara”, dice Vanito Brown sobre el retorno.

A todos se les ve muy complacidos con la reunificación y por la prueba reciente de ser profetas en su tierra, donde llenaron otros espacios como los habaneros Centro Cultural El Sauce y el Melen Club. Las multitudes corearon sus temas emblemáticos, entre ellos “Divino guión” y “Hace calor en La Habana”.

José Luis Medina explica que no son “un grupo al uso clásico”, porque sus integrantes viven entre Estados Unidos, España y la “Mayor de las Antillas”.

“Siempre juntamos el proyecto cuando hay una buena propuesta por medio, una gran oportunidad de reencontrarte con tu público como ahora, la gente que te ha dado vida y no ha dejado morir nuestra música nunca”, afirma Medina.

Alejandro Gutiérrez cree que “actuar en Cuba es diferente por la energía de la gente, nos dimos cuenta de que hay chamas de 15 años que cantan nuestras canciones, y sus padres y algunos abuelos ya. Son temas que tienen 20 años y todavía tienen vigencia. Eso es lo más grande para un artista en este oficio bien duro”.

Luis Barbería, principal artífice desde Cuba del regreso, bromea con que “tenemos la fea costumbre de hacer canciones y dárselas a la gente, el público cubano necesitaba saber queestamos en activo”.

“Tengo aquí mi cuartel general, pero me muevo, cada vez que Habana Abierta llama estoy feliz. Regresé de España porque me cansé de ser extranjero, y además este es el público que entiende todos los códigos de nuestras canciones”, afirma Barbería.

La variedad de estilos de cada uno posibilitó que la propuesta de la banda llegara a un amplio espectro de públicos, ya que los discos incluían lo mismo delicadas canciones de amor, letras francas y duras como en el rap y el punk, o ritmos tradicionales cubanos con arreglos muy contemporáneos.

Vanito Brown explica que sus influencias más fuertes les vienen del rock argentino, el bossa nova brasileño, y de la tradición de la canción latinoamericana en general: Chico Buarque, Fito Páez, la chilena Violeta Parra… Por eso él siempre quiso cruzar el atlántico desde España hasta sus audiencias naturales, pero siempre se postergaron los planes.

Están cumpliendo el sueño y además de la “Mayor de las Antillas”, ya debutaron en directo en Colombia con exitosos conciertos en Bogotá y Medellín. También tienen pedidos desde otros países como Argentina, Chile y Estados Unidos, y en estos momentos diseñan en Cuba las próximas paradas del periplo, en el cual quisieran incluir al público boricua, “tan parecido” al de su tierra natal.

Alejandro Gutiérrez promete que en el próximo disco y los sencillos que estrenarán en el resto de la gira van “a actualizar la historia, porque ha cambiado mucho Cuba y el mundo. Estamos preparando sorpresas, tenemos nuevas composiciones y espíritu nuevo, vamos a actualizar el sistema”.

Luis Barbería se apresura en aclarar que “lo importante también es que no ha cambiado nuestra esencia, esta es una carrera de fondo y no de velocidad, y sin atajos, los atajos son peligrosos y tenemos un público fiel que respetamos”.

La filosofía ecuménica de Habana Abierta les ha legado muchos seguidores y de varias tendencias políticas, lo mismo en la isla que en su diáspora. También la apuesta por mantenerse con energía y dando música de calidad.

Vanito Brown, residente en Miami, prefiere no pensar en las tensiones políticas que crecen a ambos lados del estrecho de la Florida: “el conflicto Cuba-Miami es estúpido y no le voy a dar ninguna credibilidad. Es un viaje de 45 minutos de nada y yo no creo en ese falso abismo que hay. Los cubanos somos de aquí dondequiera que estemos, las cosas están como están porque hay cuatro listos que las quieren así, están viviendo del problema y el que vive del problema no va a resolverlo”.

La misteriosa fuerza que mantiene a la banda dando pelea, por encima de fronteras ideológicas y rítmicas, es revelada por Brown: “el efecto que tiene nuestra música es que fue hecha en libertad, y la gente percibe la libertad que hay en nosotros, creo que eso ha sido lo bueno y contagioso de Habana Abierta”.


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