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Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, dijo que la desigualdad es ineficiente, es un obstáculo al crecimiento, el desarrollo y la sostenibilidad. (EFE / Mario Ruiz) (semisquare-x3)
Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal, dijo que la desigualdad es ineficiente, es un obstáculo al crecimiento, el desarrollo y la sostenibilidad. (EFE / Mario Ruiz)

La Habana, Cuba - Las cinco mayores empresas del mundo son de tecnología, un dato que muestra cuán determinante es el desarrollo tecnológico en la lucha contra la desigualdad y que obliga a los gobiernos a trazar estrategias que incerten sus sociedades en la llamada “cuarta revolución industrial”, sostiene al Comisión Económica para América Latina (Cepal) en un reporte.

La Cepal, entidad amarrada a la Organización de las Naciones Unidas (ONU), presentó hoy de manera oficial el documento “La ineficiencia de la desigualdad”, un amplio análisis que postula cómo la inequidad ha convertido a América Latina en la zona más desigual del mundo, a pesar de que no es la más pobre. 

“Las grandes plataformas tecnológicas son hoy las mayores empresas mundiales, desplazando a compañías tradicionales de energía, manufactura y finanzas”, sostiene el documento.

En el 2006, según los datos recopilados por la Cepal, sólo Microsoft figuraba en la lista de las primeras 20 mayores empresas del mundo, al ocupar el tercer puesto. En el 2017, ocho empresas de tecnología están en la lista de las primeras dos decenas, y cinco de ellas ocupan los primeros cinco espacios en el ránking. Apple va a la cabeza, seguida de Alphabet (antes Google), Microsoft, Amazon y Facebook. Todas ellas son empresas estadounidenses. 

“Hay que integrar las tecnologías exponenciales, mejorar nuestras capacidades institucionales y de innovación para apropiarlas”, dijo José Ramón López Portillo, co-fundador del Centro de Estudios Mexicanos de la Universidad de Oxford, en un panel que analizó el tema hoy en el marco de la reunión bienal del organismo que se celebra en La Habana.

El reporte de la Cepal apunta contundentemente a la tecnología como una fuerza que crea dos escenarios opuestos: uno de desarrollo generador de riqueza y otro de baja en la productividad. 

Estima, igualmente, que la tecnología ha comenzado a sustituir la fuerza laboral, mediante el uso de robótica e inteligencia artificial, una realidad cuyo impacto es incierto, pero que ha comenzado a verse en mercados como Brasil y México, donde el costo por hora de un robot soldador es igual al de un ser humano, con las “ventajas” de que trabaja las 24 horas al día y no requiere de beneficios laborales extraordinarios.

“El efecto de las nuevas tecnologías en el mercado de trabajo, en términos de desplazamiento de trabajadores, dependerá de la estructura de ocupaciones imperante, que varía entre países. Dependerá también de los costos de introducción de nuevas tecnologías —entre los que se incluyen los costos de adquisición, ajuste, instalación, capacitación, mantenimiento y actualización— y de los requisitos del entorno en cuanto a infraestructura, que podrían redundar en que el paso de una sustitución tecnológicamente posible a una sustitución económicamente viable resultara más complejo en los países de América Latina y el Caribe que en los países desarrollados”, expresa la Cepal, que hizo un llamamiento a no perder de vista los costos energéticos y, por consiguiente, ambientales que trae consigo la era digital.

“La integración entre tecnologías es necesaria también para reducir la huella ambiental de la digitalización y desarrollar fuentes renovables de energía. La demanda de electricidad de las tecnologías digitales, particularmente de los grandes centros de datos, tiene un peso importante y creciente en el total de la demanda energética, y el alcance de sus efectos ambientales dependerá de con qué tipo de fuentes se satisfaga”, afirma el organismo. 

La Cepal instó a optimizar “la infraestructura de banda ancha, fija y móvil, para alcanzar niveles de penetración cercanos a los que presentan los países de ingreso medio y calidades cercanas a los estándares internacionales en términos de velocidad y latencia, así como servicios a precios competitivos. Crear una industria de las tecnologías de la información —hardware, plataformas, aplicaciones o datos— a fin de aumentar la oferta de calidad de proveedores de productos y servicios para la modernización digital de las empresas”.

Propuso incrementar las “capacidades empresariales para la transformación digital de los modelos de negocios, productos y servicios. Esa política industrial debe asegurar la sinergia entre los programas gubernamentales (nacionales, subnacionales y locales), promover las alianzas público-privadas y garantizar la transparencia y los mecanismos de evaluación y rendición de cuentas en los ámbitos de la inversión, la innovación y la regulación”. 

Los desafíos, claro está, no faltan. La Cepal señaló que los países de América Latina deben tener en cuenta la creación de una estrategia de desarrollo tecnológico, con una agenda digital en términos de política, esquemas de producción, formación de recursos humanos, y desarrollos de pequeñas y medianas empresas con modelos de emprendimiento.  

Señaló que se debe “transitar hacia modelos de regulación que generen incentivos para cubrir las nuevas necesidades de inversión en redes y consideren las características de la Internet de la producción en términos de nuevos modelos de despliegue, interoperabilidad, seguridad, protección de datos y privacidad”.

Instó a  “desarrollar un mercado digital regional que permita aprovechar economías de escala y de red, mediante la armonización del espectro y de las regulaciones nacionales”.

El documento dado a conocer hoy responsabiliza a la globalización por el incremento en la desigualdad en la región, una realidad que ha desembocado en aumentos en la violencia callejera y restrasos en la actualización tecnológica que afectan el desempeño económico de muchos países.

“La desigualdad es ineficiente, es un obstáculo al crecimiento, el desarrollo y la sostenibilidad”, dijo hoy la Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la Cepal. 

“La desigualdad genera una cultura del privilegio que restringe el acceso y las oportunidades y distorsiona las políticas públicas”, agregó. 

El ministro de Comerco Exterior de Cuba, Rodrigo Malmierca, afirmó que “podemos asegurar a la Cepal  que vamos a respaldar la visión de ubicar la igualdad en el centro de desarrollo… es un tema básico, fundamental y podremos trabajar de manera más eficiente, compartiendo estrategias y trabajando de conjunto… Este documento le da continuidad a lo que la Cepal ha venido haciendo los últimos 10 años, que es poner la igualdad en el centro del análisis”.


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